Parecía todo perdido, hasta que María de los Ángeles Rozalén Ortuño (Albacete, 1986), la cantautora conocida como Rozalén, ha presentado un disco de música folclórica española; de España, en toda su diversidad cultural e idiomática. Después de años de promoverse la anglofilia y la sofisticación, una artista joven nos recuerda la riqueza de nuestro patrimonio y aboga por la sencillez, la vida rural, junto a la huerta y los alimentos de temporada.

Empezaste con la bandurria en la rondalla. ¿Te imaginabas años después con una carrera profesional, pero haciendo lo mismo, música procedente de la tradición?

Con el último disco he vuelto a eso, a la raíz, porque era mi décimo aniversario y quería tanto volver a casa como a todos aquellos lugares en los que me han hecho sentir como en casa. Sobre todo porque cuando una va creciendo se va dando cuenta de que la vida es toda infancia. Me he metido en lo que cantaban nuestros ancestros y nuestros abuelos, desde el respeto a la tradición de otros lugares y otras culturas, desde el amor y el cariño.

Algo distintivo de tu espectáculo, y diría que único, es que tocas música en directo para sordos

Todo esto empezó con mi amiga Bea. Nos conocimos cuando estaba a mitad de la carrera. Nos habían dado una beca de cooperación internacional, ella trabajaba en un instituto de Albacete con alumnos sordos. Al conocernos, fue como si hubiéramos sido hermanas en la otra vida. A ella le gustaron mis canciones y a mí la lengua de signos. Bea, además, es clown, payasa, tiene una expresividad que llama la atención. Empezamos de broma a actuar juntas, en las sobremesas y con los amigos. Luego preparamos algo puntual sobre el escenario y la bola se fue liando sola. Ahora, si me falta ella es como si me faltara la mitad del cuerpo. Juntas nos han pasado cosas muy bonitas, muy fuertes. Una vez vino una chavala, que era oyente, con sus padres, sordos. Era la primera vez que iban a un concierto en su vida y tendrían sesenta y pico años, y fue muy emocionante. Se pusieron a llorar porque era la primera vez que sentían que se les tenía en cuenta.

Dices que eres modernamente antigua

Viejoven, como se dice. Soy una chavala de pueblo, toco la bandurria, me gusta el folclore, tengo un huerto, preparo conservas… hago cosas de señora mayor. En mi huerto tengo varios tipos de tomateras, calabacín, berenjena, pepinos, acelgas, apio… Planto en primavera, en invierno lo dejo en barbecho, y todo en un huerto rodeado por aromáticas para que no entren los roedores, pero este año igualmente me han salido topos. Cuanto más crezco, más me llama la atención lo que hacía mi abuela. A mí ahora, para quitarme la ansiedad, lo que más me gusta es tocar la tierra. Me da gusto ver crecer una planta… a veces pienso que debía haber nacido en otra época.

La cocina de tu tierra, de la Sierra del Segura, es eterna

Hay recetas impresionantes, como el Atascaburras, plato típico de Albacete, que se hace con patata, bacalao machacado, aceite, ajos, nueces y huevos. El ajopringue, que se hacía en las matanzas, que lleva mucho hígado y pan. En Castilla-La Mancha se hacen muchos platos con harinas porque hacía mucho frío en invierno, por eso son normales los platos contundentes con ingredientes muy baratos, que se puedan preparar en grandes cantidades y que saciasen. También tenemos rabo de cerdo frito, y queso frito con mermelada. La ensalada murciana, que en mi tierra se llama Moje Tomate, y lleva tomate de pera, huevo, atún, cebolla y aceituna. Los gazpachos manchegos, que nada tienen que ver con el andaluz, porque llevan carne de caza y tortas, una especie de pasta de pan.

¿Crees que hay un giro generacional, los que vivieron de jóvenes los 80, 90 y 2000 probablemente estaban más interesados mayoritariamente en lo anglosajón?

Pues es verdad que no soy solo yo, mis amigas las Tanxugueiras también me han enseñado un montón de canciones antiguas que cantaban las mujeres gallegas. Los cantautores siempre han estado ahí, pero ahora seguramente haya menos prejuicios, porque antes estaban muy vinculados a la Transición, pero ya nos puedes ver en festivales de rock y de punk, como es mi caso o el del Kanka.

Sabina te recomendó que fueras a Argentina

Sí, a Buenos Aires. Si es que Latinoamérica y nosotros somos la misma cosa. Allí la canción de autor les encanta, Ismael Serrano revienta en Argentina, México, Costa Rica… mil sitios. Les gustan las letras profundas con mucha lealtad y mucha pasión. Y es un fenómeno en dos direcciones, yo desde niña he escuchado a Violeta Parra, a Víctor Jara, a Chavela Vargas. Mira a Rocío Dúrcal, que era tan mexicana como española. Hay más de lo que nos une que de lo que nos separa. Mira cómo triunfa Camilo. Cuantos más puentes tendamos, seguro que todo va a ser más hermoso.

En tu último disco, Matriz, has metido una canción de la Guerra Civil, En los frentes de Gandesa o Si me quieres escribir…

La he grabado con la Ronda de Montilleja, que siempre la han tocado. Hay mucha emoción en esa canción, mi abuelo fue camillero en la 43ª División del Ejército Popular de la República. Vivió la Batalla del Ebro, la Bolsa de Bielsa, estuvo en un campo de concentración en Pamplona. Conservo un diario de él que me lo regaló mi padre por el que he aprendido muchas cosas sobre su vida. Cada vez que escuchaba esa canción con mi padre, era la canción del abuelo. Nos emocionábamos mucho.

En el disco hay una habanera en catalán, Amor del Bo

Me la ha hecho Silvia Pérez Cruz, que su padre componía habaneras, un género que ha sido siempre muy popular allí. Parte de mi familia emigró a Terrassa, donde hasta hay una calle que se llama Letur, que es mi pueblo, por eso he escuchado catalán desde que era niña. Silvia ha compuesto esta canción por el duelo a mi padre y al suyo. Es la primera habanera que hace. Hay consonantes
en catalán que me cuestan, pero quería cantar en catalán, también, para hacerlo con Silvia, que es una de las artistas más especiales de este país. En el disco también he cantado en euskera, pero es ya la cuarta vez que lo hago, sé lo que significa en el País Vasco que alguien de Albacete cante en su idioma.

Te dijo tu abuela que quien quiere la fama no quiere la felicidad

Eso decía. Estaba asustada, porque creía que la fama traía mucho dolor y sufrimiento. Yo no lo entendía hasta que vi que la exposición es dura en muchos aspectos, pero tener un altavoz para decir cosas y provocar felicidad cantando no lo cambiaría por nada.

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