Aunque durante su trayectoria ha sido encasillado como ídolo adolescente por sus apariciones en series como El barco o películas como Tres metros sobre el cielo, Mario Casas, actor de origen gallego, nos ha sorprendido en estos últimos años dejando la faceta de chico malo rompe corazones por personajes llenos de matices. Como Ángel, el último papel que da vida Mario en ‘El practicante’, un thriller psicológico dirigido por el catalán Carles Torras, que se estrena este mes y rompe con cualquier prejuicio que quede pendiente con el actor (con todas sus letras).

Primer estreno después del confinamiento…
Así es, el 16 de septiembre se estrena en Netflix El practicante, la historia de Ángel, un hombre con rasgos psicopáticos que trabaja en una ambulancia y mantiene una relación algo tóxica con su novia Vane (Déborah François). Tiene un accidente donde sufre una lesión que lo deja en silla de ruedas, y eso fortalece más sus rasgos neuróticos. El personaje va a intentar manipular a su novia para que no lo deje, ya que le está siendo infiel, y allí vamos a ver un agravamiento de esa faceta de psicópata.

¿Cómo fue abordar física y psicológicamente el personaje?
Hubo una gran carga mental. Al principio adelgacé unos 3 o 4 kilos, ya que veía que mi personaje necesitaba ese cambio estético algo más delgado, o por lo menos con menos músculo. Estaba sentado en una silla de ruedas durante todo el día y sólo me bajaba de ella la hora antes de ir a dormir. Eso, más correr y comer una dieta baja en básicamente todo, a base de pescado y verduras, me hizo perder alrededor de unos 8 kilos. Además, estuve con pacientes del Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo y del Instituto Guttmann, donde conocí casos que me enseñaron y hablaron de esta situación. También Mario Roque, el futbolista que tuvo un grave accidente en moto, me acompañó durante todo el camino intentando que las escenas fueran lo más reales posible.

¿Cuál ha sido la escena más intensa durante el rodaje?
Me quedaría con la secuencia en la que empiezo a emparanoiarme con que Vane me está siendo infiel, la espero en casa y le digo que le he preparado unos lomitos de salmón al horno con pimientos del padrón. Hay algo en esa escena que parece que eleva al personaje a esa psicopatía y deja ver que está totalmente loco.

¿Te costó despegarte de esa segunda piel una vez finalizado el rodaje?
Me costó mucho, sobre todo por el tema de las entradas en el pelo que me recordaba todo el rato al personaje. Durante los meses después del rodaje que tenía que promocionar estaba bastante delgado y también sufrí una lesión en la rodilla de estar sentado tanto tiempo. Tardé meses en ir olvidándolo y recuperándome. Hay personajes que te absorben más que otros, que te atrapan y te hacen meterte a desuello.

Eres gallego, supongo que tendrás algún plato de comida que marcó tu infancia…
Sí que hay comidas que recuerdo, pero recuerdo más la materia prima. Como esos huevos fritos o esa tortilla con ese color amarillo, que poco a poco se ha ido perdiendo en Madrid… Los pimientos del padrón, o el pan de Galicia. Mi madre tiene una manera especial de cocinar, intenta no emplear alimentos procesados e ir al mercado en busca de la mejor materia prima, y eso sigue ahí. Comemos de verdad, de la tierra, como es Galicia.

Ya vimos que durante la cuarentena tu entretenimiento ha sido la cocina…
Cocino muy a menudo. Durante la cuarentena estuve siguiendo a Dabiz de DiverXO e intentaba hacer sus platos. Ahora que vivo solo en Barcelona me gusta hacerme mi comida, prepararme mis cosas, tener siempre alguna sopa o una crema de verduras triturada en tuppers. Intento cuidarme siguiendo una dieta a base de mucho pescado y mucha verdura.

¿Cocinar o que te cocinen?
Hay algo en la cocina y en cocinar, en traer amigos a casa, comprar un vino, hacerles unas albóndigas caseras con patatas fritas o con puré, que me llama más la atención que ir a un restaurante. Lo disfruto más y se crea algo diferente. Creo que dar de comer a los demás es una de las cosas más increíbles del mundo. Me parece uno de los gestos más bonitos, ver que la gente está disfrutando con tu comida. Aunque en un restaurante también disfrutas el momento. Yo vivo en Torrelodones y hay un bar de toda la vida, Casa Julián, donde hacen menús y pinchos con cerveza que son maravillosos y es comida de verdad.

¿Cuál es tu plato estrella?
La verdad es que tengo bastantes… La tortilla de patatas, una lasaña al horno, macarrones gratinados, huevos fritos o patatas fritas con pimientos del padrón… Platos básicos, pero que creo que son de lo más rico que existe en el planeta. Cocino mucho y de repente me gusta probar cosas nuevas, hacer comidas distintas y experimentar en la cocina.

¿Algún proyecto nuevo a punto de salir del horno?
Ahora mismo estoy rodando El Inocente, una serie para Netflix. Tan sólo nos queda una semana de rodaje, ya que nos pilló la cuarentena a mitad de grabación y tuvimos que parar. Después también hay un estreno pendiente que se llama No matarás para Filmax. Ahora a ver dónde queda el cine, ojalá sigan funcionando las películas españolas.

Ante esta situación de incertidumbre, ¿te sientes un afortunado?
Sí, completamente. Antes de que pasara todo esto ya me sentía un afortunado. Hago lo que me gusta, los directores y productoras cuentan conmigo… Es un sueño hecho realidad, y ahora con todo este tema de la pandemia, me siento totalmente un privilegiado. Así que lo único que puedo hacer es seguir trabajando y dejarme la vida y la piel. Al final los actores podemos hacer que el público se olvide durante unos minutos de esta situación que estamos viviendo ahora y que lo pasen no sé si mal o bien con esta peli [risas], pero que disfruten con nuestro trabajo.

Entrevista a Mario Casas publicada originariamente en TAPAS nº 56 (septiembre 2020). Puedes comprar números antiguos de TAPAS en nuestra tienda.

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