Antes de ser un hotel, Mongibello fue un pueblecito de la costa italiana imaginado por la escritora Patricia Highsmith. De la ficción pasaría a existir en la vida real, convirtiéndose en un hotel sofisticado que se abre al mar y al estilo de vida del ‘dolce far siente’ basado en el placer. En la sensación de vivir en unas vacaciones permanentes.
Ese estilo de vida llevó a Diego Calvo a crear Mongibello, construyendo el concepto en torno a infinidad de referencias artísticas y creativas de los años 60 y 70, bañándolo todo de ese espíritu del bon vivant que puede encontrarse en ‘La Gran Belleza’ de Sorrentino, en la Dolce Vita de Federico Fellini o en el simple hecho de beberse un Aperol frente al mar escuchando ’Tropeau Bleau’ de Cortex de fondo.
Cada detalle está pensado y cuidado al milímetro. Desde la paleta de colores que nos sumerge en el océano hasta las baldosas con motivos geométricos, los libros de fotografía que posan sobre sus estanterías o las fotografías que nos llevan directamente a la Ibiza hedonista y artística de esos años.
El hotel, perteneciente al universo creativo de Concept Hotel Group, que estrena este año temporada con la categoría de cinco estrellas, es también uno de los destinos gastronómicos más deseados de la isla en el que poder saborear Italia y los años dorados de Ibiza a la vez.
El gran ristorante
Dentro de las mejoras que ha experimentado el hotel -como el room service 24 horas-, el restaurante Sorella ha acabado de elevar sus estrellas a lo más alto. Ubicado frente al mar, este ‘ristorante’ se inspira en las clásicas trattorias italianas, y cuenta con un espacio de interior y otro de exterior para poder disfrutarlo de dos maneras distintas.


Sorella es todo lo que puede desearse a la hora de relegarse al placer de comer, priorizando a partes iguales la estética y la propuesta culinaria, alineada con el espíritu artístico del concepto. Servida en una vajilla artesanal, la sofisticación italiana se vive aquí desde la mesa gracias a la maestría de su chef Francesco T. Leggio (Celler de Can Roca, Azurmendi), especialista en fundir en su cocina la sensibilidad mediterránea con el producto de la isla.
El verano ibicenco se saborea en este lugar a través de los clásicos y de las novedades que ofrece. Sus platos más representativos, como puede ser su carbonara trufada o sus tagliatelle con bogavante hacen un recorrido del mar a la tierra, no sin antes iniciar la velada con unas ostras, unas berenjenas con burrata, un tartar de gambas o unas puntillas ibicencas en tinta ibérica.


De principal, el restaurante propone los que serán los nuevos hits de la carta. La corvina con patata y achicoriao, el solomillo de vaca al whisky o el risotto de pimientos, para acabar con un final dulce: un tiramochi, un mochi de tiramisú, curable de savoiardi y salsa de café, o un helado con crema de pistacho y espuma de tricota junto a un delicado café de especialidad.
Experiencias culinarias
En sincronía con el aura de Mongibello, el hotel elevará este verano su propuesta con una serie de encuentros, colaboraciones y pop-ups en los que maridar bajo el sol unos espumosos y unas ostras a través del cruce de cocinas de Francesco T. Leggio y de algunos chefs invitados de renombre.


El ciclo de cenas titulado «Mestri Ai Fornelli» se iniciará el 6 de junio con Juan Quirós, chef de Kyoshi Las Cortes (Madrid), y continuará el 16 de junio con Andrea Antonini, del restaurante Imàgo de Roma, para culminar el 17 de septiembre con el regreso de Teo Iannotay y su exitosa fusión italo-gallega.
La noche ibicenca
Para aquellos que quieran vivir la noche ibicenca de la manera más íntima y exclusiva, podrán hacerlo desde el club del hotel al que se accede por una puerta secreta.


Lola’s Club, que rinde homenaje a la icónica discoteca de la isla, se presenta en un formato ‘secret room’ con obras de arte y mobiliario de terciopelo en el que evadirse y bailar sin que haya un mañana escuchando música ítalo disco y de los 80 con un Negroni, un pisco o un Espresso Martini en mano, al puro estilo Mongibello.