Bodegas Imperiales acaba de presentar la añada 2018 de su vino más joven: Abadía de San Quirce barrica 6 meses. Y lo ha hecho con una nueva imagen que se adapta a los tiempos modernos, sin perder por ello la filosofía de la casa, que ha sido, desde que arrancara su andadura en el año 1998, ir más allá del típico roble, es decir, pensar desde el viñedo y elaborar el cien por cien de sus productos con la variedad de uva Tinta Fina.

De sus viñas más jóvenes, todas ellas en vaso, como se hacía tradicionalmente en esta esta región (en los términos de Aranda de Duero y La Aguilera), se elabora este vino Abadía de San Quirce barrica 6 meses en el que se busca fundamentalmente un perfil fresco y frutal, con una crianza –como su nombre indica claramente– de medio año en roble (60% americano y 40% francés). La nueva imagen de la que hablábamos antes se ha aplicado a los 4 elementos externos que componen su estética: la etiqueta, la contraetiqueta, la cápsula y la botella, que ahora es de tipo borgoña (antes de estilo bordelés). Destaca especialmente la elección de un vidrio de tonos ambarinos, que le aporta elegancia, así como el color cobre de la cápsula, que refuerza el conjunto.

En el interior de este renovado continente, encontramos un muy interesante contenido: un vino D.O.P. Ribera del Duero muy equilibrado, de alta calidad, que refleja las peculiaridades del suelo y de la variedad autóctona que le da vida, la Tinta Fina. Presenta un color cereza brillante, un aroma fresco a fruta roja madura y notas especiadas,  y en boca es amable, carnoso, con finas notas de roble y un toque mineral. Por eso combina especialmente bien con carnes rojas, quesos, pasta, aves corral o pescados grasos.