Desde que Perico Chicote contagió la fiebre de los cócteles a los madrileños, a finales de los años 20, la capital no ha dejado de trabajar en busca de la penúltima mezcla perfecta. Lo ha hecho (y lo hace) tanto en garitos de nuevo cuño como en barras de tragos de autor… entre los que también se cuela algún local con espectáculos y música en directo. Y es que los cócteles capitalinos, aún en mitad de una pandemia, nunca han tenido tanta vida.

Entre todos los establecimientos que desafían las leyes de la densidad de líquidos está La Tuerta Funky Castizo (Cabeza, 28), un local canallita y con mucho rollo ubicado en la parte alta de Lavapiés al que se va a beber bien y sin ataduras (también ofrece bocados contundentes para comer con las manos, pero esa ya es otra historia). Arropado por una estética que a priori parece inacabada (tuberías al aire, desconchones, ladrillo, neones rojos y hasta una gran aspa que preside la zona de operaciones...), nació con la intención de imitar «cómo sería una taberna clásica si se abriera por primera vez en el siglo XXI».

Nada más entrar, en la planta a pie de calle (la parte baja del local funciona como comedor), una gran barra da la bienvenida al cliente. Aquí es donde se desarrolla su faceta mixológica, la que nos atañe. Y donde Eme Otero, ganador nacional de la Bacardi Legacy Global Cocktail Competition 2018, se encarga de agitar (y con mucho garbo, por cierto) el cotarro coctelero. En nuestra visita nos preparó el cóctel Chacalom, un trago para esos días en los que necesitas un empujoncito. Entre sus ingredientes sobresale el cordial de pandán, que ellos mismos preparan con la hoja natural, ácidos y un poquito de azúcar. ¡Salud!

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