La empresa agrícola truffant (Reus, tarragona) denunció en 2017 el robo de 150 encinas y pidió la colaboración ciudadana para recuperarlas. ¿Qué tenían de especial unos árboles para que la compañía pidiese la ayuda del ciudadano de a pie? Pues que estaban inoculados con esporas de trufas y valorados en más de 1.500 euros. Lo de inocular jóvenes encinas con esporas de trufa negra, uno de los diamantes de la alta gastronomía, es un negocio en alza, apto sólo para personas muy pacientes porque hay que esperar entre ocho y diez años para rentabilizar la inversión. El caso es que los planteles de encinas de 50 centímetros de alto desaparecieron y acabarían, según reconocieron en truffant, en otra explotación.

En noviembre robaron 45 botellas de vino de la que es considerada la mejor bodega de España, la del restaurante atrio (Cáceres)

Para buscar aquello que podría ser un jugoso botín, y no sólo para las papilas gustativas, bastaría con fijarse en dos aspectos: que se pueda transportar fácilmente y el valor de mercado. Evidentemente, a mayor valor, más goloso es para los cacos; y tenemos un ejemplo reciente que lo ilustra: el noviembre pasado robaron 45 botellas de vino de la que es considerada la mejor bodega de España, la del restaurante Atrio, en Cáceres. Los ladrones, un hombre y una mujer, se llevaron el tesoro más preciado del restaurante, un Château d’Yquem de 1806, una botella que ya en sí misma atesoraba todo un historión detrás. Se estima que el valor de esas botellas asciende al millón de euros (sólo la de 1806 se vendía en carta por 150.000 euros).

El robo del restaurante cacereño ha hecho que otros cocineros reconozcan también delitos cometidos en sus locales: por ejemplo, el chef Dabiz Muñoz ha contado que también sufrió un robo similar, habiendo desaparecido de su restaurante hace un par de años entre 30 y 40 botellas, todas Burdeos, de gama alta. El cocinero madrileño no lo había hecho público antes, pero cuando se tira de hemeroteca aparecen diferentes robos gastronómicos cometidos a lo largo de la historia y la primera conclusión que podemos sacar es que el vino es uno de los objetos gourmet que más sustrae. O sea que más allá de robos de jamones en Córdoba o en naves de Segovia de donde se llevaron este año casi 500 (la denominada operación Jamonval), lo cierto es que lo que más se sustrae son los denominados fines wines, vinos caros. Seguramente porque son fáciles de transportar y porque su valor se revaloriza con el paso de los años. Entre los más codiciados están los franceses, que por algo los galos llevan años con esto de la elaboración de buen vino y con potentes campañas de marketing.

Lo que más se sustrae son los denominados ‘fines wines’, vinos caros. Porque son fáciles de transportar y se revalorizan con los años

Lo de los fine wines como objeto codiciado tiene tanta fuerza que en algunos departamentos franceses la policía reconoce que robar vinos caros es un fenómeno en expansión: en diciembre del año pandémico, 2020, se desmanteló una red que había conseguido hacerse con un botín de cinco millones de euros en botellas. Unos meses antes desaparecieron también unos grandes vinos de Burdeos, unos 1.600 cuyo valor en el mercado ascendía a 800.000 euros. La investigación permitió detener a siete personas y recuperar la mitad del botín. La otra estará repartida entre bodegas particulares cuyos dueños estén deseosos quizás de presumir de ellas en grandes banquetes ante sus invitados. Los agentes franceses manifestaron que se habían percatado que las bandas criminales internacionales estaban diversificando sus actividades orientándose hacia el sector del vino como producto de lujo que podía venderse fácilmente en el mercado negro: muchas de esas botellas acababan, de hecho, en China. “Lo que ha dejado en evidencia el robo de Atrio es que existe un mercado clandestino para este tipo de vinos de lujo o fine wines”, explica la periodista gastronómica y sumiller Laura S. Lara. Y tanto que existe: hace unos años también se llevaron bajo el nada sutil método de agujero en la pared unos Borgoñas carísimos del restaurante con estrella Michelin Formel B en Copenhague.

Las bandas internacionales están diversificando su actividad hacia el sector del vino como producto de lujo que puede venderse fácilmente en el mercado negro

Uno de los robos más caros de la historia tuvo lugar a finales de 2014 en el restaurante the French Laundry, en Napa, California, uno de los locales de EE UU con tres estrellas Michelin: podrán imaginar que su menú no está al alcance de todos, como tampoco lo está su bodega; y para muestra, un botón. En su carta proponen, por ejemplo, una media botella de Chateau Lafite-Rothschild de 1986 por 3.500 dólares (media, no se equivoquen). El robo tuvo lugar en Navidad, como en la película Solo en casa… Se llevaron 70 botellas (unos 300.000 euros), entre las cuales se encontraban unas de las más codiciadas (que también fueron sustraídas de Atrio), las creaciones de Domaine de la Romanée-Conti. El caso se resolvió al año, con dos detenidos (fueron los mismos, al parecer, que perpetraron otro robo de 140 botellas en una tienda de San Francisco unos meses antes).

La discreción debe ser una de las máximas a la hora de deshacerse del objeto robado, y si uno lo pasea por internet es como dejar las migas de pan del cuento de ‘Hansel y Gretel’

El Louvre del vino

En la madrileña tienda especializada Lavinia también saben de qué va esta vaina: en 2015 les robaron doce botellas de vino y dos de coñac de un valor estimado
de 100.000 euros, aunque el caso se resolvió porque lo sustraído se puso a la venta en internet a precios muy por debajo del valor de mercado. Y es que la discreción debe ser una de las máximas a la hora de deshacerse del objeto robado, y si uno lo pasea por la Red (¿te imaginas querer vender un Pingüs en Wallapop?) viene a ser como dejar las migas de pan del cuento de Hansel y Gretel...

Pero no vayamos a pensar que los robos de altura se perpetran únicamente en restaurantes lujosos o en tiendas especializadas, porque los coleccionistas particulares también pueden sufrir esta lacra. ¿Les suena el conocido como ‘Louvre del vino’? Se trata de uno de los mayores tesoros vinícolas del mundo y se encuentra en La Chapelle-Bâton, un pequeño pueblo del oeste de Francia. Esta bodega pertenece a Michel-Jack Chas- seuil, que cuenta con verdaderas rarezas en su cava y que afirma no querer descorchar ninguna. Chasseuil ha sufrido varios intentos de robo, el más aparatoso ocurrió en 2014 cuando el propietario estuvo secuestrado durante dos horas, aunque los ladrones no consiguieron acceder a la bodega.

Pero los criminales de olfato fino no sólo buscan carísimas botellas de vino blanco o tinto, sino también de champán (hace unos años robaron 7 Magnum de Dom Pérignom en la tienda Vins i Licors Grau de Palafrugell). Y también les suelen desaparecer destilados como whisky the Macallan o Jack Daniel’s, botellas más económicas y más fáciles de revender posteriormente. En 2017 hubo un robo de 69 botellas de whisky valoradas en 650.000 euros. Dos años después sustrajeron en un bar de Dinamarca la que es considerada la botella de vodka más cara del mundo, valorada en 1,3 millones de dólares. Hablamos del vodka Russo Baltique y dicha botella cotizaba tan alto porque se utilizaron tres kilos de oro y la misma cantidad de plata para fabricarla. Además, estaba adornada con cuero de un coche del rally de Montecarlo de 1912 y con un tapón engarzado con diamantes. Al parecer se encontró la botella unos días después, pero vacía… esperamos que la resaca estuviese a la altura del precio.

Invertir en vinos

Pero, ¿dónde acaban los activos robados? Por supuesto, pueden terminar siendo descorchados, como sucedió en el caso del vodka de la botella de oro y plata del que hablábamos, pero habitualmente este tipo de activos, como pasa con las obras de arte robadas, acaba en manos de coleccionistas privados, amantes del megalujo que se quedan con el objeto para satisfacción personal o para presumir ante sus más cercanos. No olvidemos que en estos temas hay un componente de ego muy importante: lo tengo porque yo lo valgo.

Los ‘fine wines’ son siete veces menos volátiles que otros activos de lujo como los relojes y los coches, según ‘Business Insider’

Los mismos propietarios de Atrio reconocían tras el robo que era muy difícil que las botellas sustraídas volviesen al mercado porque, de hacerlo, sonarían todas las alarmas… Y ojo porque las criptomonedas estarían facilitando las transacciones de los objetos de dudosa procedencia. “Con las criptomonedas más clásicas tienes un anonimato absoluto y completo para la compra-venta de este tipo de activos porque la operación no es trazable. Ese wallet desde el que te van a transferir los bitcoins a cambio de esos productos te lo llevas luego a coinbase y lo conviertes en euros. Es un cauce muy habitual que se está viendo con mucha obra de arte y será muy similar con las botellas de vino de alto importe que no se puedan trazar”, explica Carlos Suárez, Ceo de la art tech Saisho.

Hay que tener en cuenta que los vinos caros se consideran un bien tangible en el que diversificar la cartera de inversión: según publicaba recientemente Business Insider, los fine wines son siete veces menos volátiles que otros activos de lujo como los relojes y los coches: mientras que estos obtuvieron unas revalorizaciones de entre el 4 y el 5%, los vinos caros de Burdeos, por ejemplo, superaron esos rendimientos en los últimos doce meses hasta junio de este año. Y además son vistos como un activo sólido en tiempos de inflación: al parecer, el vino se comporta bien en periodos inflacionarios a largo plazo y actúa como cobertura.

Pues ya lo sabes: bien conservado en bodega, a lo mejor esa botella del año de la polka te puede salvar el pellejo en un momento de apuro económico y, si no, siempre puedes bebértela. En todo caso, ponla a buen recaudo que, como has visto, los cacos acechan. ¡Salud!

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