Estas que van a leer son las palabras de una persona, de un cocinero que no pretende nada más que compartir algunos pensamientos, ni optimistas ni pesimistas, por encargo.

Sobre lo que va a ocurrir lo desconozco Todo. No busquen respuestas a Nada aquí, pues estoy, estamos, creo, perdidos, sin un rumbo claro y sin que ninguna voz de las mujeres y hombres antes curtidos en mil batallas nos puedan contar cómo saldremos de ésta.

Siempre he creído en la capacidad camaleónica del ser humano para adaptarse a las nuevas eras, reglas… Supervivencia creo que lo llaman, y por ahí vienen algunas de las pocas cosas que creo que tengo bastante claras:

Que sólo la llegada de la vacuna hará que volvamos a una aparente ‘nueva normalidad’. Aquí no valen ni las ganas de currar, ni la perseverancia, ni la valentía, ni nada. Ésas son cosas que después necesitaremos, pero ahora suenan más a cantos épicos que a realidades.

Que la vida ya no será como la habíamos planeado y habrá que dibujar un nuevo futuro. Uno en el que desgraciadamente muchas personas, vivencias, negocios… queden ya sólo como recuerdos, porque esto que nos está pasando se los ha llevado ¡para siempre!

Y por aquello del sobrevivir, nuestra cabeza almacenará antes que tarde todo esto en la parte trasera de nuestra memoria con la intención de no autoflagelarse y se adaptará a toda velocidad a los nuevos tiempos, y volveremos a besarnos, abrazarnos, conversar, disfrutar, comer, beber, enfadarnos por cosas ahora insignificantes, y a ser superficiales, y a opinar sobre todo y sobre los demás, y desde lo irrespetuoso y desde el desconocimiento.

Así somos, tan complejos y tan simples, siempre buscando a quién culpar o a quién pedir que nos ayude. Y claro, esta vez es muy difícil señalar a alguien por mucho que busquemos el desahogo de sentir que la culpa es de otros, cuando seguramente la culpa de lo que nos pasa sea como mínimo un poco de todos.

¡Así somos, éramos y seremos!

Me despido desde estas líneas con todo mi agradecimiento a esa generación que maltratamos y olvidamos no sólo ahora, sino también cuando nos piden lo que antes debíamos haberles ofrecido, cosas que ya de por sí les corresponden por derecho.

P.D.: ¡Un beso desde la distancia a nuestros mayores!

Eneko Atxa es chef del restaurante Azurmendi (tres estrellas Michelin) y Eneko (1 estrella) en Larrabetzu (Bizkaia), además de otros establecimientos Eneko en Bilbao, Londres, Tokio y Lisboa.

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