Hay historias que nacen con el fuego como elemento principal y el océano Atlántico como testigo. La de Gurisa comenzó al otro lado del mar, en un rincón de José Ignacio, en Uruguay, de la mano del chef Lucas Bustos y Agustina Vela. Con las raíces argentinas de Bustos, natural de Mendoza, y la vocación de hospitalidad de Vela, el número 31 de la calle Zurbano se ha convertido en uno de esos refugios madrileños que demuestran la riqueza y diversidad de la gastronomía latinoamericana.
Con motivo de la XXX Cumbre Iberoamericana, el restaurante se convierte en un punto de encuentro para la comunidad internacional que estos días se da cita en la capital. Para celebrar la diversidad de la región, Gurisa propone una selección de algunos de los platos más representativos de su cocina, reinterpretados para la ocasión. El resultado es un menú que funciona como una conversación entre ambas orillas del Atlántico, donde los sabores sirven de puente entre historias, influencias y formas de entender la gastronomía.
Mientras líderes y representantes de la comunidad iberoamericana se reúnen en Madrid, Gurisa traslada ese espíritu de encuentro a la mesa. El proyecto de Bustos y Vela propone un recorrido gastronómico que refleja el diálogo permanente entre territorios, productos y tradiciones culinarias, reivindicando la cocina como un lenguaje capaz de unir culturas.
Un viaje sin moverte de la mesa


Más que crear una carta completamente nueva, Gurisa apuesta por redescubrir las recetas que forman parte de su identidad a través de guiños a distintos rincones de Latinoamérica, estableciendo un diálogo natural con la tradición culinaria española. La propuesta especial diseñada para estos días resume la trayectoria de un proyecto que ha construido su personalidad a partir del intercambio cultural y la excelencia del producto.
La experiencia se articula en torno a elaboraciones como la entraña de Angus acompañada de una ensalada de quinoa del Alto Perú; el ojo de bife con papines andinos; un crudo de pesca gallega con leche de tigre o el pichón al hierro con mole especiado. El recorrido continúa con algunos de los grandes clásicos de la casa, como los chivitos uruguayos o el wagyu argentino con láminas de yuca, ofreciendo una panorámica de algunos de los sabores más emblemáticos del continente.

En Gurisa todo gira alrededor del fuego y de una cuidada selección de producto de temporada. La despensa española ocupa un lugar fundamental dentro de la propuesta, aportando cercanía y arraigo a una cocina abierta al mundo. Esa visión también se traslada a la bodega, que reúne referencias de distintos territorios de España sin dejar de mirar a otras regiones vinícolas internacionales.
Gurisa habla con naturalidad el idioma de la gastronomía: el de la honestidad, el respeto al producto y la capacidad de reunir a personas de diferentes procedencias alrededor de una misma mesa. Un proyecto que reivindica la convivencia entre las influencias latinoamericanas y españolas y que, con cada servicio, demuestra que la cocina sigue siendo una de las herramientas más poderosas para conectar culturas.