El humano occidental es imperfecto y, como tal, incurre a veces en errores. Tradicionalmente hemos prestado una atención insuficiente a los discos en directo. Incluso los melómanos más acreditados los han considerado obras de compromiso y, sin embargo, muchos de esos álbumes han marcado a generaciones o a tribus enteras. Estos días de confinamiento, con nuestros bares favoritos temporalmente cerrados, parecen propicios para recuperar grabaciones como las que aquí se proponen; son el remedio más directo para el hambre de concierto.

¿Ganas de conciertos? Aquí van diez para disfrutar leyendo

Johnny Cash: At Folsom Prison (1968)

Este disco fue grabado en la cárcel californiana de Folsom. Marshall Grant, el bajista de Cash, metió una pistola en prisión. Solían hacer bromas con el arma en su espectáculo, y no se le ocurrió que quizá no fuese apropiado en aquel recinto. Asombrosamente, nadie los registró a la entrada, y por eso tampoco les requisaron las dos buenas pelotas de hachís que llevaba encima su fotógrafo oficial. La pistola fue entregada antes del concierto; de la droga nunca llegaron a separarse. Cash arrancó con Folsom Prison Blues y, desde ese mismo punto, tuvo a la audiencia comiendo de su mano. En la cárcel, Johnny ejercía la autoridad de un recluso veterano. Suspendido desde lo alto, un micrófono capturaba el sonido. Los músicos no tenían monitores de escenario y hacían lo que podían por seguir al patrón. Alrededor de un millar de presos aplaudían a Johnny, que se sentía cómodo entre ellos.

Para su disco en prisión (el primero del que tengamos constancia histórica), Cash renunció a sus éxitos comerciales y preparó un repertorio patibulario: sonarían historias de crímenes, cárceles y contexto pendenciero. El clímax llegó con la interpretación del tema Greystone Chapel, obra del recluso Glen Sherley, allí presente. Con el tiempo, Johnny Cash sacó al autor de prisión, se lo llevó de gira y apadrinó su boda, pero nada consiguió encauzarlo. En 1978 se voló la tapa de los sesos y Cash pagó su funeral.

Maridaje recomendado: Cerdo deshilachado de Arkansas. Si no podemos usar la barbacoa, nos sirve el horno o una olla a baja temperatura. Se recomienda carne de paleta y salsa picante.

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The Who: Live at Leeds (1970)

El 15 de febrero de 1970, el cuarteto inglés ofreció en la Universidad de Hull un gran concierto. Pete Townshend, el líder, no había tomado ni una copa aquella noche: su objetivo era grabar un disco en directo, así que querían estar concentrados. La sensación al terminar era de euforia. Sin embargo, al escuchar las cintas, descubrieron que el bajo no se había registrado. Ante semejante drama, tuvieron que recurrir a la grabación del recital anterior, en la Universidad de Leeds, al que habían concurrido con mentalidad de ensayo. La encontraron trufada de molestos clics, se cagaron en todo lo que coleaba y, finalmente, decidieron publicar lo que pudieron salvar: seis canciones (tres de ellas, versiones). Se les quedó un sabor amargo. Pero esos 38 minutos de rock asalvajado conforman uno de los discos esenciales del rock en vivo, que esta primavera de 2020 cumple medio siglo.

Maridaje recomendado: Fritura de bacalao con patatas chips. También vale merluza y, si no tuviésemos otra cosa, palitos congelados. 

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Kiss: Alive! (1975)

El sello Casablanca firmó al cuarteto neoyorquino Kiss, unos tipos desconocidos que se pintaban y tocaban disfrazados, con pirotecnia y escupiendo sangre de mentira. Pero la cosa no funcionó en la discográfica: la cocaína fluía y el dinero no llegaba; pagaban sueldos con la línea de crédito de un casino en Las Vegas. Así que decidieron explotar el atractivo del grupo en concierto y, con dinero fiado, grabar un disco en directo. Doce mil fans alborotados esperaban a Kiss en Detroit, una de sus mejores plazas. Desde el camerino, un cámara seguía a la banda en su camino al escenario. Como si se tratara de un programa de TV, las imágenes eran proyectadas en una gran pantalla. La expectación estaba al límite y la velada fue un éxito.

El millonario Alive! les salvó la vida a todos y convirtió a Kiss en un fenómeno del marketing (ahí comenzó un imperio que lo mismo vende tebeos que estuches de maquillaje o ataúdes). Sin embargo, este trabajo es en realidad un fake: fue regrabado casi íntegramente en un estudio. Pendientes de los fuegos y las coreografías, los Kiss cometieron tantos errores que de la actuación original quedó la batería y poco más.

Maridaje recomendado: Bretzel con mostaza picante y cerveza irlandesa, tal como la merendarías en la cadena de restaurantes Rock & Brews, propiedad de Kiss.

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Bob Marley & The Wailers: Live! (1975)

A mediados de los años 70, Bob Marley se había convertido en un apóstol del reggae, ese género musical que por entonces se dedicaba a definir. Pero, por encima de eso, su poso como chamán comenzaba a ser asunto serio. Bob ya no sólo llegaba a las comunidades jamaicanas, caribeñas o africanas, sino también a los blancos modernos; especialmente, en Gran Bretaña. El disco Live! documenta dos jornadas de comunión, apretujones, sudor, devoción y olor a planta quemada en el teatro Lyceum de Londres. La fiesta empieza con Trenchtown Rock y el público recibe a Marley con un fervor que, en realidad, ya no se irá. El griterío de la gente es tremendo al comienzo de la animosa Lively up Yourself y, por supuesto, I Shot the Sheriff es siempre un número ganador. Pero nada es comparable a No Woman, no Cry, la joya y pieza más representativa de este álbum. Recibida con alborozo, el público enseguida se arranca a cantar. Entonces, Bob entona el estribillo inicial y suenan aplausos. Molesta un acople, pero nada puede estropear el momento. Es la más hermosa de las versiones conocidas de esta canción; fue escogida como single y forma parte de cualquier recopilatorio que merezca la pena sobre Marley o la música reggae.

Maridaje recomendado: ‘Jerk chicken’. La salsa ‘jerk’ se hace con ajo, canela, clavo, jengibre, nuez moscada, pimienta y tomillo. Existen otras combinaciones, pero no son legales en España.

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Iggy and The Stooges: Metallic KO (1976)

Admirador de Jim Morrison, Iggy Pop era tan punk que despidió a su bajista por alcohólico mientras él se pinchaba heroína. En esta actuación en Detroit, celebrada en 1974, los Stooges habían sido amenazados de muerte por una banda de moteros. Iggy dedicó el concierto a provocarlos mientras le llovían los proyectiles más insospechados. “No me importa si me tiráis todo el hielo del mundo”, dice él en la grabación; “estáis pagando cinco pavos y yo estoy haciéndome con diez mil, así que jodeos”. El ambiente tenía más peligro que meterte en un saco con un gato, una pistola y Eduardo Inda. Lo último que se oye en el disco es el sonido del vidrio rompiéndose contra el escenario.

Maridaje recomendado: ‘Coney dog’ al estilo Detroit. Se trata de un perrito caliente con chile, mostaza y cebolla cruda picada, como los que los restaurantes Coney Dog sirven en esta ciudad desde hace un siglo.

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Ramones: It’s Alive (1979)

Los Ramones todavía no eran un grupo aceptado en su país, Estados Unidos, así que casi les explota la cabeza al ver el Rainbow londinense a reventar aquella Nochevieja de 1977. El grupo salió a triunfar: Johnny, Dee Dee, Joey y Tommy escupieron una ráfaga de hasta 28 temas en menos de una hora, con una media inferior a los dos minutos por canción. Al terminar el concierto, el público arrancó las butacas de las primeras filas del teatro y las lanzó al escenario en señal punki de satisfacción y agradecimiento. En el camerino, los Ramones fueron recibidos por los Sex Pistols y Elton John, que nunca se presentaba a una invitación sin su bolsita de cocaína. Siguiendo los deseos de los Ramones, se fueron todos en una limusina a comer hamburguesas para recibir el nuevo año. ¡Estaban hartos de especias picantes!

Maridaje recomendado: Hamburguesa ‘Grace’, con carne de cordero y el acompañamiento clásico de lechuga, cebolla y todo eso. Así la sirven en The Baroness, en el ‘ramoniano’ barrio de Queens (Nueva York). Combínese con nachos u otros estimulantes del colesterol.

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The Cramps: Smell of Female (1983)

Para la grabación de su primer disco en directo, The Cramps escogieron el Peppermint Lounge de Nueva York. Este pequeño local había nacido en los 50 como discoteca y bar de ambiente, convirtiéndose en foco importante para el twist (inspiró la letra de Twistin’ the Night Away, de Sam Cooke). Allí paraban Truman Capote, Judy Garland o Greta Garbo. Se dice que fue el primer bar con gogó y su capacidad nunca superó las doscientas personas. Smell of Female se abre con los gritos histéricos de algunas chicas del público. Suena un gong (¡sí!) y el presentador anuncia: “Ladies and gentlemen, live from the Peppermint Lounge, The Cramps!”. Enseguida entran Thee Most Exalted Potentate of Love y la caníbal You got Good Taste (“tienes buen gusto… de ambos tipos”), que el cantante Lux Interior dedica a todas las personas que llevan bolsos de Gucci. El resto del disco es igualmente histriónico y electrizante.

Maridaje recomendado: Un trago kitsch de ‘peppermint frappé’. Sírvase este licor de menta en un vaso alto lleno de hielo picado. Previamente, humedezca el borde del recipiente en el mismo brebaje y úntese en azúcar. Sienta la amable decadencia de esta copa pasada de moda y, si el estómago le pide algo sólido, tire de pizza del congelador.

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U2: Under a Blood Red Sky  (1983)

Deseosos de reventar el mercado estadounidense, los irlandeses U2 se empeñaron en grabar un directo en el anfiteatro del parque natural Red Rocks, en Colorado. ¡Ups!, mala suerte: el parte climatológico auguró tormenta eléctrica y aquello era un espacio abierto y desprotegido. Los grupos teloneros se negaron a tocar. Muchos de sus fans se quedaron en casa. Pero Bono y los suyos habían adelantado un montón de pasta y siguieron adelante. Milagrosamente, el cielo los respetó y el concierto se celebró sin incidencias. El directo Under a Blood Red Sky se abre con Gloria, registrada aquella noche peligrosa. Es poner la aguja en el vinilo y escuchar enseguida el fervor del público, la voz afectada de Bono y los ecos de la guitarra de The Edge. Resumiendo: U2. Sin embargo, poco más pudieron salvar de la tormenta. La grabación había podido realizarse, pero el concierto no había sido suficientemente bueno, así que la mayor parte de este álbum se nutre de un show posterior en Alemania.

Maridaje recomendado: Tocino hervido al estilo irlandés. Sírvase loncheado con repollo y patatas, como cualquier cocido. Se agradece salsa blanca de leche y mantequilla espesada con harina. No escatime en perejil.

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Jerry Lee Lewis: Live at the Star Club, Hamburg (1964)

Su profundo sentimiento religioso y su compromiso con la Iglesia evangelista no permitieron a Jerry Lee Lewis mantenerse alejado de cualquier forma de pecado, pues practicó un amplio catálogo de vicios y podría decirse que redefinió unos cuantos. Aficionado al alcohol y a las pastillas de la risa, Lewis desarrolló el hábito de casarse con una mujer sin haberse divorciado de la anterior. A sus 22 años se desposó por tercera vez; en esta ocasión, con su prima Myra Gale Brown, con quien había iniciado su relación poco antes, cuando ella tenía 12 años. El asunto llegó a la opinión pública y la carrera de Jerry Lee quedó destrozada. Este concierto en Hamburgo fue su regreso de los infiernos. Jerry Lee Lewis abandonó el escenario del Star Club inconsciente de haber registrado uno de los discos en directo más importantes de su tiempo y, también, un punto de inflexión en su carrera. Por cierto, su matrimonio con Myra duraría 13 años; una de sus hijas es hoy la manager del artista, que tiene 84 años.

Maridaje recomendado: Jambalaya de Louisiana; o sea, una paella mar y montaña pasada de especias picantes. Agréguesele salchicha alemana.

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Nirvana: MTV Unplugged in New York  (1994)

A Kurt Cobain no le hacía gracia aquella actuación para la cadena MTV y, en fin, nada pintaba bien. Kurt había dejado la heroína y estaba de mono, vomitando bilis y sangre. También andaba irritado con Dave Grohl, incapaz de tocar su batería con la sutileza necesaria. Los directivos de la tele estaban espantados: Nirvana no interpretaría sus mayores éxitos y tampoco llevaría invitados famosos. Sorprendentemente, todo acabó saliendo bien. De inicio, a nadie se le ocurrió publicar un disco con aquel concierto. Por supuesto, muerto Cobain en abril de 1994, sus ex compañeros accedieron a lanzarlo, a modo de epitafio y/u oportunidad comercial, el día de Todos los Santos.

Maridaje recomendado: Seattle, patria de Nirvana, es célebre por poner nata en sus perritos calientes. En lugar de semejante guarrada, optemos por sashimi de salmón. Sírvase tan frío como Kurt Cobain en la actualidad.

Si quieres seguir disfrutando de una lectura en vivo, puedes continuar con el libro Los mejores discos de rock en directo, de Tito Lesende (Libros Efe Eme, 19 €).

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