Con una filmografía tan intensa como universal, Isabel Coixet (Barcelona, 1960) comenzó a dirigir películas cuando le regalaron una cámara de 8 mm por su comunión. Rodó su primera película, Mira y verás, en 1984. Desde entonces, su carrera ha sido imparable, con más de una treintena de películas, consiguiendo numerosos premios, entre ellos, ocho Goyas.
Pero además de su carrera como cineasta, Coixet tiene una interesante trayectoria como autora. Su último libro se publica este mes: Silencio, se come (editorial Siruela), en el que nos recuerda en unos artículos que comer bien es mucho más que alimentarse: es un acto de celebración compartida con aquellos que se sientan en la mesa.
En Silencio, se come relatas una selección de crónicas gourmet y estilo de vida ¿Cómo surge?
Tengo una columna en El Gourmet y antes había escrito desde cuentos hasta relatos que tenían que ver con la gastronomía, porque es un tema que me fascina. Me propusieron unirlas en un libro, dentro de una colección que tiene libros muy bonitos (para uno de ellos ya había escrito el prólogo, que tiene que ver con el mundo de la gastronomía desde muchos puntos de vista). Se me ocurrió este título, Silencio, se come, porque, evidentemente, alude a “Silencio, se rueda”, y tiene que ver también con que en todas mis películas siempre hay un componente gastronómico. La gastronomía nos define. La relación que tenemos con la comida, sea en casa o en la de los demás, en restaurantes, bares o en antros, dice mucho de quienes somos.
De todas las historias que cuentas en el libro, ¿cuál destacarías?
La mayoría de los textos del libro son artículos, pero hay una narración que tiene que ver con una mujer que “se va a umami” para busca algo que finalmente encuentra en un puesto de ramen en Osaka, pero que nunca vuelve a encontrar. Para mí, alude al carácter evocador y a veces elusivo de la comida. Nos marca una fragancia mezclada con sabores, olores, que queremos siempre reencontrar. Es como cuando vas a un restaurante y el plato favorito con el que fantaseabas hace tiempo, ya no está, o está, pero ya no es el mismo, porque han cambiado al cocinero o al proveedor o lo que sea. Este relato umami me gusta mucho porque reúne todas las cosas que pienso sobre el mundo de la gastronomía.
¿Qué comerías a cualquier hora del día?
Anchoas. Ayer vinieron amigos a casa, y yo, que acababa de llegar de viaje, me había traído unas latas de anchoas de Santoña y de conservas Serrats, como navajas con aceite… Así que cogí una lata de anchoas, les puse una base de labneh, granos de granada, les rallé por encima una piel de lima y, con pan, eso fue lo que cenamos. Me encantaría cocinar más y mejor de lo que lo hago, pero se hace lo que se puede.

Has ejercido como presidenta del jurado de la sección Culinary Zinema de San Sebastián. ¿Cómo fue la experiencia?
He estado con el escritor Xabier Gutiérrez, que estuvo trabajando en Arzak 30 años, y con Cristina Jolonch, periodista de La Vanguardia. Cada día, en el Basque Culinary Center se hacían comidas temáticas relacionadas con lo que habíamos visto. Por ejemplo, un día vino a cocinar Paco Morales, del restaurante Noor de Córdoba, y nos hizo un postre maravilloso con forma de estrella mudéjar, que es el mejor que he probado desde hace años. Hemos degustado comida vasca, mallorquina, japonesa, etc., y ha sido una experiencia muy bonita, muy interesante. Se le dio el premio a la película Burgundy, que trata sobre el mundo del vino en la Borgoña, y que es de los mismos autores de la película Cazadores de trufas.
¿Cuál es tu película favorita sobre gastronomía?
El festín de Babette. Es la historia de una mujer de finales del siglo XIX que prepara un festín para unas personas a las que, teóricamente, no les gusta comer ni la comida, y se gasta todo el dinero de un premio de la lotería en invitarles para enseñarles ese otro mundo de comida y bebida que no conocen. Es una obra maestra. Me habría encantado hacerla.
Rodaste para HBO la serie Foodie Love. ¿Tienes pensado dirigir alguna otra sobre gastronomía?
Ahora se va a estrenar en Sundace TV una serie que he hecho en Francia para Arte, donde uno de los personajes es un chico que está aprendiendo a ser un sushi master.
¿Sigues los programas de TV de gastronomía?
No, no me interesan. Ver gente cocinando en un concurso no me aporta nada. He tenido alguna propuesta, pero no quiero ir a estos programas ni de concursante, ni de jurado, ni de nada. Lo que sí me gusta es ser jurado en festivales de cine porque aprendes mucho, pero en un concurso de estos, donde todo es marketing, no me va. Entiendo que ha habido gente que ha salido de estos concursos y le ha valido como un empujón, pero no es lo mío.
¿Alguna manía en gastronomía?
Tengo manías completamente estúpidas. Una de ellas es que no puedo comer bacalao, ni nada que sea viscoso. Tampoco las kokotxas, porque tengo manía a algunas palabras, y con esa no puedo.
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