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Recovery a la carta. Así son los nuevos templos del fitness

El entrenamiento ya no termina cuando se apaga la música y se abandona el reformer. Cada vez más estudios de fitness incorporan cafeterías, barras de smoothies y propuestas gastronómicas saludables para prolongar la experiencia más allá de la última repetición.

mejores recovery
Circl (Calle Balmes 82, Barcelona)

Hubo un tiempo en el que salir del gimnasio significaba dar por terminada la sesión. Como mucho, a este momento de autocuidado le acompañaba una botella de agua o un batido de proteínas tomado con prisas antes de volver a la rutina. Pero algo está cambiando en la manera de entender el ejercicio. Ahora, después de una clase de pilates, barre, Lagree o entrenamiento funcional, apetece quedarse un rato más. Y no necesariamente para hacer otra serie de abdominales, sino para tomar un matcha ceremonial, pedir un smoothie, desayunar tranquilamente o compartir un café con quienes acaban de sudar a nuestro lado.

El fenómeno tiene nombre: recovery. Un concepto que ha dejado de limitarse a los protocolos de recuperación muscular para convertirse en una parte cada vez más visible de la experiencia wellness. Son muchos los estudios boutique que han empezado a incorporar cafeterías, barras de bebidas funcionales y pequeños espacios de restauración que convierten el postentrenamiento en un plan en sí mismo.

La fórmula tiene sentido: si el bienestar se construye a través de hábitos, ¿por qué no integrar también la alimentación y la socialización en el lugar donde entrenamos? El resultado son espacios híbridos que se parecen menos a un gimnasio convencional y más a un club en el que movimiento, nutrición y comunidad comparten dirección. Aquí van algunas de nuestras favoritas:

Del reformer a la cafetería

En Madrid, uno de los ejemplos más claros es AMA Studio. Especializado en el método Lagree, el estudio ha incorporado una cafetería propia en la que prolongar la visita con zumos naturales, smoothies, bowls de temporada y sándwiches y tostadas elaborados con pan de masa madre. Una propuesta que permite pasar del entrenamiento de alta intensidad y bajo impacto a una pausa gastronómica sin necesidad de cambiar de escenario.

También en la capital, Barrelatte ha llevado su pasión por el buen recovery hasta el propio diseño de sus clases. Su oferta se divide en tres modalidades bautizadas como algunas de las bebidas más populares de cualquier coffee shop: Espresso Shot, Flat White y Matcha Latte. Como era de esperar, la experiencia no termina al salir de la sala, y es que después de entrenar, puedes disfrutar –gratuitamente– de un latte o de la bebida que elijas.

Una apuesta todavía más ambiciosa es la de Six Harmonies, que reúne estudio, spa y cafetería en un mismo espacio. Su Glow Lounge incorpora smoothies proteicos, lattes funcionales e infusiones, mientras que su oferta de bienestar se completa con pilates, barre, sauna y baños de hielo. Aquí, el entrenamiento es solo una de las estaciones de un recorrido que invita a dedicarle algo más de tiempo al selfcare.

Otra de las aperturas que mejor representa esta evolución es Hotcore, que acaba de aterrizar en Madrid (ya estaba en Barcelona) con un estudio en la calle General Pardiñas y una cafetería COFI. integrada en el espacio. Su propuesta combina sesiones de entrenamiento en sala climatizada con una carta que invita a quedarse después de cada clase: café de especialidad, bowls, tostadas, sándwiches, repostería y una selección de smoothies solo disponibles en este local (pídete el nº5, que hace honor al centro, con fresas, remolacha, plátano, dátil, semillas de chía, bebida de avena y crema de coco. Nutritivo, energético ¡y super saciante!).

En Madrid, concretamente en Velázquez 94, también acaba de incorporarse MERI, un wellness club que combina movimiento, recuperación y rituales de contraste térmico. Su propuesta incluye pilates, entrenamiento propio y sauna finlandesa, además de instalaciones que contemplan cafetería y snack bar. Un modelo que amplía la idea de gimnasio hacia un espacio donde entrenar y recuperar forman parte de una misma experiencia.

En Barcelona, Circl Project ha hecho del binomio pilates y matcha su seña de identidad. Su espacio de la calle Balmes reúne clases de mat pilates y un matcha bar con producto ceremonial procedente de Uji, Japón. Más que una cafetería convencional, es una extensión de su universo: movimiento consciente, diseño y comunidad. ¿Nuestra recomendación? Su egg sando.

También en la ciudad condal, Concept Barre destaca por Pure Bar, su propio coffee spot en colaboración con Raw Studio, únicamente disponible en su local del Eixample. La idea surgió de una necesidad bastante reconocible entre sus clientes: tener un lugar donde quedarse después de clase y prolongar las conversaciones y sinergias que empiezan durante el entrenamiento. El espacio incluye cafetería y zonas pensadas para trabajar o compartir tiempo con otros miembros de su comunidad. Aquí no hay afterwork, hay afterbarre.

Y terminamos con FORNO, una de nuestras aperturas favoritas de la ciudad. El nombre no es casual: alude al calor que se alcanza en sus salas durante el entrenamiento, pero también encuentra su eco en The Pantry, la cafetería de especialidad integrada en el espacio de la calle Comte Borrell. Allí, el postentrenamiento se sirve en forma de matcha (de Req Matcha) o café (de SlowMov), dos nombres de referencia en la escena cafetera barcelonesa. Una manera de llevar el ritual del horno —en sentido literal y figurado— al universo del fitness.

Más allá de Madrid y Barcelona

Aunque Madrid y Barcelona concentran buena parte de los ejemplos que hemos reunido en España, esta conexión entre entrenamiento y gastronomía también se abre camino en otras ciudades europeas. En París, por ejemplo, Slowe Wellness House ha incorporado un coffee shop en sus dos estudios, situados en Bonne Nouvelle y Jules Joffrin. Su propuesta incluye café de especialidad, tés, snacks y repostería casera, con alternativas veganas y sin gluten.

Por otro lado, en Lisboa encontramos Alê Club, que combina entrenamiento y tratamientos con un healthy café de carta sencilla, mientras que Fine Club, especializado en Lagree, integra una zona de recuperación con sauna de infrarrojos y baños de agua fría, además de una cafetería con zumos prensados en frío, café, matcha y smoothies proteicos.

También en Andorra, Balanzen parte precisamente de esa convivencia. Impulsado por las influencers Abril Cols y Andrea Garte, el proyecto reúne clases de pilates y una cafetería de especialidad en la que se sirven matcha, café, tostadas, bollería y otras propuestas dulces y saladas que no te dejarán indiferente. La idea surgió de una costumbre compartida por sus fundadoras: entrenar y desayunar juntas. ¿Y por qué no convertir ese hábito en un espacio propio?

La próxima vez que reserves una clase, ya sabes, quizá te interese mirar también la carta. Porque en estos nuevos templos del bienestar, sudar la camiseta está muy bien, pero el plan que viene después, está aún mejor.