Aunque no lo parezca, soy un tipo solitario. Me encanta la juerga y socializar, pero realmente prefiero la soledad. Me lo paso muy bien conmigo mismo, no me aburro nunca y encima hago lo que me da la gana; me siento mucho más libre. Soy un afortunado.

Estoy en Pamplona en la casa donde nací y en la que vivimos durante años toda la familia; nueve personas. Ahora la casa está vacía. Bueno, está llena de basura porque todos los hermanos hemos ido dejando aquí nuestras cosas, nuestros trastos, y el piso se ha convertido en una especie de taller-vertedero con muchas cosas que redescubrir, muchas cosas para recordar, para ordenar, para limpiar, para tirar. La casa tiene un par de terrazas impresionantes desde las que se ve Pamplona mucho más sola que yo.

Estoy escribiendo esto del tirón. Bueno, realmente no estoy escribiendo; estoy usando una aplicación de transcripción de voz, flipando con lo bien que me entiende. Estos días estoy estudiando muchas aplicaciones interesantes.

Es de ciencia-ficción cómo hace nada estaba hablando con distinta gente de bonitos planes, de proyectos apetecibles, había quedado para cenar con éstos en Ronda o para ir a Barcelona con aquellos, volver a Madrid a pintar en Kràpula o ir a Arlés a ver a Talavante. Parece imposible que en tan poco tiempo haya cambiado tantísimo el panorama. Es como si todo lo vivido hace dos semanas hubiera sido un sueño y la actualidad de hoy es el despertar a la realidad, que encima parece que siempre fue así; como si lleváramos toda la vida luchando contra un monstruo invisible.

No tengo miedo, incluso al revés, estas situaciones adversas, raras y dificultosas me provocan cierto morbo. Si no fuera por la tragedia de los enfermos y de los muertos, por la gente que está trabajando dejándose la piel… Las situaciones que hacen que las cosas cambien, que las rutinas se vengan abajo, que el futuro sea incierto, me atraen.

Estos días se me están pasando volando. Cautivo en casa, me levanto más temprano que nunca y me acuesto a la misma hora de siempre. Trato de recuperar parte del trabajo que hago habitualmente, pero que ahora está hibernando, porque han caído clientes, han caído proyectos… pero no han caído las ideas.

Estoy muy acostumbrado a trabajar a distancia. Incluso cuando curraba en Kukuxumusu dirigía un equipo de 30 personas desde Nueva York. Fuimos una marca pionera en la deslocalización de la empresa y en el teletrabajo. ¡Hasta Skype nos eligió como ejemplo!

Estos días estoy haciendo bastantes movidas. Me han pedido muchas colaboraciones para llevar algo de color a la gente: escritos, pinturas, animaciones, dibujos, fotos… la verdad es que estoy entretenido y encantado de echar una mano y de salpicar un poco de optimismo. También estoy haciendo majaderías que cuelgo en redes: desde un cuento de Mascarillita Roja y El Lobonavirus Feroz hasta unas animaciones para mantener vivos nuestros restaurantes del Grupo Zoko.

Tengo un tablón gigante en la terraza y cada día de confinamiento pinto sobre él un poco y lo voy domando. Quiero vendérselo a DC. Pintar se parece a cocinar. Y observar se parece a comer. Yo experimento con latas, conservas, salsas, especias, pan y microondas. Un día Tapas debería publicar un reportaje de mis hits marranos. Los han probado no pocos estrellas Michelin. También estoy con temas de alimentación con mi socio Iñaki Andradas, reestructurando nuestra marca Sanferfood. Pronto noticias: salchichas, embutidos y yogures.

Estos días estoy haciendo una colección de camisetas de cruda actualidad de la mano de MonkeysTribe, que verán la luz en breve.  También me he dado cuenta, más que nunca, que soy un politoxicómano social. Sólo me apetece beber mezcal o sake, qué curioso. Bueno, y si alguien me hiciera unas buenas micheladas o unos buenos bloodymarys tampoco les haría ascos. Pero no puedo meterme una cerveza, un vino o un gintonic. Ni un porro ni una raya. Ni un polvo. Eso sí, ha habido –y habrá– sexo y pedo vía Facetime. La marcianada me encanta y casa muy bien con el momento surrealista que estamos viviendo.

En estos tiempos de encierro, te das cuenta de lo poco que necesitas para ser feliz (no te hacen falta ni las drogas). Yo ya lo era, y dejando a un lado la desgracia global, lo soy más. Voy a leer y corregir este texto transcrito de corrido. Tengo tiempo.

Mikel Urmeneta es dibujante, agitador cultural y empresario pamplonica. Fue uno de los fundadores de la marca Kukuxumusu y hoy en día anda metido en mil y un fregados, algunos de ellos gastronómicos, como los restaurantes del Grupo Zoko o la tienda y marca de alimentos Sanferfood.

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