Gastro

Dime qué escuchas y te diré que comes

La música no solo acompaña una comida: también cambia cómo la percibimos. Un sonido agudo puede potenciar lo dulce, mientras los graves intensifican sabores salados o amargos, transformando cada bocado.

Se ha demostrado que los sonidos pueden llegar a alterar los sabores que percibimos. (Imagen generada por IA)

Tanto la música, en sus diferentes estilos, como la gastronomía, son expresiones culturales que reflejan identidad, territorio, historia y emociones. De hecho, la música puede considerarse una extensión del placer, porque acompaña la comida, la sazona, y cada plato típico de un lugar va unido a canciones que cuentan historias de origen, ingredientes autóctonos o técnicas culinarias que pasan de generación en generación y nos llevan a evocar emociones y recuerdos asociados a ciertos sabores y aromas.

Se ha demostrado que los sonidos pueden llegar a alterar los sabores que percibimos: los tonos agudos (violines, flautas, notas brillantes) tienden a realzar sabores dulces o ácidos, mientras que los graves (bajos, percusión) potencian lo amargo o lo salado. Lo que escuchamos condimenta lo que comemos. Eso es así. También una copa de vino puede parecer más dulce o seca según el tipo de música que la acompañe.

Asimismo, la elección de la comida según el tipo de música que escuchamos no es algo casual, porque influye en qué queremos comer. Cada bocado tiene su propio ritmo y en este artículo vamos a explorar la relación entre los diferentes estilos musicales y cómo influyen en la percepción de los sabores.

Según el cantante Alice Cooper, la música y el rock and roll tienen mucho en común. Fotografía: Getty Images

Jazz

Este género musical surgió a finales del siglo XIX y comienzos del XX en las comunidades afroamericanas de Nueva Orleáns como una mezcla de blues, spirituals, ragtime y las marchas de banda. Cada intérprete imprime su sello personal y espontáneo, pero siempre creando un lenguaje totalmente libre que ha ido evolucionando con el paso de los años hasta convertirse en un lenguaje global.

El jazz se saborea, porque no acompaña la comida, sino que la transforma. Ya lo decía Duke Ellington, “si suena bien, es bueno”. Y es que su ritmo pausado y elegante nos invita a comer despacio un carpaccio de res o salmón con aceite de trufa, queso brie con miel y nueces, ostras o un risotto de setas, acompañados por una copa de vino tinto o un Manhattan en copa baja.

Rock

El Rock and Roll tiene su origen en Estados Unidos, en la década de los años cincuenta, surgiendo de la fusión del blues, country, boogie-woogie y góspel. Su evolución hasta la actualidad ha pasado por su fragmentación en varios estilos y subgéneros, como el heavy metal, el glam rock, grunge, indie rock, pop-punk o la integración del rock en la música popular urbana.

Las estrellas del rock han tenido una estrecha relación con la comida, a menudo reflejada en letras, entrevistas o su estilo de vida. Alice Cooper afirmaba: “La comida es como el rock and roll: tiene que ser intensa y memorable”. No en vano, esa energía, rebeldía y ritmo rápido aumentan el apetito y estimulan la liberación de adrenalina. En los festivales de rock, la comida sigue ese mismo patrón: rápida, sabrosa, abundante y fácil de comer mientras se disfruta del concierto, muchas veces multitudinario y al aire libre. En este ambiente ruidoso e intenso, no faltan las típicas hamburguesas, hot dogs, patatas fritas, nachos o alitas de pollo, acompañados de cerveza, refrescos o bebidas energéticas.

Pop

Rosalia es una gran amante de la comida. (@rosalia.vt)

Es una combinación de varios géneros musicales y una alternativa más suave y comercial al rock and roll. Se caracteriza por ritmos y melodías ligeras para un público más joven, quienes, a través de festivales y conciertos y a la influencia de muchos de los artistas de este género, lo consideran como referente de su colectivo. Es por ello que términos como mainstream, fenómeno fan o música comercial siempre se han asociado al pop. Cantantes como Madonna o Beyoncé han admitido la importancia de la gastronomía en su estilo de vida, considerándola uno de los mayores placeres de la vida. En sus conciertos siempre hay un ambiente de optimismo y familiaridad que favorece la comida rápida y fácil de comer, como snacks, bocadillos, ensaladas, sushi, frutos secos, dulces, y bebidas como refrescos, smoothies o cócteles frutales.

Música latina

Los ritmos folclóricos y las melodías autóctonas sentaron las bases de lo que hoy conocemos como música latina, mezclándose con las tradiciones musicales europeas y africanas. Ritmos como la cumbia colombiana, el tango de Argentina, la salsa de Puerto Rico, la bossa nova brasileña, el bolero o el mariachi de México, se han expandido a nivel internacional, convirtiéndose en un fenómeno cultural. Más recientemente, el reguetón, un género urbano nacido en Puerto Rico, es también un fenómeno global. La música latina inspira sabores intensos que nacen de la sinergia que celebra su herencia mestiza. Artistas como Shakira o Bad Bunny reconocen que la comida es parte de su identidad y les conecta con sus familias.

Son platos vibrantes, picantes y llenos de colorido, con el mismo fuego y pasión que su música: empanadas, tacos, arepas, ceviche o arroz con pollo, que suelen acompañarse de salsas frescas como el guacamole o pata de gallo.

Electrónica, techno y house

Richie Hawtin explica que la comida y la música son experiencias sensoriales. (@richiehawtin)

La música electrónica de los años 80 fue un fenómeno revolucionario que marcó un antes y un después en la industria musical, ya que, con la popularización de los sintetizadores, se abrió un mundo de posibilidades para la experimentación de nuevos sonidos. Algunos de los subgéneros más populares fueron el techno, con un ritmo acelerado y sonidos futuristas, y el house, llenando festivales y pistas de baile de todo el mundo.

La comida y la música, como explicaba Richie Hawtin, son experiencias sensoriales, y es cada vez más importante en este tipo de festivales y raves, donde los sabores intensos y las texturas crujientes acompañan ritmos rápidos. Bocados energéticos y sabrosos como pizza, tacos, nachos, wraps, snacks salados, frutos secos o patatas.

Country

El country surgió en los años veinte en las regiones rurales de Estados Unidos, combinando la música folclórica de algunos países europeos de inmigrantes con otras formas musicales ya arraigadas. La gastronomía sureña es un reflejo de la vida rural, reconfortante, rústica y basada en ingredientes locales.

Kenny Rogers decía que el pollo frito o la tarta de manzana eran platos que formaban parte de su herencia musical y gastronómica, así como los macarrones con queso o carnes cocinadas a la barbacoa, salchichas, codillo de cerdo o ahumados.

Música clásica

Los siglos XVII y XVIII fueron el periodo más importante de la música clásica, y vieron nacer la ópera, la sonata, el concierto y la sinfonía. Estos géneros crean un ambiente sofisticado que no solo acompaña lo que comemos, sino que influye en cómo saboreamos los alimentos. Se sabe que algunos de los compositores más reconocidos eran también apasionados de la gastronomía, como Beethoven, que afirmaba que la música y el vino inspiran la creatividad, y la buena comida es su acompañante natural. La música clásica armoniza el paladar, combina muy bien con platos de la cocina italiana, loncheados ibéricos y con platos de autor y alta cocina, porque ralentiza la masticación y consigue que disfrutemos más con cada sabor.

Música callejera

Muchos artistas han comenzado sus carreras tocando en las calles para darse a conocer con la ambición de llegar a ser un músico reconocido algún día. Un sueño que requiere de empeño, tiempo, constancia y algo de suerte.

Los festivales de música y comida callejera son una alternativa que hace años que triunfa en ciudades como Berlín, Londres o Nueva York, llegando también a España. Cada vez más, este tipo de eventos se unen al reto de ofrecer una manera de comer fácil, en formato de gastronomía callejera o streetfood, en el que siempre destacan alimentos proteicos, como bocadillos o pequeños platillos, y a precios populares.