Tapas Best Chiringuito

El Bigotes, Tapas Best Chiringuito 2026, es el templo del bullit de peix en Ibiza

Una receta y el mar, aquí no se necesita nada más.

Guía Repsol

Existe un chiringuito ibicenco que ha logrado mantener su autenticidad y esencia desde 1969, preservando la tradición por la que se le considera el último refugio del bullit de peix en la isla blanca. En El Bigotes, la verdadera exclusividad consiste en no haber cambiado. Por eso forma parte de nuestra lista de 25 mejores chiringuitos de 2026.

Todo comenzó en 1969, cuando el pescador Juan Ferrer Marí empezó a preparar bullit de peix para los amigos con la captura del día. Aquellas comidas improvisadas acabaron convirtiéndose en una costumbre, y después en un destino culinario. Hoy, tras su fallecimiento, son su hija Ana y su nieta Mónica quienes regentan un legado que mantiene intacta una manera de vivir Ibiza.

El escenario ayuda a entender parte del culto de El Bigotes. El restaurante es apenas un sencillo refugio de madera abrazado por el acantilado de Cala Mastella, frente a un pequeño embarcadero donde continúan alineadas las tradicionales casetas de pescadores. Muy cerca sigue amarrado el Gavita, el llaüt que durante años utilizó Juan Ferrer para salir a faenar y que recuerda el origen profundamente marinero de esta historia.

A las dos de la tarde, los comensales toman asiento para compartir el mismo ritual gastronómico: el menú que lleva más de cincuenta años siendo prácticamente idéntico en este chiringuito. Porque no ha sido necesario cambiarlo.

Guía Repsol

Primero llega el legendario bullit de peix, elaborado únicamente con pescado fresco de roca, patata, alioli y un caldo que concentra el sabor del mar. Después, con ese mismo caldo, aparece el arroz a banda, cocinado lentamente sobre fuego de leña, como siempre se ha hecho.

Después de muchos años, la cocina de este restaurante continúa funcionando con leña, con la intención de seguir elaborando de la misma manera una receta histórica que nunca ha necesitado modernizarse; mientras que el pescado sigue llegando del mar a la mesa, en medio de un ambiente que conserva ese espíritu en ibiza de pausar el tiempo y dejarse llevar.

La experiencia termina con otro pequeño tributo al recetario ibicenco. El tradicional flaó, elaborado con queso de cabra, huevos, hierbabuena y menta, pone la guinda dulce antes de que aparezca el café caleta, preparado lentamente sobre las brasas con brandy, azúcar, canela y piel de limón. Y ya estaría todo.