Estas circunstancias que nos está obligando a vivir la realidad, tan duraderas como inesperadas y, a pesar de todas las recomendaciones que nos están dirigiendo los psicólogos –que tampoco creo que estén acostumbrados a soportarlas–, nos está obligando a reconsiderar muchas de nuestras costumbres más cotidianas; nadie podía pensar que en tan poco tiempo tuviéramos que despertar tanto la improvisación o la inventiva para alejarnos de la incertidumbre, de la inquietud y del pavor que nos acecha de una u otra manera. Engañarnos para no ver la evidencia es tan absurdo como estar sometido a sus escalofriantes noticias. Y nada mejor para dejar estas noticias fuera de juego, para alejarse de esta certidumbre que nos asola, que rodearse de poesía. 

Una de las inteligencias más preclaras de los últimos tiempos, María Zambrano, ya avisaba de que el poeta es el único capaz de destruir los monstruos creados por la razón. Es una afirmación más que oportuna para estos momentos en los que el miedo y el temor van de la mano con la precaución y el desconcierto. Y si la poesía te está invitando al silencio cuando la lees, a la meditación, al diálogo con nosotros mismos, al conocimiento interior, también te está exigiendo atención y compromiso. Pero este silencio que nos está atrapando, pero que al tiempo nos está mostrando tantas cosas de nosotros mismos que desconocíamos o que teníamos olvidadas, tiene muchas caras, escondidas o manifiestas.

Mario Benedetti escribió que «A veces el silencio / convoca algarabías / parodias de coraje / espejismos de duende / tangos a contrapelo / desconsoladas rabias / pregones de la muerte…». Otras veces es simplemente silencio con sus miles de significados. Personalmente esta reclusión forzada me he refugiado en la lectura de poesía porque creo en lo que dijo María Zambrano. Podría haberme acercado a Neruda y recordar sus famosos versos: «Puedo escribir los versos más tristes esta noche. / Escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, / y tiritan, azules, los astros a lo lejos»… Pero no me parece el momento.

Ahora me parece más oportuno releer por enésima vez a Mario Benedetti, siempre es una buena ocasión de recordarle, pero creo que es el turno de su Defensa de la Alegría: «Defender la alegría como una trinchera / defenderla del escándalo y la rutina / de la miseria y los miserables / de las ausencias transitorias y las definitivas // defender la alegría como un principio / defenderla del pasmo y las pesadillas / de los neutrales y los neutrones / de las dulces infamias / y los graves diagnósticos // defender la alegría como una bandera / defenderla del rayo y la melancolía / de los ingenuos y los canallas / de la retórica y los paros cardiacos / de las endemias y las academias //…”.

No he encontrado mejor forma de luchar contra el hastío y la incertidumbre, contra el aburrimiento y la anchura de los días, que leer poesía. Sin duda el mejor antídoto.

Chus Visor es el fundador y propietario de Visor Libros, editorial especializada en poesía que lleva más de medio siglo de andadura.

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