Hubo un tiempo en el que el quiosco, rebosante de revistas, era el mejor lugar para alimentar el intelecto. Y entre esa abundante oferta, en los estertores del franquismo y los primeros años de la democracia, surgieron multitud de revistas underground que llegaban a decenas de miles de personas como un soplo de aire fresco y, ante todo, irreverente y atrevido.

“Era una época en la que había cientos de revistas de todo tipo, así que ése era el canal principal para dar a conocer todo tipo de temas, ya fuesen culturales, sociales, políticos… Las revistas eran el formato adecuado en el momento adecuado”, explican
Manuel Moreno y Abel Cuevas, autores del libro Todo era posible (Libros Walden).

Ellos han buceado en archivos propios y ajenos para documentar y analizar esa efervescente actividad editorial. Y al viajar por sus páginas llama la atención el enorme número de referencias gastronómicas que aparecen en aquellas publicaciones, empezando por muchos de sus propios títulos (Ajoblanco, Sal Común, Alfalfa, Butifarra, Carajillo) y siguiendo por la presencia de comida o bebida en muchas de sus viñetas o fotografías.

“En estas revistas se recoge una necesidad de ruptura con las jerarquías, con las generaciones anteriores. Una ruptura no académica, como un intento de transformar la vida cotidiana. Y es bastante simbólico el uso de muchos términos o imágenes de la gastronomía española como seña de identidad. Suelen ser además términos de cocina tradicional, básica, de pueblo, de clase baja, de puchero, en un intento por evitar todo olor a elitismo y dar a entender que aquellas revistas eran para todo el mundo”, explican.

Años muy creativos

A pesar de que tanto Manuel como Abel son más jóvenes que la época que abordan en su obra, se enrolaron en este proyecto porque creían que hacía falta un libro como éste. “Teníamos libros que trataban el mismo tema en Estados Unidos, Inglaterra, Francia… Teníamos muchas revistas de estos años en nuestras colecciones y siempre nos habían gustado mucho tanto por contenido como gráficamente. A pesar de que la influencia extranjera es evidente, las circunstancias políticas de la España de ese tiempo hacen que estas revistas sean diferentes de las de otros países. Y creíamos que era interesante recopilarlas en un libro que pusiera énfasis en el apartado gráfico porque son años muy creativos, en los que la falta de medios y técnica se compensa con ingenio, entusiasmo y ganas de cambiar el mundo”.

Entre esos ‘ingredientes’ que hacían la situación de España única, encontramos “las ganas de libertad, de romper con lo anterior, de probar cosas nuevas y prohibidas, en una época de cambio en general en el mundo. Cambios culturales, revoluciones y luchas sociales, una evolución en la música o en el cine sin precedentes…”.

Y el subversivo contenido que surgía de todo aquello en ocasiones se le atragantaba al poder establecido, sobre todo en aquella primera época que aborda el libro. “Hay una evolución. Las revistas de los primeros años, hasta el 78, son más radicales, más reivindicativas, más contraculturales. Ésas sí que se le atragantaron y mucho al sistema, que no sabía cómo digerir aquello. Tanto antes como después de la muerte de Franco, la censura (real o disimulada) secuestró, multó, atacó y cerró varias publicaciones. A partir del 78 se da un relevo generacional y los jóvenes, que ya no son hippiessino punkis, no pretenden cambiar el mundo sino sólo divertirse. De ahí nace la Movida, que en un principio es underground y luego acaba convirtiéndose en algo fácil, inofensivo y que se podía vender a Europa como ejemplo de modernidad. Movida promovida por el Ayuntamiento”.

Contracultura… actual

Han pasado décadas, pero la inmensa mayoría de aquellas reivindicaciones de antaño siguen vigentes, aunque en algunos aspectos se ha mejorado. “El feminismo, el ecologismo, los derechos LGBTIQ+ son reivindicaciones totalmente necesarias a día de hoy. Ahora se habla más de ellas (aunque no sé si mejor). Las únicas que podemos considerar superadas (y no del todo) sería la oposición al servicio militar o una revisión de tratamientos de psiquiatría como el electro-shock o la lobotomía que, pese a que siguen existiendo, no son tan comunes”, aseguran.

¿Y qué pasa actualmente con el underground y la contracultura? ¿Se han extinguido? Pues parece que no, al menos no del todo, aunque obviamente el quiosco, cada día más raquítico, no es el lugar donde encontrarlos. “El underground se cuece desde hace años en otros canales. Siempre habrá fanzines físicos (o eso queremos creer), pero no están en los quioscos. Hay que buscarlos en librerías, tiendas de cómics, de discos, en ferias de autoedición o pedirlos por correo directamente a esa persona que lo ha hecho
en Soria, Berlín o Sebastopol”.

Y también en internet, por supuesto, aunque hay que saber buscar entre tanto ruido. “Hay que escarbar, pero es más fácil encontrar a alguien afín con tus intereses. Una de las partes más importantes de las revistas de la contracultura eran las secciones de cartas para poner en contacto a gente de sitios diversos que se sentían solos e incomprendidos en sus ciudades y eso es mucho más fácil con las redes sociales y los foros. Lo que es difícil ahora quizá sea encontrar un mapa para guiarte por esos temas. Las revistas tenían esa función, la de servir de guía, alguien que te recomendase qué platos comer entre esa carta infinita”.

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

Obra de la artista Ouka Leele publicada en la revista Star en noviembre de 1979

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

La mítica revista Ajoblanco, una de las muchas cabeceras de la época con nombre gastronómico.

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

Una lata de conservas protagonizaba esta cover de Ozono.

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

Era habitual ver comida –en este caso un polo– en las viñetas del cómic El Rrollo enmascarado.

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

Otro buen ejemplo de revista con nombre de sobremesa ochentera: Carajillo.

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

De nuevo una lata, esta vez de la famosa sopa Campbells, en la primera página de AU.

Primer número de Ajoblanco

La portada del primer número de Ajoblanco (octubre, 1974).

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

Otro ejemplar de la revista Ajoblanco.

Libro Tom Wolfe

Una curiosísima edición de Asanca del clásico de Tom Wolfe en el que el título de Ponche de ácido lisérgico es sustituido por el mucho más castizo Gaseosa de ácido eléctrico.

Butifarra!

Más ejemplos de cómo la comida inspiraba los títulos de muchas revistas: Butifarra!

Mala Uva

Portada de la revista Mala Uva.

Todo era posible: las mejores revistas underground españolas

Una tira de Ceesepe titulada El cocktail y publicada en Star.

Revista Alfalfa

El primer número de Alfalfa.

Cómic Javier Mariscal

El emblemático Copacabana como protagonista de las ilustraciones de Javier Mariscal para el cómic Nasti de Plasti.

Las mejores revistas underground españolas, Ozono

Coca-Cola ya había invadido el mundo, incluso la portada de Ozono.

Portada de Sal común

Sal Común nació como periódico underground en 1979 y fue mutando hasta convertirse en revista. En sus 37 números publicados (hasta 1981) se daba una curiosa mezcla entre contenidos puramente contraculturales y otros mucho más mainstreams, como Miguel Bosé o los Bee Gees.

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