Han pasado 30 años desde que se estrenase una de las películas más rentables de Hollywood (y su famosa escena de los caracoles en el restaurante). Pretty Woman, ese cuento de Cenicienta moderna que convirtió a Julia Roberts en ‘la novia de América’. Pese a las tres décadas, la cinta todavía se deja ver. Y cada cierto tiempo, uno piensa que, en fin, también nos enseñó algunas cosas más allá del almíbar y las compras en Rodeo Drive.

Una de ellas es ese recurrente asunto de los modales en la mesa. Héctor Elizondo, en su pequeño papel de conserje del hotel, hizo sus veces de ‘hada madrina’. Enseñó a la joven Vivian cómo comportarse en un restaurante de postín. «La servilleta ha de estar colocada en la rodilla, los codos fuera de la mesa y la espalda erguida», le dijo. Y, en materia de cubiertos, también la alecciona sobre el orden y número de pinchos de cada tenedor… Sin embargo, se le olvidó un detalle: cómo usar las pinzas para los sofisticados escargots que Richard Gere pide para ella.

Pero los famosos caracoles y su cara de ‘cómo se come esto’ es algo con lo que todos nos hemos sentido identificados en algún momento de nuestras vidas. De Pretty Woman, además de lecciones de estilo, también aprendimos que lo correcto no es coger los caracoles con la mano sino con las pinzas, sacar el relleno y la carne del caracol todo junto, y comerlo también todo a la vez. Pero que tienes que ser fino, porque esas escurridizas conchas pueden salir volando. Así que si no has podido ensayar antes, pedir caracoles en los restaurantes tal vez no sea la mejor elección. 

La frase

Cuando Vivian lanza el caracol al aire, dice con su inconfundible sonrisa: «Estos mamones resbalan», pero el camarero la disculpa: «Eso pasa todo el rato».

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