Seguro que en más de una ocasión todos hemos escuchado (o incluso dicho…) aquello de «elegid vosotros el vino, total, yo no tengo ni idea». Sin embargo, si probamos a poner en el centro de la mesa un vino anodino y otro de buena calidad, con total seguridad se acabará primero el segundo. Entonces cobraría sentido otro de los comentarios más afirmados por quienes dicen no ser expertos en el ámbito: «yo no entiendo de vinos, pero sí sé cuál me gusta y cuál no».

Y aunque está claro que para beber y disfrutar de este líquido no es necesario tener un máster universitario, conviene conocer ciertos trucos para no confundirse a la hora de comprarlo. Porque la torpeza, en ocasiones, es real… y aumenta por culpa de referencias que aportan datos que despistan más de la cuenta. Por eso, y sabiendo ya cuáles son los mejores de cada Comunidad Autónoma, te contamos ahora en qué te tienes que fijar para no equivocarte con tu elección.

Peso de la botella

Aunque la forma de la botella no manifiesta demasiado (hay quien opina diferente, como en todo…), su peso y el grosor del vidrio que la protege sí. Una botella pesada, fabricada con vidrio grueso, suele ser por norma general un indicador de calidad. Y tiene su lógica: basta con calcular a grosso modo cuánto dinero ha debido costar dicho embalaje. De hecho, muchas bodegas escogen vidrios consistentes para preservar sus referencias de alta gama. Aléjate de las que sean ligeras.

Etiqueta y contraetiqueta

Son su carta de presentación. Y pueden convencernos a la hora de llevárnoslo o, por el contrario, quitarnos las ganas de comprarlo. En algunas nos cuentan (o esa es su intención…) qué es lo que nos vamos a encontrar al abrir la botella, presuponiendo que entendemos lo que nos quieren decir: cuidado.

Si al ojear la contraetiqueta (donde normalmente figuran los detalles de elaboración, pues el nombre y el lugar del viñedo se indican en la etiqueta frontal) nos encontramos con «paja» descriptiva (vino limpio y brillante, amable, intenso, con mucha fruta…) y no con datos técnicos (fecha de embotellado, tiempo y tipo de barrica, número de botellas producidas…), desconfía: hay demasiadas estrategias de marketing y argumentos recalcados que buscan atraer al consumidor de por medio. Fíjate siempre en la información técnica de lo que tienes entre las manos y no caigas en la trampa de leer lo que quieren que leas.

Tamaño de la botella

A pesar de que una botella normal contiene 75 cl de vino, el mejor tamaño para una crianza prolongada según lo expertos es el magnum (150 cl). ¿Por qué? Porque la relación entre volumen de vino y oxígeno en estas dimensiones es extraordinaria. Y, además, viene como anillo al dedo si eres el anfitrión de una reunión con mucha gente. Los magnum aseguran un mejor estado del vino.

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