«Este trabajo tiene muchas analogías con la cocina», dice Álvaro Morte, uno de los actores protagonistas de La casa de papel. «Para empezar, hacen falta buenos ingredientes: el guion, la producción, el elenco… pero si además eso lo aderezas con un buen equipo técnico, desde los montadores al decorado o la música y hay un director que sabe combinar todos esos elementos, el plato sale bien». El actor, que en la exitosa serie  encarna al misterioso y carismático Profesor, apunta nombres y apellidos para subrayar la importancia del trabajo en equipo. Todos ellos han participado en la elaboración de un menú degustación con la intención de satisfacer, en última instancia, a los comensales: el público. Y, al frente de todo, cómo no, tiene que haber un gran chef: Álex Pina.

Decir hoy La casa de papel no es sólo hablar de una exitosa serie española, ganadora de un premio Emmy, o del fenómeno que ha convertido la careta de Dalí en un símbolo, el mono rojo en un uniforme de protesta o la canción Bella Ciao en un inusitado himno global; esta serie también ha sido la que ha vuelto a poner a España en el mapa. Aquello que hacían, primero, los futbolistas, después los cocineros y, por fin, las series de ficción. Un éxito que combina el talento creativo de nuestros chefs y el espíritu de equipo del deporte rey.

Y todo, en menos de cuatro años. O lo que se traduce por estar en el sitio adecuado y en el momento perfecto. Pero rebobinemos un poco. Cuando Álex Pina, productor, director y guionista con más de 20 años de experiencia a sus espaldas –la mayoría de ellos en Globomedia– decidió montar su propia productora, Vancouver Media, lo hizo con la intención «de reunir a un equipo de creativos con capacidad para innovar en el terreno de la ficción y afrontar, posiblemente, ‘la etapa más efervescente en el panorama de las series de televisión», aventuraba en 2016. No tardó mucho en conseguirlo. Jesús Colmenar, director y productor ejecutivo de la serie, fue uno de ellos: «Cuando empezamos con la productora y le dábamos vueltas a cuál sería el primer proyecto con el que arrancaríamos, ésta era la idea más loca y la más complicada, pero también la que más nos apetecía hacer, así que nos liamos la manta a la cabeza»,  cuenta. Sobre una idea original del propio Álex plantearon un piloto que convenció a Antena 3, y la cadena emitió los 15 episodios en una única temporada y con final cerrado. La serie no funcionó mal, pero tampoco fue para tirar cohetes… lo que en televisión significa acabar en el olvido. Lo que sucedió después pertenece a ese apartado llamado magia: una vez emitida, Netflix se interesó por la serie y se hizo con los derechos de distribución de la ficción. La plataforma americana la incluyó en su catálogo bajo el nombre de Money Heist, la dividió en dos partes, redujo la duración de sus capítulos de 70 a 50 minutos –para adaptarla a los estándares internacionales– y, sin promocionarla, sucedió el milagro: el boca-oreja hizo su trabajo y en poco tiempo La casa de papel renació convertida en la producción de Netflix de habla no inglesa más vista en todo el mundo. Después de ese petardazo internacional, Netflix propuso a Pina y sus socios reabrir una nueva temporada. Lo que, según nos cuentan desde Vancouver, no fue una decisión fácil.  El propio Pina ha asegurado en repetidas ocasiones que, de no haber encontrado una historia que superara a la anterior, no habría aceptado. Este 3 de abril se estrena la cuarta parte (en el calendario Netflix), o lo que es lo mismo, el final de la segunda temporada. Y promete que habrá jarana.

Foto: Jaime Partearroyo

UNA BANDA APARTE
El estreno de la nueva temporada coincide con el estado de alarma por el coronavirus, y mientras la mayoría del tejido industrial vive en un inquietante limbo a la espera de que pase esta crisis, hay un sector que ha salido muy beneficiado por la cuarentena: las plataformas de streaming. No es nuevo recordar que las series no sólo se han convertido en el entretenimiento favorito del siglo XXI, sino en una especie de refugio de talentos procedentes de otros formatos más convencionales.

El caso de Úrsula Corberó, Álvaro Morte, Alba Flores, Pedro Alonso, Jaime Lorente, Esther Acebo, Miguel Herrán… Y no hablamos solamente de los actores, sino de todos los profesionales del sector audiovisual que han visto un filón de posibilidades laborales gracias a la ficción televisiva.

Este boom, relativamente reciente, se ha visto multiplicado exponencialmente gracias a las plataformas de streaming. Pina y sus colegas tenían un amplio bagaje. El artífice de La casa de papel ya había firmado otros éxitos televisivos: desde recientes, como Vis a vis, pasando por El barco o Los hombres de Paco hasta aquel hit de los 90 que fue Periodistas. Pero el plantel del equipo técnico tampoco está mal: Colmenar, que alterna la dirección con la producción ejecutiva y la coordinación de otros directores de la serie, como Koldo Serra, Álex Rodrigo o Javier Quintas; Javier Gómez Santander, como jefe de guion; la fotografía de Migue Amoedo (ganador de un Goya por La novia) hasta la dirección artística de Abdón Alcañiz, entre otros. Sin embargo, esta banda también funciona como una banda aparte.

«Desde el primer momento –confiesa hoy Colmenar– teníamos una idea y un pálpito común: ir a por todas. Pensamos que nunca se había hecho algo así, todos habíamos visto muchas películas de atracos perfectos, pero no en un formato seriado y con un planteamiento que mezclara acción trepidante al más puro estilo de Hollywood con una historia de personajes y una cierta profundidad más afín a la cinematografía europea. Era un proyecto complicado, por esa estética cercana al cómic, por el diseño de personajes, por el tono, por todo; tenía que resultar verídico, internacional y a la vez muy nuestro. Pero lo más complicado era hacer creíble el atraco».

Javier Gómez Santander, coordinador de guion y también productor ejecutivo de La casa de papel, coincide con el director. Este periodista recuerda perfectamente el día que se reunió con Álex Pina para declinar su oferta de pasarse a la ficción: «Quedé con él en un bar para decirle que estaba contento con mi trabajo, pero cuando se puso a contarme la idea le dije: ‘espérate, que igual sí…’. Me convenció de inmediato». La frase que le dijo exactamente fue: «La vamos a liar». Y vaya que si lo hicieron.

Foto: Jaime Partearroyo

APUESTA AL ROJO
Colmenar reflexiona sobre el fenómeno que les sorprendió cuando ya estaban trabajando en otros proyectos. Fue inesperado, pero muy real: «Lo bonito de La casa de papel es que ha creado símbolos e iconos que cualquiera puede hacer suyos, incluso para sus propias luchas». La máscara es uno de ellos. «Podía haber sido otra de las opciones que barajamos, como el Quijote, pero Dalí tenía ese punto de genialidad y locura que encajaba muy bien con la historia», apunta Gómez Santander,  a quien también se le ocurrió introducir la canción Bella Ciao como un elemento más del relato. Y fue desayunando: «Me la puse una mañana para animarme, y según la escuché, dije, ‘ésta es la canción».

Otro de los aciertos fue el color rojo de los atracadores. Esta aportación le corresponde al director de arte Abdón Alcañiz, que explica que ésta era una cuestión casi esencial: «Queríamos un color primario, y el rojo tiene un efecto dramático, además de que hace que destaquen mucho más los personajes», y quien apunta esto sabe que eso va en detrimento de la riqueza visual que destilan todos y cada uno de los decorados.

Pero el ingrediente principal está en la propia historia. Lo insólito ha sido que conquiste a tantos países y culturas diferentes entre sí. «La clave para que conecte con el espectador no depende tanto de qué cuente o de dónde proceda como que te haga sentir cosas», reflexiona el jefe de guion. «Este año ha pasado algo parecido con la película coreana Parásitos: es una historia que habla de ricos y pobres, de padres e hijos,  de hermanos… y los universos familiares conectan mucho. Creo que La casa funciona mejor allí donde se entiende muy bien la familia, el espectro emocional es muy similar». Y añade: «Una de las cosas más difíciles era conseguir no tanto que fuera una historia real como que resultara veraz».

ÉXITO ‘MADE IN SPAIN’
«En estos momentos la ficción española está viviendo una nueva edad de oro», dice Jesús Colmenar. «Ha habido otras, claro, pero ahora el mundo mira cualquier cosa que se haga en España». Morte también lo suscribe: «Aquí hemos hecho joyas, muy interesantes, pero no sé por qué ha habido un momento en que nos ha vencido un poco esa especie de complejo. Esta serie es un ejemplo y me enorgullece formar parte de ello. Es cierto que no hemos sido los primeros y probablemente tampoco hayamos sido los mejores», asiente con humildad. «Pero sí hemos sido una especie de catalizador o una puerta que pone a la ficción española en un lugar de interés para el resto del mundo. Y es muy bueno para todos, porque se ha reactivado la industria audiovisual en España, genera empleo y visibiliza el talento». Y algo de razón tiene cuando Netflix ha localizado su sede europea en Madrid.

El momento, desde luego es el idóneo. Vancouver es un ejemplo de pequeña productora con sueños grandes (apenas son una decena de personas fijas, aunque en producción pueden llegar a 200). Actualmente se encuentran inmersos en el rodaje de otra serie para Netflix, Sky Rojo, también idea de Álex Pina. Aunque en el impasse que hubo entre el interés de la cadena norteamericana y el despegue de La casa de papel, hubo otros que se fijaron en lo que hacían Pina y compañía. La productora británica de The Crown, Left Bank, les planteó hacer algo juntos, y de ahí nace White lines, otra serie que se estrenará este año.

Y parece que les ha cambiado la vida, aunque el director matiza: «El éxito no es una cosa que hayamos vivido de una manera glamurosa, ni mucho menos. Vale, nos han dado un Emmy y otros premios que hemos recibido muy contentos, pero es algo que vives más por las redes sociales, era algo que sucedía mientras nosotros trabajábamos como locos. No paramos de trabajar, ¡y siempre estamos cansados!», bromea. El jefe de guion, por su parte, confiesa que alguna ventaja sí tiene: «En realidad uno escribe igual para una persona o para un millón, lo que cambia es el tamaño de tus ideas. Si pongo en un papel Panamá, rodamos en Panamá. Hay cosas que mejoran mucho porque puedes tener una ambición más grande».

A quien sí le ha cambiado más la vida es a Álvaro Morte. Ahora tiene más proyectos sobre la mesa y su popularidad ha subido como la espuma, aunque asegura que “en lo personal, por suerte, sigo siendo el mismo”. Es un gran aficionado, por cierto, a la cocina y nos brinda una nueva comparación: «Si hay algo que yo destacaría de la serie es que tiene equilibrio, como en los platos de los grandes chefs. Equilibrio entre los ingredientes. Un buen chef es capaz de preparar un menú en el que puedes degustar diversos sabores, texturas, temperaturas…esta serie apela a emociones y registros muy distintos. En ‘La casa de papel’ cabe la acción, la aventura, el romanticismo, el drama, todos los ingredientes están ahí en su justa medida».

Y en este ‘restaurante’ sólo caben las buenas ideas. Javier Gómez Santander sabe de lo que habla: «Los guionistas estamos todo el día probando el caldo. Sólo que el 90% de las veces es que no… La verdad es que si fuéramos un restaurante sería un desastre, estaríamos todo el día tirando comida», remata.

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