Nombres propios

Me llamo Pavo, a mucha honra

Pavo

Llamarse Eva Pavo no es difícil (serlo tiene su aquel, aún me cuesta). Lo malo es que siempre te recuerdan. Da igual que entraras sigilosa hacia el último banco o guardaras silencio en la sobremesa. Hasta los que no te conocen te recuerdan. Se parece a que no te olviden, resulta algo molesto, y a veces, qué extraño, lisonjero. Raro es que no sea posible huir de labios de otros que te nombran, compañeros del colegio, la calle, la montaña, compañeras de truque o de recogida de frutos azules al alba.

Evapavo, todo junto. «Mi nombre artístico», digo cuando oigo mis cuatro sílabas sonoras. En verdad tengo también un María y un López, que omito. No aportan, y alargan una brevedad nominal liviana, que no se trata de seguir deletreando más sílabas añadiendo menos sentido. Podría querer relegarlo, mi apellido, como hacen las americanas, a un práctico apellido de marido. Pero en él me he instalado cómodamente, lecho de plumaje y de mullidas palomas. Nombre de mi abuelo, honrado hasta la muerte, que fue enjuiciado y liberado, por votación popular, por un voto, contaba mi abuela. Me libró, mi apellido, de sobrenombres e infantilismos. Para qué, si ya era todo en él un apodo rápido, un mote único y acabado: Evapavo.

A veces quiero ser otra persona, vestir de largos apellidos o de cortos Garcías. Ay, ese anonimato de los Gómez y los Fuentes, yo quisiera los días de niebla ser uno más de esa nomenclatura. Bien sabéis que uno no puede huir de su linaje, ni a fuerza de usarlo dejar que vele nuestra presencia única y sagrada en este sitio, libre de sombras y luces que no son nuestras. Con la marca heredada grabada en el lomo, somos de tal o cual ganadería, hasta donde podamos contar cien bisabuelos.

A veces tengo días que paso a la sombra como pavo altanero, pavo real, pisando nácar en baldosas relimpias. Otros días sobrevivo, común y pellejudo pavo, cabizbajo, removiendo las semillas, esparciendo negras plumas por toda la colina. A los dos le hicieron emoji (¿puedo ser la única persona con dos emojis para su apellido?). Turkey y peacock.

Así que los días verbeneros utilizo el pavo azul emoji pavo real que abre la cola de colores, y los días más torcidos, lenguaraces y gallitos utilizo el pavo negro, papada roja, antesala de sonrisa del receptor del mensaje.

¿Os acordáis del emisor, mensaje y receptor? Qué antiguo se desvela ahora, pero qué simplicidad tenía, qué claridad, qué maravilla pedagógica. Ahora son usuarios, canales y targets infinitos. Nada de caligrafía Rubio: Illustrator y agorafobia.

Cuatro Evas y un Pavo

En clase éramos cuatro Evas, quería decir tres porque yo era Evapavo, todo junto, como a mí me gusta ser escrita en las misivas, y en las firmas digitales. Así que mi nombre me distinguió pronto, y forjó carácter, que una forma parte de un sonido que nunca se olvida. Quería mi madre llamarme Paloma. Desistió pronto, salió por lo yeyé, como era ella en aquel entonces, gafas de gata, collares largos y minifalda. Me creía única en mi especie, vaca sagrada, y me busqué, concentrada, en las páginas amarillas, donde resulta que éramos numerosa bandada.

Un día Pérez Prendes, profesor mío y catedrático de Historia del Derecho en la Complutense, me llamó a su mesa: «Pavo viene de Pabó, ¿lo sabías? Catalán. Perdió la tilde y la b». No sabía. Me pareció correcto, se lo agradecí, me encogí de hombros.

Pero a mí me gusta mi nombre. A quién no le gusta un nombre de fonética suave, sin estridentes y ruidosas erres, sin legados de otros idiomas, sin tildes que estorban, un nombre simple, silencioso, deslizado: Evapavo.

Parece mentira que siete letras digan tanto, que diría Gloria Fuertes. Releo lo escrito. Hablar de uno da pudor, pero nada da más olvido y muerte que anidar en el pecho todo lo que se calla, lo que se oculta por recato y recogimiento de uno mismo. Tenemos la íntima necesidad de expresarnos desde lo más íntimo.

Aunque como decía el otro: nadie se acordará de nosotros cuando estemos muertos. Si acaso, seguirá erguido, impávido, eterno, nuestro apellido.

› Eva Pavo, ‘Evapavo’ para los amigos, es directora de Comunicación y Marketing de Correos.

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