Marsella, 24 horas en la ciudad que sonríe

Eso sí, la ciudad más antigua de Francia, con 26 siglos de vida, sigue manteniendo intactas las marcas de expresión -que no arrugas- que mejor le han sentado siempre a esta villa portuaria abierta al Mediterráneo.
El punto de partida: Vieux Port.

NOMBRE: MARSEILLE, MASSALIA.

PAÍS: FRANCIA.

IDIOMA: FRANCÉS.

HAB: 855.393.

PREFIJO TELEFÓNICO: +33.

CONOCIDO POR: JABÓN, OLYMPIQUE DE MARSELLA, ZINEDINE ZIDANNE, PAUL CEZANNE, BULLABESA, LAVANDA, NOTRE DAME DE LA GARDE, CONDE DE MONTECRISTO.

09:00- DESAYUNO DOBLE

Los marselleses desayunan pronto, pero dos veces (desayuno y almuerzo). Vaya, como en España, así que no hace falta darse un madrugón porque es fácil encontrar sitios para tomártelo con calma y sin demasiadas calorías. Un buen representante de la tendencia ‘gastro healthy’ es Green Bear Coffee (123 La Canebière), con cafés de especialidad y repostería vegana y ecológica. Si el tiempo acompaña, otras opciones son Vaggy (87 Rue de Lodi) con un rollo muy neoyorquino, o Le Charité Café (2 Rue de la Charité), en el patio de La Vieille Charité, en pie desde el siglo XVII.

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10:00- LE PANIER

En el bohemio barrio Le Panier se vive sin prisas y se disfruta en la calle, bebiendo cerveza o jugando a la petanca. Viejas tradiciones que combinan con otras más underground. Rita (36 Rue Sainte-Françoise) es uno de los imprescindibles: para tomar un café, comprar una pieza retro o hacerte un tattoo. También Compagnie de Provence (1 Rue Caisserie), la firma que ha convertido el ‘savon de Marseille’ en pieza minimalista y de tendencia. Muy cerca está el moderno Mucem(7 Promenade Robert Laffont), más que un museo, un espacio al aire libre perfumado de lavanda para pasear con calma.

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12:30- COMIDA

Se come al mediodía, ni antes ni después. Y los nuevos locales evidencian una ola ‘foodie’ de manual: mandan los ‘street food markets’ y la comida callejera. Para una primera vez, imprescindible acudir a Les Halles de La Major (12 Quai de la Tourette), el sitio de moda de los marselleses. El picoteo informal domina en las comidas –increíbles sus ceviches de pescados, muy notables las pizzas– y el ‘drunch’ a la hora de las cenas. Quien prefiera cocina más local, pero sin caer en el tópico de la bullabesa –plato emblemático de Marsella–, Le Poulpe (84 Quai du Port), en los soportales del Vieux Port. 

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14:00- FERRY

A esta hora parte uno de los ferrys con rumbo a Les Calanques. En una hora y media puedes estar contemplando la maravilla del paisaje del Parque Natural de Calanques, formaciones rocosas que han ido dejando al descubierto pequeñas bahías, estrechas y alargadas, como rodeadas de acantilados. A la vuelta, cambio de aires con un paseo por el barrio de San Víctor, y un vino en lugares como La Repaire de la Poissonerie (1 Rue d’Endoume), un bar de ostras y mariscos con aspecto de pescadería ‘vintage’, o en la terraza de Le Bistrot des Dames (34 Place aux Huiles), con una potente cocina local renovada.

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20:30- CENA

Se cena antes de las 9, no sin antes tomar un aperitivo, el ritual más sagrado para los marselleses, donde se cuida tanto el sitio como el bocado. Un buen lugar para iniciarse en este rito es el puerto de Vallon des Auffes. De los bares que lo rodean, la taberna Viaggi di Fon (140 Rue du Vallon des Auffes) es de las favoritas. Acertarás si pides vino con crema de anchoas y crudités, o pulpo rebozado. Y después, a cenar. Si estás cansado de pescado, prueba en Le Couteau (145 Rue Sainte), consagrado a las carnes, o Taquería Loka (126 Rue Sainte), un nuevo local puesto en marcha por un par de enamorados de México.

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22:00- DORMIR (O NO) Marsella se vive de día, pero eso no quita que haya propuestas para pasarlo bien hasta la madrugada; eso sí, no más allá de las dos, hora a la que suelen cerrar los bares. La primera copa en Le Directoire (44 Rue Edmond Rostand), a elegir entre cócteles clásicos, de autor y hasta licores tradicionales y locales. Y si el cuerpo pide marcha, lo ideal es echar el resto en R2 Reverso Rooftop (9 Quai du Lazaret), un club nocturno con vistas al mar, Dj, espacios privados y buenos cócteles. Y para descansar, Le Couvent (6 Rue Fonderie Vieille), un antiguo convento reconvertido en moderno y minimalista ‘poshtel’.

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