Foto: Javier Cortés.

El zaragozano Javier Ibarra –Kase.O en el mundo del hip hop, en el que se dio a conocer a finales de los noventa formando parte de un grupo hoy mítico como era (y es, porque nunca han anunciado su disolución) Violadores del Verso– es un rara avis en un mundillo musical caracterizado, aparentemente, por el gesto desafiante y una chulería que se presupone innata. Él, en cambio, rompe el mito: es un hombre bueno, que reconoce rezar padrenuestros y dar gracias a Dios por las cosas buenas que le pasan cada día.

Con la superioridad que le conceden tanto sus compañeros de quinta como las generaciones más jóvenes, Kase.O se permite abroncar a sus ‘hijos’ bastardos, los músicos de trap y su machismo ofensivo. “No tengo nada contra el reguetón y el trap. De hecho, me gustan, aunque puede que me pillen ya un poco mayor para entenderlos del todo”, afirma. “Pero hay canciones horribles, como una que dice que va a usar a una tía como escoba u otra en la que habla de su chavala como ‘puta’. ¡Es una persona que supuestamente te gusta! ¿Cómo la puedes llamar ‘puta’? No es tu puta, es tu chavala o tu chica. ¿Eso es lo que queréis? ¿que las niñas crezcan sintiendo que las llaman putas? ¿que los niños llamen putas a sus colegas?”.

Cuando llegamos al Mercado Central de Zaragoza somos testigos del cariño que despierta el personaje. Fue pregonero de las fiestas del Pilar en 2017 y los más jóvenes no dudan en pedirle hacerse un selfie. Pero los mayores también le reconocen.

En Pescaderías Pedro, en los puestos 21 y 22 del mercado, están encantados de enseñarle a coger el cuchillo para que las fotos (la imagen de portada del número de Tapas de marzo) tengan visos de verosimilitud cuando corta (literalmente) el bacalao (Bacalao, con música de Frank T, otro rapero mítico español, fue una de las cuatro canciones descartadas de la primera versión de El círculo y se recuperó para su versión ampliada).

Y como los bares del mercado llevan meses cerrados por las restricciones provocadas por la pandemia, cuando elegimos la terraza del Café Central, en el 98 de la avenida de César Augusto, para realizar tranquilamente esta entrevista, no dudan en invitarnos. Y como Kase.O es también nuestro invitado, le dejamos que nos descubra su bar de tapas favorito en Zaragoza: “Casa Rodri, en Desiderio Escosura, 15”.

No hemos sido muy originales con lo del bacalao, ¿verdad?

A mí me parece que está muy bien traído. En el videoclip del tema también se cortaba un pescado, pero era una merluza, y el que lo hacía era el pescadero, no yo. Tengo más rimas gastronómicas por ahí. En Yemen, uno de los temas de El círculo, digo que “Si mi cuaderno fuera un postre, sería un hojaldre de higos, nueces y miel”. Y ha habido varios cocineros que me han agasajado con esa receta que yo rimé y me inventé en un rato. Pero no funcionan tan bien los higos, la miel y las nueces en la cocina como en mi letra [risas]. Y lo han intentado cocineros de los mejores.

Yo quería evocar una cosa muy dulce. Quería decir que mi cuaderno de letras está lleno de ambrosía, de dulzura, pero que para el que me critica o me odia, para el que me es infiel, le ofrezco, en cambio “una crêpe de hiel”.

La historia real es parecida: estando en Holanda probé una crêpe de mandarinas, nueces y miel. La mandarina le da el toque cítrico y estaba estupenda, pero, claro, métricamente, en la rima de la canción “crêpe de mandarina, nueces y miel”, no sale. Y metí los higos… ¡Cagada! A veces pasan esas cosas, no sólo en esta tontería.

A veces tienes que sustituir palabras y así de difícil es definir un sentimiento y ponerle métrica. A veces tienes que primar la estética. Y a mí eso me jode mucho. No puedes escribir una Biblia en una rima. Con esa disyuntiva me rayé bastante en El círculo. Prefería afinar en el sentimiento que en la belleza de la rima. Pero luego, con trabajo, conseguí lograr cierta belleza, pero me fastidiaba tener que sustituir determinadas palabras. Ése es el trabajo de la poesía.

Puestos a hablar de homenajes, ¿te han querido agasajar los de Ballantines? [en el primer álbum de Violadores del Verso, publicado en el año 1998, se incluía una mítica canción titulada Ballantains].

Sí, bueno, esos me deben pasta, claro [risas]. Han tardado en reconocerlo, pero lo han hecho. Ha habido contactos para hacer algún tipo de patrocinio, aunque no hemos llegado al acuerdo económico. Saben que he llevado el nombre de Ballantines no sólo por toda España, sino por toda Latinoamérica. Publicidad gratuita durante más de veinte años, en los que no he dejado de cantar esa canción porque al público le flipa.

En tiempos nos mandaron una caja de botellas al local. Y antes de la pandemia ya se produjo un acercamiento, que no se ha concretado todavía. A mí me representa. Y yo les represento también a ellos. Ahora el rap está mucho mejor visto que en los tiempos en los que hice la canción, cuando era una cosa marginal y estaba muy mal vista.

El rapero Javier Ibarra –alias Kase.O– posa en exclusiva para Tapas en el Mercado Central de su Zaragoza natal.

Ahora ya no sólo no está mal vista sino que en tu álbum de grandes éxitos, Remixes y regalos, cuentas con colaboraciones de lujo como Andrés Calamaro, Rozalén o Najwa Nimri…

Rozalén es un alma pura, llena de luz, y muy aficionada al hip hop. Nos conocemos desde hace poco tiempo, pero antes de que nos conociéramos ella ya había hecho una versión de Mazas y catapultas y, claro, quise grabarla con ella en Remixes y regalos. Andrés Calamaro es uno de mis ídolos. He llorado con sus canciones. Haber llegado a conocerlo es otra de las cosas por las que puedo dar gracias a Dios. Andrés es muy cercano y además, ¡conocía mi música! Ahora somos amigos y cuando viene a Madrid nos vemos. ¡Ya sólo me queda conocer a Sabina!

Para acabar con las referencias gastronómicas… ¿Quiénes son Frutas y Verduras?

Son mis amigos del instituto [risas]. En una clase de treinta personas, siempre somos muy pocos a los que les gusta la música: a un heavy de la fila de atrás, al rapero y a un raro que le gusta el jazz porque su padre lo escucha. El resto son carne de Los 40 Principales. Y uno de esos tres o cuatro era mi colega heavy, Raúl Rollo, que tocaba la guitarra y tenía un local de ensayo, una antigua frutería, con el letrero de Frutas y Verduras. Así que ya tenían el nombre del grupo [risas].

A día de hoy siguen siendo de mis mejores amigos y colaboramos musicalmente. Les grabé su primera maqueta con mi multipistas y en todos los discos de Frutas y Verduras (que desde hace unos años se llaman Melancrónico) participo en alguna canción.

Yo pasé mi adolescencia en ese local de ensayo, nutriéndome de música rock y música en español: Andrés Calamaro, Joaquín Sabina, Rosendo, Antonio Vega… y Guns & Roses o Aerosmith. Fueron tardes y noches escuchando música que por mi mundo rap no hubiera escuchado, porque los raperos sólo escuchamos rap… Ahora ya es otra cosa: se aceptan colaboraciones con músicos de otros ámbitos. Pero, en los años noventa, a los raperos no nos gustaba que el rap se mezclara con el pop.

Desde El círculo no te has prodigado discográficamente mucho, hasta que han aparecido las dos canciones de Divertimentos. Vol. 1. ¿Qué es Divertimentos?

Es mi última invención, un cambio de mentalidad después del proceso creativo de El círculo, que fue muy largo y tortuoso. Aunque hace cinco años de su lanzamiento, aún tengo muy reciente todo ese proceso creativo y el sufrimiento que hubo.

En aquellos momentos tenía trece canciones empezadas y ninguna terminada. Y tener trece canciones en la cabeza, con infinidad de frases escritas, sin acabar, es duro, te agota mentalmente. Ya he comentado que con El círculo tuve muchos problemas por querer primar los sentimientos sobre la rima. Divertimentos surge, en cambio, como reacción a esa responsabilidad tremenda, que me pesaba. Ahora lo que quiero es crear, pero que en el proceso haya diversión, sin agobiarme por tanta responsabilidad como en el disco anterior.

El proyecto consiste en hacer grupos de dos canciones: empiezo una y la termino, empiezo la otra y la termino. Ya no tengo delante un abanico de trece o catorce canciones abiertas y así el proceso es más efectivo y más tranquilizador para la mente. Se trata, además, de poder compartir experiencias en el estudio. Lo llamo ‘divertimentos’ no sólo por querer divertirme, sino porque en la música clásica el divertimento era un género más popular, alegre y desenfadado; menos culto, en suma, y más dirigido al público general.

¿Cuándo y por qué te cambió la perspectiva y dejaste de ver la creación como sufrimiento? Freud decía que el arte es fruto de la neurosis.

Yo siempre lo he vivido así. Llámalo sufrimiento o responsabilidad. O miedo a la crítica. Todo eso influye a la hora de ponerte ante el folio en blanco. Aunque lo parezca, no tienes toda la libertad que quisieras. ¿Cuándo ha surgido? Hace poco. Hace poco es cuando me he propuesto ponerme las pilas, activarme con la intención de juntarme con un productor o varios productores y ser más niño. Sin darle tanta importancia al arte en sí.

A lo mejor influye también que El círculo ha funcionado. Tú ya tenías un nombre en el ámbito específico del rap, pero ahora ya eres conocido por mucha más gente. ¿Eso es lo que te libera?

Yo quiero pensar que sí, porque mi nuevo público no me juzga tan duramente como el público del rap. Ahora hago música para el público de El círculo, en el que están los raperos de toda la vida, los que han seguido toda mi carrera, pero también mucha otra gente a la que, por lo que sea, les ha gustado.

El círculo es un disco muy humano y lo puede oír cualquiera. Ha conquistado a otras partes de la sociedad que antes no me escuchaba y esta gente, como te digo, no me juzga con el rasero tan fino que aplican los raperos. Y eso me libera. Les han gustado Basureta, Mitad y mitad o Mazas y catapultas, sobre todo ésta, que es la canción más rara que he hecho hasta la fecha.

Hace pocos años entrevisté a El Langui justo cuando acababan de conceder el Nobel de literatura a Dylan, y le pregunté quién sería el Dylan del hip hop y del rap y me dijo Kase.O. ¿Cuál es exactamente tu relación con la Filología?

Yo empecé a estudiar Filología Hispánica, una carrera preciosa. Imagínate: poesía del Siglo de Oro, poesía medieval, teoría de la literatura… Pero claro, yo venía del instituto y el cambio de nivel a la universidad fue demasiado radical para mí. Iba al instituto básicamente a divertirme y estudiaba el día antes del examen. Al meterme en una carrera con mucho contenido no aguanté la presión y no duré. También coincidió con mi primer desengaño amoroso y una pequeña depresión así que, al final, dejé la universidad ese mismo año. Sólo hice un cuatrimestre.

Sacarse una carrera es durísimo. Admiro a la gente que lo logra en cuatro años, hay que estudiar mucho tiempo y yo estaba muy mal educado en lo referente a estudiar. A mí la carrera me sigue pareciendo preciosa. Quizá me apunte un día, ahora que ya no tengo presión, aunque sea como ‘oyente’ para ir a las clases sin examinarme.

La idea que se tiene de ti es que eres un obseso, un perfeccionista de las letras. ¿Es así tu carácter para todo?

No. Esto es mi pasión y ahí lo vuelco todo, porque no quiero ser uno más. Quiero llevarlo más allá y me esfuerzo mucho. Llevo veinte años rimando. Cada día es más difícil encontrar el vehículo, porque no me gusta repetir fórmulas (y aún así las sigues encontrando).

El lenguaje es maravilloso, es súper flexible y siempre puedes jugar con el ritmo. A mí me interesa el mensaje, pero mensaje tenemos todos. Todo el mundo tiene sentimientos. Mi manera de destacar es jugar con el lenguaje al máximo, con su elasticidad, para conseguir los mayores recursos posibles.

Foto: Javier Cortés.

Yo no diría que sea un obseso, pero sí es mi pasión, mi ‘divertimento’. Y tengo mi responsabilidad: tengo que decir cosas. Mis fans esperan las mejores rimas. Eso no es que sea un sufrimiento, pero es trabajo. Y a mí me gusta evolucionar y no me conformo con cualquier cosa. El rato que me pego frente al folio en blanco es un momento del día guapísimo. Escribiendo soy un niño dibujando. Estoy escribiendo, pero en realidad estoy haciendo un dibujo. Pero cribo y tacho mucho. Mucho.

He leído declaraciones tuyas en las que hablas de tu mundo espiritual y que la vida más allá de la muerte te permite vivir sin miedo.

No sé si existirá el infierno como tal, como nos lo han vendido, con el fuego y el demonio con el tridente. Yo quiero creer en el karma. Que todo se queda reflejado en el alma y pienso que es como una película en la que se quedan grabadas las cosas. Si tú llegas con un alma llena de amor, de acciones buenas en toda tu vida, equilibradamente, porque también puedes tomar decisiones erróneas y hacer daño a gente, quiero creer que cuando vayas al otro lado tendrás tu premio. Me gusta creer que el que ha hecho el mal tiene que pagar de alguna forma y el que ha hecho el bien tiene que tener un más allá más cómodo.

¿Siempre has sentido esta espiritualidad?

Es difícil de explicar cómo llegué yo a eso. Creo que a través de mi madre; de pequeño hemos ido a misa como mucha otra gente y siempre me ha gustado rezar mis padrenuestros antes de dormir. Me relaja bastante. Me gusta dar las gracias por los acontecimientos del día. Me gusta pedir cosas a la Providencia y agradecer. También hay muchas cosas del cristianismo que no me encajan o no me sirven para mi vida. Lo del infierno, por ejemplo, no me sirve.

Tampoco sé por qué tiene que ser más santo Santo Tomás que tú. Si se trata de creer en Dios, ¿para qué están los santos de por medio? Hay cosas que no entiendo y no me quiero meter en ningún zarzal. Pero tengo conciencia. Y, para mí, eso es Dios: tú haces algo malo y la conciencia te castiga por la noche antes de dormir. Si haces el bien, tu conciencia está tranquila. No hay mejor somnífero que una conciencia tranquila. Y ésa es, para mí, la voz de Dios.

Todos llevamos una conciencia, un trozo de Dios que nos habla y nos dice lo que está bien y lo que está mal. A mí me gusta apreciar la creación, ¿sabes? Admirar la naturaleza, los animales, el mar, los ríos… sorprenderme con eso. No es un mero decorado. Si te pones a pensar profundamente es una flipada. Cómo de una semilla sale una señora planta que da flores, que da frutos y que vuelve a dar semillas y es un bucle infinito de vida. ¿Quién ha diseñado eso? ¿La evolución? Pues aunque sea evolución está muy bien diseñado el ADN de la vida. Yo con eso me fascino y me hace pensar que somos algo más, que esto es algo inabarcable, indescriptible. Realmente resulta difícil de describir.

Están todos nuestros pensamientos, estos cuerpos simétricos, perfectos, máquinas increíbles que, si no las castigamos, durarían cientos de años, ¿cómo se ha creado todo eso? Yo me lo pregunto y siempre acabo sin respuesta o con una respuesta muy abstracta. Pero sé que no es por casualidad.

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