Antes de que llegase el covid y, por ende, la pandemia, el barrio de Las Letras ya se había convertido en uno de los más vibrantes de la capital. Y esa transformación se debió, en parte, a la apertura de garitos que lo llenaban de vida. Uno de los contribuyentes a la causa fue Santos y Desamparados, un rincón consagrado al cóctel de la zona de Huertas que debe su nombre precisamente a su ubicación, en la Costanilla de los Desamparados, rodeada de calles con nombres de santos.

El local bien podría pasar por un antro malasañero… pero nos consta que aquí nunca han reventado aforo (y ahora mucho menos, claro). En su interior no escucharás a Rosalía, ni tampoco reggaetón… algo que agradecerán tanto los amantes del rock como sus oídos. Las luces tenues (por no decir directamente que es bastante oscuro y que cuenta con poquísima iluminación), la decoración (cruces, rejas, motivos sacros) y las paredes pintadas de negro tienen un aura de misterio y rollo gótico que recuerda a la cripta de una iglesia. Sin embargo, las apariencias engañan.

Y engañan porque Santos y Desamparados es, probablemente, uno de los garitos con mejor atención y servicio de coctelería de todo Madrid. Aunque en las copas preparan cualquier clásico, su fuerte son los tragos de autor. Y en todos ellos sus sabores son muy expresivos y bastante potentes, además de reconocibles (algo que suena bastante evidente, pero no siempre lo es).

Entre sus pócimas de éxito figura el Dragón Amarillo, elaborado con tequila infusionado con ají amarillo y fruta de la pasión. Picante a la vez que dulce, algo que lo hace demasiado adictivo y que puede llegar a resultar incluso peligroso… porque te bebes uno detrás de otro. ¡Salud!

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