En Galicia, el agua no se limita a dibujar el paisaje: también deja su huella en el vino. Se desliza entre los bancales, atraviesa la memoria de las levadas y acompaña el trabajo de quienes llevan generaciones cultivando la vid. En ese territorio de suelos graníticos e influencia atlántica nace DEIVA 2024, el primer vino blanco español de TEMPOS Vega Sicilia, una apuesta por explorar hasta dónde puede llegar el Albariño cuando se escucha cada parcela y se respeta su singularidad. Detrás de sus primeras 32.877 botellas hay una década de búsqueda, 24 hectáreas de viñedo propio y una ambición que no se mide solo en la cosecha, sino también en el tiempo que queda por delante.
Un vino que empieza mucho antes de la botella
En el mundo del vino, hay decisiones que no se pueden acelerar. Conocer una tierra, comprender cómo responde la vid a la lluvia, al suelo o a los cambios de temperatura, y distinguir lo que hace singular a una parcela exige tiempo. A veces, años. En el caso de DEIVA, ese recorrido comenzó a tomar forma en 2018, cuando TEMPOS Vega Sicilia adquirió sus primeros viñedos en Galicia. La primera añada comercial, DEIVA 2024, llegará al mercado en 2027, después de una década de investigación, observación y aprendizaje.

La iniciativa responde a una ambición concreta: elaborar un gran vino blanco español con identidad propia, profundidad y capacidad de guarda. Para ello, la compañía ha elegido Rías Baixas y el Albariño, una variedad inseparable de la tradición vitivinícola gallega, pero también capaz de ofrecer registros distintos según el lugar donde crece y la manera en que se trabaja.
El proyecto ha supuesto una inversión inicial de 20 millones de euros y cuenta con 24 hectáreas de viñedo propio, repartidas entre varias fincas de dos subzonas de la denominación de origen: Val do Salnés y Condado do Tea. En Crecente, Pontevedra, una bodega propia permite elaborar por separado las distintas procedencias y estudiar cómo responde cada vino antes de decidir qué aporta al conjunto.
La primera cosecha comercializada suma 32.877 botellas. Una producción limitada para un proyecto que no se plantea como una meta alcanzada, sino como el principio de una trayectoria que aspira a construirse añada tras añada.
Dos paisajes gallegos, dos maneras de entender el Albariño
La personalidad de DEIVA nace del encuentro entre dos territorios próximos, aunque distintos en su expresión. En Val do Salnés, la influencia atlántica favorece una interpretación marcada por la frescura, la acidez y la tensión. Condado do Tea, con una mayor influencia continental, aporta madurez, amplitud y estructura.
La intención no consiste en borrar esas diferencias, sino en comprenderlas y encontrar el equilibrio entre ellas. De esa complementariedad parte DEIVA 2024, elaborado exclusivamente con Albariño: un vino que busca reunir la viveza de un origen y la profundidad del otro sin que ninguno pierda su carácter.

El viñedo se distribuye en cinco fincas. Caxín y Sisán se encuentran en Val do Salnés; Palancas, Framilo y Valeixe, en Condado do Tea. Cada parcela presenta sus propias condiciones de suelo, clima y comportamiento de la planta, de modo que el trabajo comienza mucho antes de la vendimia. Observar esas particularidades permite ajustar las decisiones de cultivo y elaboración a cada procedencia, en lugar de aplicar una fórmula idéntica a todas.
Rías Baixas reúne una larga tradición vitivinícola, suelos predominantemente graníticos y una relación estrecha con el agua. En este contexto, el Albariño no es solo una variedad reconocible: es también una forma de leer el paisaje. La búsqueda de DEIVA pasa por explorar hasta qué punto sus matices pueden expresarse cuando se presta atención a las diferencias entre viñedos.
El río que da nombre al vino
DEIVA toma su nombre del río Deva, vinculado al territorio de Condado do Tea. Su presencia va más allá de una referencia geográfica: el agua forma parte de la historia agrícola de la zona y del conocimiento que ha permitido trabajar sus tierras durante generaciones.
En algunas parcelas, las tradicionales levadas gallegas conducen el agua del río hasta los viñedos. Estas canalizaciones hablan de una relación antigua entre la naturaleza y la intervención humana, pero también ayudan a entender una cuestión esencial para la viticultura: cómo circula el agua, dónde se retiene y de qué manera influye en cada planta.
En Rías Baixas, donde la lluvia convive con suelos graníticos de gran capacidad de drenaje, estudiar el comportamiento hídrico de las parcelas permite tomar decisiones más precisas. La observación del agua, unida al seguimiento del clima y del desarrollo de la vid, ayuda a comprender mejor las necesidades de cada viñedo.
Esta atención al detalle se extiende a la investigación sobre la diversidad genética del Albariño y la prevención de enfermedades como el mildiu. Para ello, el proyecto contempla herramientas tecnológicas y trabajos de investigación aplicada en colaboración con el CSIC. La tecnología aporta información y capacidad de anticipación; la interpretación de esos datos y las decisiones que se toman a partir de ellos siguen dependiendo del conocimiento humano.
La precisión también se construye en la bodega
La filosofía de DEIVA se resume en una idea: conocer antes de intervenir. En la práctica, esto significa estudiar cada parcela por separado, realizar microvinificaciones y observar cómo evoluciona cada partida antes de decidir qué tratamiento necesita.
La bodega de Crecente está concebida para facilitar ese trabajo. El acero inoxidable, el hormigón, el granito y la madera permiten explorar distintas formas de elaboración y crianza, con el objetivo de comprender cómo influye cada recipiente en el desarrollo del vino. No se trata de imponer una técnica por sistema, sino de encontrar la que mejor acompañe a cada origen.

DEIVA 2024 ha tenido una crianza de 18 meses sobre lías, con un 60 % del vino en acero inoxidable y el 40 % restante en hormigón, granito y fudres de madera. Después del embotellado, la ficha técnica prevé un reposo mínimo de entre seis y nueve meses antes de su salida al mercado.
La vendimia se realizó manualmente entre el 8 y el 20 de septiembre de 2024, en cajas de 12 kilos, con un rendimiento de 8.000 kilos por hectárea, equivalente a 52 hectolitros por hectárea. El vino presenta una graduación alcohólica del 13,5 %.
La añada estuvo marcada por un invierno cálido y húmedo, una primavera lluviosa y un verano más seco y cálido, especialmente en agosto, condiciones que favorecieron la maduración. Como sucede en cualquier proyecto que depende del ciclo natural de la vid, cada campaña introduce variables que obligan a observar, comparar y adaptar las decisiones.
DEIVA 2024: fruta, tensión y una huella salina
La primera añada ofrece una aproximación a la identidad que el proyecto quiere desarrollar. En nariz aparecen notas de fruta blanca, cítricos maduros y delicados matices florales, sobre un fondo mineral. En boca, la amplitud convive con la tensión y la frescura, acompañadas de profundidad, una marcada sensación salina y un final largo y limpio.
Esa combinación responde al encuentro entre Val do Salnés y Condado do Tea. La primera aporta frescura y precisión; el segundo contribuye con madurez, volumen y estructura. La crianza sobre lías y el uso de distintos recipientes buscan acompañar esas características y aportar textura, sin ocultar la expresión de los orígenes.
La ficha técnica estima para el vino un potencial de guarda superior a 15 años, una perspectiva coherente con la ambición de construir un blanco capaz de evolucionar en botella. Su temperatura de servicio recomendada es de 12 °C.
Más que establecer una receta definitiva, DEIVA plantea un método de trabajo. Cada añada deberá interpretarse según las condiciones de la cosecha y las particularidades de las parcelas. Lo que hoy se presenta como una primera expresión es, por tanto, también una base de aprendizaje para los vinos que vendrán después.
Un equipo para construir a largo plazo
Detrás del proyecto hay un equipo que combina experiencia internacional, conocimiento técnico y arraigo gallego. Pablo Álvarez, consejero delegado de TEMPOS Vega Sicilia, impulsa la visión que dio origen a DEIVA: desarrollar un gran vino blanco español. Al frente de la dirección general está Jessica Julmy, incorporada al grupo en 2025 y con experiencia anterior en el sector del lujo y los vinos y espirituosos.

Gonzalo Iturriaga, director técnico de TEMPOS Vega Sicilia desde 2015, lidera la interpretación enológica del territorio y las decisiones de elaboración y crianza. Enrique Macías, director de viticultura del grupo desde 2003, ha participado en la selección y el estudio de los viñedos. Guillermo Alvarado, enólogo de DEIVA con más de tres décadas de experiencia en distintas denominaciones gallegas, acompaña la elaboración y la evolución de los vinos en bodega. Mónica Chaves Padín, ingeniera agrónoma natural de Cambados, coordina el trabajo en los viñedos de Val do Salnés y Condado do Tea, con especial atención al agua, el clima y el comportamiento de cada parcela.
La combinación de perfiles responde a una necesidad concreta: comprender el territorio desde distintas escalas, desde las condiciones de cada viña hasta las decisiones que terminan dando forma al vino. La experiencia acumulada por TEMPOS Vega Sicilia se encuentra así con el conocimiento local y con la voluntad de seguir investigando.
El comienzo de una historia que necesita tiempo
DEIVA nace de una búsqueda que comenzó hace una década y que ahora encuentra su primera expresión comercial. Su llegada al mercado en 2027 abre un nuevo capítulo para TEMPOS Vega Sicilia: el de su primer vino blanco español, elaborado en Galicia a partir de una variedad profundamente vinculada a su paisaje.
Con 24 hectáreas de viñedo propio, una inversión inicial de 20 millones de euros y una primera producción de 32.877 botellas, el proyecto reúne ambición y escala limitada. Pero las cifras no cuentan por sí solas lo que DEIVA quiere llegar a ser. Para entenderlo, habrá que observar cómo evoluciona el vino, qué aprende de cada cosecha y hasta dónde puede llevarlo el diálogo entre dos territorios de Rías Baixas.
En una región donde el agua dibuja caminos, el granito sostiene las raíces y la tradición se transmite de generación en generación, DEIVA propone una manera de avanzar sin dar por terminado el aprendizaje. La primera botella no cierra el relato: lo pone en marcha.