Foto: Romero de Luque

A Rubén Ochandiano (Madrid, 1980) le llegó la fama gracias a su papel en aquel culebrón infantil llamado Al salir de clase y desde entonces no ha parado quieto. De hecho, no muchos actores pueden presumir de formar parte de la Academia de Hollywood y de haber trabajado con directores como Pedro Almodóvar o Alejandro González Iñárritu. Actualmente tiene pendiente de estreno la película Hombre muerto no sabe vivir, acaba de terminar de rodar Lobo Feroz y se encuentra inmerso en la filmación de Y todos arderán. Durante nuestra entrevista nos habló sobre todo ello y también sobre su relación con la gastronomía (y con Tamara Falcó).

Desde pequeño quisiste ser actor. ¿Te has arrepentido en alguna ocasión de haber elegido tu profesión?

Esta respuesta suena un poco ampulosa, pero yo no siento que haya elegido esta profesión. Probablemente si pudiera elegir elegiría una cosa más práctica, pero mi felicidad depende de estar en contacto con lo creativo y con lo artístico porque si no me mustio. No es una elección, es que es mi vida. Yo lo comparo con esta cosa de la llamada de Dios (como ser monja o ser cura). Es una vocación muy poderosa.

¿Y a qué crees que te hubieras dedicado si no fueses actor?

Insisto en que no me imagino en otro sector. Hubo un momento en el que me planteé bailar y tomé muchos años clases de danza contemporánea, pero necesito estar en contacto con lo creativo. Hubiera sido un auténtico desgraciado si hubiera tenido que hacer algo que no me gustase… Yo puedo prescindir de muchas cosas, de muchas relaciones y de muchos asuntos, pero de mi vocación no.

La serie Al salir de clase te hizo muy famoso. ¿Aún hay quien te recuerda por ello?

Todavía ocurre, pero cada vez menos. Ahora es de manera muy residual. Yo nunca he vuelto a ser tan popular, digamos que el tipo de producto que hago ahora provoca que se me acerque gente a la que le gusta el cine o el teatro. Y se acercan de una manera mucho más educada, te diría que es bastante agradable y hermoso. No padezco en absoluto ese fenómeno fan, aunque en aquel momento lo fue porque entonces éramos Los Beatles, era una cosa loquísima.

¿Y cómo digeriste ese movimiento fan? En alguna ocasión has dicho que siendo gilipollas…

Es que en aquel momento no había la diversidad de canales que hay ahora. No podías salir a la calle realmente. Quiero decir, salías, pero no podías coger el metro. O podías, pero era en masa. Lo gestioné mal, yo tenía 17 años y hubo un punto en el que de repente era difícil no creer que la popularidad te otorgaba un valor extra. En algunos momentos te sientes como validado por el hecho de que te reconozcan y tienes que aprender a gestionarlo. A mí me coincidió con un momento de mi vida en el que apareció la ansiedad (no creo que tuviera que ver, pero seguramente lo potenció) y me diagnosticaron un trastorno de pánico con el que llevo viviendo media vida. Fumaba muchos porros y lo dejé en ese momento porque aquello me sentaba mal… Quiero decir, ahora mismo lo gestionaría de una manera completamente distinta, pero en aquel momento lo gestioné regular.

¿Cómo gestionas ahora esos ataques de pánico?

He asumido que vivo con ellos y que vuelven por momentos. Con el confinamiento volvieron a aparecer, pero llevo media vida en terapia y tengo una buena caja de herramientas para lidiar con ellos. Es verdad que en aquellos momentos enloquecí, o sea no podía hacer las acciones básicas y fue todo un aprendizaje. Considero que todo el mundo debería ir a terapia, a mí me ha cambiado la vida, soy una persona distinta. He tenido que trabajar mucho para ser feliz y ahora lo considero mi propiedad más preciada. Creo que los que no van a terapia son en general los que más lo necesitan. Y sí, creo que es como ir al gimnasio o hacer deporte, cuidarse en general. En el confinamiento descubrí toda la resiliencia y la fortaleza que he desarrollado, porque en ningún momento enloquecí, pero fue duro y volvió a aparecer la ansiedad. No he tenido más abdominales en mi vida porque estaba como un soldado, con una disciplina espartana para mantener así la cabeza en su sitio.

Poco tiene que ver el Rubén de aquella época con el de ahora.

Nada. Lo pienso y flipo, la verdad. Yo he tenido mucho conflicto con la persona que soy, con mi sexualidad, con mi fragilidad, con ser un tipo delicado, con mi vulnerabilidad. Y entonces me pasé mucho tiempo en guerra con el mundo, conmigo mismo en realidad. Ahora no es así y es mucho más agradable.

Desde 2018 eres miembro de la Academia de Hollywood. ¿Qué se siente?

Joder, me hizo una ilusión… Es que además no es algo para lo que tú te postules, yo no solicité nunca serlo y me enteré por un tuit de El País. La academia invita cada año a un número de miembros de la profesión de distintos países en función a su currículum. Y aunque yo en ese momento no estaba en mi época más boyante, ya había hecho Almodóvar, Iñárritu, Infiltrator y alguna película allí. Entonces me invitaron y me hizo muchísima ilusión. También me pasa con los premios en España, que me lo tomo con mucho rigor antes de votar e intento verlo todo. Considero que es un premio que generalmente te cambia la carrera y creo que hay que tomárselo muy en serio. Me sentí muy orgulloso. Además, antes (antes del covid) se hacía una fiesta al año y yo fui a las de 2018 y 2019. Estar allí con esas personas es muy sexy y estimulante y me parece un regalo, la verdad.

Tiene que imponer. ¿La ansiedad no te jugó entonces ninguna mala pasada? 

Durante muchos años escondí el trastorno de ansiedad y luchaba contra ello para ir allí a demostrarme que era capaz. Y al final resultaba muy raro porque muchas veces me daban picos de ansiedad estando allí y lo pasaba muy mal. También descubrí luego que todo eso tenía mucho que ver con que yo no me daba el lugar, iba a esos sitios y me sentía un intruso, no acababa de sentir que tuviera derecho a estar allí. Pero he aprendido que si me invitan será porque quieren que vaya y que tengo el mismo derecho que los demás. Por eso en los últimos años he llegado a pasármelo bien, sobre todo desde que he vivido fuera. Vivir fuera te hace ser la persona que eres en ese momento y con menos mochila, porque el que te conoce en ese momento te ha visto menos y ve quien eres hoy.

Proyectos en el horno

Tienes pendiente de estreno la película Hombre muerto no sabe vivir. ¿Quién es tu personaje y qué tiene para que hayas dicho que es el más bonito que te han dado en la vida?

Estoy muy entusiasmado porque la película me flipa. No diría que mi personaje es bonito porque su estado mental no lo es, pero me parece fascinante. A mí lo que me gusta es estudiar qué cabeza es la del personaje y tratar de encarnarla (la película tiene una cosa muy shakespeariana, es verdad que al principio me recordaba mucho a Scorsese, pero también a Shakespeare). Hombre muerto no sabe vivir cuenta la historia de un grupo de mafiosos en crisis en la Costa del sol y mi personaje es el hijo del dueño de una cadena de discotecas en Marbella, con lo cual es el legítimo heredero. Pero su padre no le quiere, se avergüenza mucho de él. Y yo tengo una relación muy particular con mi padre. Entonces había algo ahí que me resonaba mucho para llevármelo a lo personal. Cuando leí el guion pensé «esto lo tengo que hacer yo como sea». Me rompió. El director tenía en principio otra idea para el personaje, otra fisicalidad, pero hicimos una creación a medias. Yo al principio me imaginaba a un tipo más gordo, medio calvo, un tipo dejado. Pero al final me recuerda un poco al joker, es medio sofisticado, pero decrépito, un poco decadente. Y su estado mental es tremendo, yo estoy fascinado. Fue todo un viaje hacerlo y estoy deseando enseñarlo.

También acabas de terminar de rodar Lobo Feroz, donde eres el principal sospechoso. ¿Es verdad que es el papel más exigente que has hecho en tu carrera hasta ahora?

Hombre muerto no sabe vivir fue un viaje casi terapéutico y Lobo feroz ha sido un campamento militar. Está basada en Big Bad Wolves, la película israelí de la que Tarantino dijo en 2013 que era la mejor del año. Yo la vi solo en el cine cuando se estrenó y pensé en que ese personaje lo podría hacer yo y así ha sido. Nunca había hecho un remake, pero ha sido tremendo hacerlo. Tengo que ser cuidadoso con lo que digo porque toda la trama va de si soy o no soy, es decir, la película se sostiene en descubrir si finalmente lo hice yo o no. Lo hiciera o no lo hiciera, el personaje habita un estado mental que me costaba mucho comprender. Y las condiciones físicas son tremendas, de hecho, la productora me regaló el último día una sesión de masaje y spa. He aprendido como pocas veces, la verdad. Todos los días pasaba por el miedo de no saberlo hacer y eso no es algo que pase muchas veces. Y además he tenido la ocasión de currar con actores con los que llevaba mucho tiempo deseando trabajar, como Adriana Ugarte y Javier Gutiérrez. Me encantan desde hace mucho y esta película ha sido un mano a mano de los tres muy heavy. Me intimidaban mucho porque los admiro mucho (me emociono un poco hablando de ellos porque nos hemos cuidado mucho).

Interpretas, diriges, escribes… Haces un poco de todo, ¿no?

Ahora voy a dirigir un espectáculo para los Teatros del Canal. No sé si te lo puedo contar, pero lo voy a hacer. Es un texto mío que se llama El alivio o la crueldad de los muertos y su pretexto es una fiesta de cumpleaños, pero en realidad habla de la creación del monstruo. Aunque es una comedia, habla de hasta dónde aguanta el más desfavorecido antes de que la cabeza le haga clic y que ya no haya vuelta atrás. Y el texto se ríe un poco de toda la afectación que tenemos los que somos como todo lo que se supone que hay que ser: comprometidos, de izquierdas, tolerantes, namasté, quinoa… toda esta mierda [risas]. Porque luego, al final, la mayoría de las veces adolecemos de lo mismo que criticamos.

Hablando de escribir, en redes sociales opinas de casi todo. ¿Nunca te han recomendado ocultar tu opinión con respecto a determinadas cosas?

He perdido algún pseudo amigo por esto, sí. Me considero una persona de izquierdas, pero la verdad es que me enorgullezco de tener amigos de distintas corrientes y pensamientos porque somos bastantes respetuosos entre nosotros y nos unen otras cosas. Pero no tolero que nadie venga a decirme lo que puedo o no puedo decir públicamente. Me parece un coñazo la gente que está constantemente haciendo bandera en redes sociales y algún unfollow ha caído, pero sí que me parece interesante la gente que me deja ver quién es y no la que está todo el rato haciendo postureti. Instagram es una cosa más estética, pero en Twitter me gusta seguir a gente que me enseña quién es.

Acabas de cumplir 40 y no paras. ¿Sueñas con una vida más tranquila?

No, a mí me gusta hacer maletas y estar viajando. 2020 ha sido un infierno por eso. Es verdad que llevo casi seis años soltero y en muchos momentos, a mi pesar, tengo ganas de tener un encuentro significativo con alguien. De encontrarme con alguien que me guste y al que le guste yo y que suceda de manera real, sin tener que forzar nada. Entonces una vida más tranquila no. Me gusta mi vida y tengo que reconocer que mi prioridad es mi trabajo y que me encanta viajar. Me encantaría poder conjugar todo eso con un compañero y creo que tiene que ser factible.

Acaba de arrancar el rodaje de Y todos arderán. ¿Nos puedes adelantar algo? 

Yo no suelo hacer este tipo de cine o no me llaman tanto para este tipo de cine, pero creo que Lobo Feroz e Y todos arderán son dos productos muy comerciales y también me hace mucha ilusión estar en productos así. Creo que las dos lo van a petar porque lo tienen todo para que pase. Me lo estoy pasando muy bien haciendo el personaje y el reparto es riquísimo. El primer día de rodaje hice probablemente la secuencia de la que más satisfecho estoy de mi carrera. Porque a mí me cuesta mucho conectar con la emoción, habito más en el pensar, y de repente me ocurrió. El personaje es un seminarista que está formándose para ser cura y me tocó desde un lugar haciendo que me apareciese la emoción mucho y la pude mantener durante todas las tomas. El personaje se enfada en algún momento y le rompen el corazón y era importante no llevármelo a las zonas a las que me suelen llamar, de personaje oscuro. Este personaje es un chico muy blanco, hacía mucho tiempo que no me llamaban para hacer algo así. ¿Desde donde se le rompe el corazón a alguien que no ha sufrido? Me emociona un poco. Fue muy bonito vivirlo y ser consciente de que el equipo lo estaba viviendo conmigo.

En la cocina

Por cierto, tienes fascinación por Tamara Falcó. ¿Por qué? ¿De dónde te viene?

Absoluta, no lo sé, pero me pasa. Creo que se la suda lo que piensen de ella, va a lo suyo. Me parece lista y muy atractiva. Yo me quedo pegado mirándola la verdad. Y cuando la vi en Masterchef me pareció una chica muy justa, con sus afectos y con la gente a la que defendía, muy auténtica.

Has dicho que te encantaría compartir una cena con ella. ¿Le harías la cena tú?

Yo cocino fatal, no cocino. Además, llevo casi seis años soltero y viviendo solo, con lo cual hay algo ahí como muy funcional. Y por supuesto, healthy, quinoa y toda esta mierda. Entonces entre ser healthy y cuidarse y delivery de tráigame no sé qué, cocino muy poco. He llegado al punto de vasito de arroz al microondas, ni lo cuezo. Y mucha cosa sana y tal. Entonces hacerle la cena yo no es una opción. Siempre que viene alguien a cenar a casa hay algo infalible que es comprar jamón bueno y vino rico.

¿Y a dónde la llevarías?

A un restaurante muy chiquitito que hay en Barcelona, al lado del Teatro Nacional. No sé si sigue existiendo, pero no tenían cocina, solo tenían una salamandra y un hornillo. Es un restaurante de producto: tienen cavas riquísimos, aceites riquísimos, panes riquísimos… Siempre que iba me daban a probar cuatro o cinco aceites, con el pan rico y un cava rico cada vez distinto. Y luego tenían pues como foie, tomates, anchoas, queso… para mí era como guau, el placer. Te lo cuento y salivo Estoy deseando volver, ojalá la pandemia no les haya jugado una mala pasada. Se llama Piratas. En Londres hay varios japos que me encantan también: El Novu y El Roka. Y en Madrid estoy teniendo la suerte en los últimos meses de compartir algo de tiempo con Diego Guerrero. Y he tenido la suerte de ir a cenar a alguno de sus restaurantes, aparte de que el me parece un tipazo, generoso, divertido… Su cocina me encanta. Así que a Tamara me la llevaría allí.

No tienes ningún plato estrella entonces…

El jamón, ya te lo he dicho. Y hago muy buenos cocteles, gin-tonics, Moscow Mule, Margaritas… Para emborracharnos sí.

¿Pero eres de buen comer?

Sí, sí, sí. He tenido que aprender a comer porque de pequeño era gordo, muy gordo, y pasé una etapa de trastorno alimenticio. Pero he aprendido a establecer una relación sólida con la comida. Entonces cocino poco, pero cuido lo que como y sé que hay que comer todas esas veces al día desde hace muchos años. Me encanta comer. Solo he conocido a una persona que me diga que no le gusta comer y dejamos de ser amigos, es que no lo puedo entender [risas]. Solo se me ocurre una cosa mejor que comer en la vida, bueno dos, porque la verdad es que trabajar es la cosa que más placer me da en el mundo. Pero trabajar, comer y la otra. No mucho más.

Alguna receta que te haya marcado.

Mi madre se va a enfadar, pero te voy a decir que no. Es que no tengo ninguna que diga guau.

Tres cosas que nunca pueden faltar en tu nevera.

Vodka, chocolate y queso.

Si te dijeran que es tu última cena, ¿que pedirías?

Jamón. Estoy un poco monotemático, pero es que no encuentro nada más rico que un jamón rico. Y los tomates, fíjate que cosa más básica, pero los tomates ricos me parecen una delicia. Jamón, tomate, vino y pan, felicità.

En alguna ocasión has dicho que consumes programas como Gran Hermano porque son más adictivos que el glutamato. ¿Eres de consumir mucho fast food?

Hace muchos años que no veo Gran Hermano. Quizás quise decir que consumo lo que llaman comúnmente telebasura, pero reconozco que cada vez estoy más enfadado con ese tipo de televisión. Ahora consumo formatos como Masterchef, pero todo lo que ya se ha pasado al otro lado no. El otro día leí en Twitter que se había criticado mucho a Javier Gutiérrez por unas declaraciones que había hecho sobre los personajes de reality y yo lo suscribo total. Dejemos de hacer famosa a la gente sin oficio ni beneficio… Al pueblo también hay que educarle, los programas espeluznantes son peligrosos y creo que se está llegando a un nivel tóxico.

Y en cuanto al fast food, por supuesto que lo consumo. No soy de hamburguesa, de hecho, creo que el mundo se divide entre los que somos de pizza y los que son de hamburguesa. Cuando me pongo a consumir fast food lo que me pierde es la pizza, me fascina, me vuelvo loco, me encanta. Y de repente algún día me puede apetecer comida oriental: gyozas, baos… o comida china directamente. Pero de fast food lo que más pido es la italiana, sí, la pizza.

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