1862 Dry Bar, cócteles clásicos al ritmo de jazz

Los enormes ventanales del rinconcito regentado desde hace 9 años por Alberto Martínez, mixólogo experimentado y empresario, no desvelan a priori demasiada información de lo que se esconde dentro: es un bar de estilo palaciego con lámparas colgantes, mesas altas, una enorme barra y, escaleras abajo, un sótano. En palabras de su propietario, 1862 Dry Bar «es una coctelería clásica del siglo XXI». Ubicada en Malasaña y con mucha historia.

Toma nombre del año en el que se construyó el antiguo palacete al que pertenece. Y del primer libro de cócteles de la historia (The Bartender’s Guide, de Jerry Thomas), que se publicó también en 1862. Como no podía ser de otra manera, su oferta está centrada en tragos de toda la vida (aquí no se reza a las tan recurrentes bebidas tropicales ni a los peculiares gin-tónics). «Solemos decir que hacemos cócteles like they used to be, cócteles como solían ser».

En nuestra visita al 1862 Dry Bar, Alberto nos preparó al ritmo de la música jazz que siempre suena en su interior un Fetiche Negroni, perfecto para el momento del aperitivo (marida magníficamente con unas gildas). Lleva Campari, vermouth seco, flor de saúco y cordial de lima… y combina genial con esos días en los que se necesita inspiración.

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