Francesc Vila Rufas, ‘Cesc’, (Barcelona, 1927-2006) nos enseñó a través de sus dibujos cómo era la época en la que vivió o, mejor dicho, cómo veía él la época que le tocó vivir. Ingenioso y crítico, puso trazo y color a unos años de reconstrucción social y cultural.

Hijo de dibujante, mamó en casa el arte de transformar ideas y realidades en dibujos a dos dimensiones. Su padre, Joan Vila, ‘D’Ivori’, además de transmitirle el conocimiento técnico y el amor por las artes gráficas, le inculcó un enfoque cosmopolita, ya que había vivido en Buenos Aires, París y Madrid. Una inquietud –la de mirar con curiosidad el mundo, salir y empaparse de él– que su hijo hereda en los temas, recursos y manera de vivir.

Cesc fue uno de los dibujantes más reconocidos y queridos de Cataluña y, aunque se le recuerda más por su trabajo diario y su humor gráfico en prensa, durante toda su vida trabajó por encargo haciendo carteles, anuncios, packagings para todo tipo de clientes. La clave de su éxito como cartelista radicó no sólo en cómo trasladó su humor y personalidad a la identidad de las marcas, sino en la capacidad del artista para conectar con el público, al que solía poner como protagonista de las imágenes.

Esa conexión con los espectadores le sirvió de herramienta para esquivar
la censura. “Con la censura también había ventajas, los dibujos nunca iban solos, el público colaboraba mucho interpretando con su imaginación lo que tú no podías plasmar en papel”, contó el dibujante en agosto de 1987 en la entrevista en Carrer Gran, donde también dijo que hacer humor “era sencillo, publicarlo difícil; actualmente pasa al revés”.

Su trabajo comercial, aunque fue prolífero, no fue lo que marcó su carrera, posiblemente porque era algo que él hacía con menos vocación que sus dibujos en prensa, de los que se sentía más orgulloso. Con el afán de recuperar la memoria del artista, la editorial Univers ha editado este año Cesc, cartellista, un volumen donde se recopilan por primera vez estas imágenes gracias a la colaboración de la familia del dibujante, sus amigos, instituciones y coleccionistas. Un libro editado sólo en catalán y que rememora las diferentes facetas de Cesc gracias a sus imágenes y a los textos del autor Jordi Duró.



Esbozo de cartel publicitario en francés para Maggi. Biblioteca de Cataluña, Barcelona, 1965.

Láminas publicitarias para las chocolatinas Milkibar, 1962.

Láminas publicitarias para las chocolatinas Milkibar, 1962.

Láminas publicitarias para las chocolatinas Milkibar, 1962.

Láminas publicitarias para las chocolatinas Milkibar, 1962.

Anuncio de prensa para Danone, 1963.

Anuncio en prensa de La Lechera, circa 1965.


Esbozo del cartel publicitario de Perrier. Biblioteca de Cataluña, Barcelona, 1962.

Tarjetones publicitarios para Arobon, 1963.

Tarjetones publicitarios para Arobon, 1963.

Desplegable para Nescafé, 1970.


Desplegable para Nescafé, 1970.

Desplegable para Nescafé, 1970.

Libreto de sugerencias de uso como obsequio de Nestlé, circa 1970

Tarjetón publicitario para Celac, circa 1962

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