Enrique Urbizu mira a la cámara de Tapas en la Plaza de la Luna de Madrid. Foto: Jaime Partearroyo

En 2011, la gran triunfadora en la gala de los Goya fue No habrá paz para los malvados, que ganó seis de las catorce candidaturas a las que aspiraba, incluidas las de Mejor Director y Mejor Guión Original, que recayeron directamente en Enrique Urbizu (Bilbao, 1962).

En vez de encumbrar eternamente a su máximo responsable, las dificultades para rodar nuevos proyectos aumentaron. Desde entonces, Urbizu pudo crear Gigantes (Movistar+, 2018-2019), una serie de dos temporadas que seguía las brutales andanzas del clan de los Guerrero por dominar el narcotráfico en España desde El Rastro.

Ahora, el director presenta su nuevo trabajo, Libertad, serie de cinco capítulos en la misma plataforma y película, condensando el metraje, con Bebe como La Llanera, bandolera ficticia de la España de principios del s. XIX.

¿Cómo lleva un gran aficionado a la gastronomía como tú comer en un rodaje que se ha llevado a cabo, fundamentalmente, en exteriores?

Pues, precisamente, una de las cosas que más me gustan de los rodajes es el cátering. Y el bocadillo. En el rodaje de Libertad, a la hora del descanso teníamos un pequeño círculo de ‘bocadillo con suplemento’ que nos traíamos cada uno de casa. Me encanta esa sensación de campamento, de hacer fila con la bandeja. Pero ahí siempre como poco y mal, porque estoy de los nervios… me siento y me levanto. No puedo estar quieto.

Pero, coomo dices, soy un cocinero doméstico más que aceptable y muy precoz. Antes de salir de casa de ama ya me podías encontrar entre pucheros. Me gusta mucho cocinar y lo hago, prácticamente, a diario, aunque sin alharacas. Me interesa mucho la cocina y me da un poco por culo que esté tan presente ahora en todas partes. Me encanta también visitar restaurantes, algo que con la pandemia sanseacabó.

Triunfaste en 2011 y después sólo apareces con Gigantes y ahora con Libertad… ¿Qué ha pasado?

En medio están (dos capítulos de la serie de Telecinco) Las aventuras del Capitán Alatriste, que fue un pequeño desastre personal. En este tiempo hay mucha escritura, dos guiones de largometraje y una miniserie sobre la trata de blancas que escribimos Michel Gaztambide y yo, pero no se consiguió encajar ninguno de los proyectos. Luego ya arrancó Gigantes, que supuso reactivar el trabajo con Miguel Barros, con Michel, con el equipo de producción de La Zona. Así han sido estos cinco últimos años.

Enrique Urbizu mira a la cámara de Tapas en la Plaza de la Luna de Madrid.

¿Tan mal está la industria cinematográfica en España?

No sé si es un mal de la industria o si mi caso puede servir de ejemplo de nada. Hacer largometrajes se ha convertido en algo casi exótico y quizás tenga un camino más angosto aún de lo que era. En cualquier caso, el carácter de los guiones fue la razón por la que no encontraron financiación en varios de los sitios a los que acudimos. Será porque eran ‘cosas arriesgadas’, que es lo que se suele decir… Pero sin trabajar no hemos estado. Ha habido mucho trabajo. Otra cosa es que no se haya conseguido llevar a cabo aún.

En su día también se dijo que Stallone quería hacer una versión de No habrá paz para los malvados en EE UU…

Sí, compró la opción, que es algo que hacen en Estados Unidos con bastante frecuencia. Luego la van renovando si se les retrasa o el proyecto no avanza. Y ya cuando lo ponen en marcha cierran el trato.

Stallone compró esos derechos y llegué a reunirme con él en Los Ángeles, en una comida, para hablar un poco del proyecto. ¡Fue curioso comer con Silvester! Luego tuvo problemas personales con la familia: la muerte de un hijo. Después hizo Los mercenarios 2. O la 3, no recuerdo bien, y supongo que ya se le pasó el calentón con el proyecto.

No he vuelto a tener noticias. Hubiera estado bien y hubiera sido gracioso, porque me ofrecieron dirigirla…

¿Cómo aparece Movistar en tu vida y cómo surge el proyecto de Libertad?

Movistar apareció en el mercado para todos nosotros como una opción de gente muy dispuesta a arriesgarse en productos no habituales o no garantizados a priori. Me refiero a que no buscan un mercado claro o un target de espectador con unos esquemas definidos.

Los primeros años de Movistar han sido, me gusta definirlo así, como de ‘investigación y desarrollo’: I+D. Han hecho cosas dispares, formatos dispares y, sobre todo, nos han dado libertad y confianza a los cineastas, en todos los sentidos. Y yo ahí encajo muy bien.

En cuanto a Libertad, la idea de hacer una serie de bandoleros era algo que anhelaba desde hace décadas. Que les gustara y que aceptaran que fuera tan sui géneris y tan poco aparentemente ‘de bandoleros’ (o lo que se puede esperar de una serie de bandoleros) ha sido una sorpresa. ¡Ojalá dure! Porque es una relación muy satisfactoria para nosotros.

¿Qué es lo que te atrae del mundo bandolero?

Estoy en el cine porque de pequeño me gustaba jugar a vaqueros, en el monte, y las películas de aventuras y el western. Tuve una abuela andaluza y le tengo cariño a la figura del bandido rural. Además, el s. XIX es una época apasionante. Y la idea de Libertad es contar la historia del XIX como fondo, narrando historias de los delincuentes.

El Aceituno, El Lagartijo o La Llanera, los bandoleros de la serie, ¿fueron reales?

No. La Llanera es un personajazo del que Miguel Barros tiene escrito incluso la precuela de sus historias de antes de entrar en la cárcel. Partiendo de ahí, Michel y Miguel Barros se pusieron a crear bandoleros.

Ellos crean la idea y luego se va proponiendo una especie de argumento del desarrollo de los personajes. Y luego nos ponemos juntos a hacer el Moisés de Miguel Ángel: a partir del bloque se empieza a moldear; te acercas, miras, compruebas, lees, conversas otra vez, discutes, se vuelve a escribir y poco a poco se va consensuando y discutiendo por el camino. Pero luego hay que dejar a la gente que trabaje, porque descubren cosas, porque se atreven a cosas. Y luego ‘llega Paco con la rebaja’: el presupuesto, el rodaje… y en este rodaje las localizaciones naturales mandan mucho y estás sometido a lo que nos dijera la madre naturaleza. Si llovía, llovía; y si no llovía, pues no llovía. Y con todo eso tienes que ir haciendo mini adaptaciones a diario.

El personaje que tenía que sufrir una insolación, al final tiene que coger un catarro… Ese tipo de cosas formaban parte del viaje. Pero hemos podido rodar en exteriores, rodar con caballos, rodar época. ¿Tú sabes las pocas oportunidades que tenemos de acercarnos a algo así? Ha sido un placer hacer Libertad.

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