La quinta temporada de La Casa de Papel, el exitoso fenómeno de Netflix, está a la vuelta de la esquina. Y a estas alturas es muy probable que no exista ningún rincón en el mundo donde Raquel Murillo (ahora Lisboa) no sea conocida. El personaje al que da vida Itziar Ituño (Basauri, 1974) ha colocado a la actriz vasca en una posición tan extraordinaria como abrumadora… ya que pasó de firmar de vez en cuando algunos autógrafos  a estar bajo la atenta mirada de los millones de seguidores que tiene la serie. Se acerca el final del atraco más famoso de la historia y en Tapas hemos querido charlar con ella sobre el desenlace, sobre otros proyectos que tiene entre manos y, también, sobre sus gustos gastronómicos.

¿Te inspiraste en alguien en particular para prepararte el personaje de Raquel Murillo? No se suelen ver a inspectoras de policía en la vida real, aunque en la ficción ya lo habías sido antes, ¿no?

Sí. De hecho, estuve 13 años interpretando a una comisaria de la Ertzaintza que se llamaba Nekane Beitia (Goenkale). Y aunque ella no empezó siendo jefa sí que terminó siéndolo. Un poquito de experiencia ya la tenía de ahí, a pesar de que las dos series evidentemente no tienen nada que ver. Me acuerdo de que hablando, hace cinco años ya, con Jesús Colmenar, el director, me dijo que si podía tenía que ver otra vez El silencio de los corderos para ver cómo trataban a Clarice y cómo se desenvolvía ella en un mundo de hombres. Y lo llevamos un poco por ahí. Aunque Raquel Murillo sea una psicóloga negociadora dentro de la policía, que es lo que marca un poquito la diferencia… Pero también tiene un cargo de inspectora, no es un número raso, que era lo interesante.

Es que no suelen verse mujeres con un cargo importante en un ambiente que a priori es (o era) de hombres. ¿Eso está cambiando? 

Está cambiando porque nos estamos empeñando nosotras, pero no por nada más. Porque la cosa si no seguiría igual o peor, eso es lo que pienso. Ha habido un despertar de la conciencia feminista en general y de reivindicar el sitio que debemos tener, que es el mismo exactamente que el de un hombre. Creo que ahí sí que están cambiando las cosas, que van poquito a poco porque Roma no se hizo en un día, pero van. Y creo que tenemos que ser positivas porque vamos a conseguir cambiar muchísimas cosas. De hecho, ya está sucediendo. Yo veo que las jóvenes vienen pisando fuerte y me alegro mogollón.

Como actriz y como mujer, ¿qué es lo que más te gusta de Raquel Murillo?

Que tira siempre adelante. Y que por muchos golpes que le da la vida, que son bastantes, ella saca fuerzas y tira hacia delante. Esa fuerza que tiene para seguir es lo que me gusta de ella, le pasa de todo y sigue ahí.

¿Y cómo se repone alguien cuando se derrumba su castillo y sus esquemas de vida? Porque a ella le pasa cuando se enamora de su adversario…

Ella no espera estar enamorándose de su enemigo… y cuando se da cuenta lo encaja como puede. No sabe bien qué hacer, le da rabia pero le quiere, tiene esa maravillosa contradicción. Creo que cuando se le cae su castillo es porque el castillo en sí ya se le había empezado a caer con todos los palos que le habían dado antes de saber que estaba enamorándose del profesor. Es como el último empujón que le hace pensar en qué clase de mundo estaba viviendo… porque intentaron pisotear su espacio de poder. Da un giro bastante lógico a nivel emocional, aunque fuese pasar de una cosa a otra. La verdad es que no me costó dar el cambio y plantearme que ya era Lisboa. Porque en el fondo ella sigue siendo Raquel Murillo, una guerrera.

La tercera temporada fue muy de acción y la cuarta se centró en las emociones. ¿Y la quinta?

La quinta es el desenlace de todo, el cenit. Y es muy trepidante en todos los sentidos. No te puedo contar nada, pero para nosotros está siendo un rodaje intensísimo a todos los niveles. Es la traca final y hay que darlo todo.

Cuéntame al menos con quién te diviertes más en el set.

¿Sabes lo que pasa? Que he tenido la suerte de pasar por muchos sets porque Raquel Murillo ha pasado por casi todos los escenarios. Cuando estaba en la carpa me lo pasaba genial con Fernando Soto, Mario de la rosa y Juan Fernández. Me reía mucho con los tres, éramos una piña y estábamos de risas todo el día. Después me tocó trabajar bastante también con Álvaro Morte y también nos llevamos muy bien. Con Najwa me he reído un montón, hemos trabajado muy a gusto y muy intensamente.

¿Qué más te digo? En esta última temporada, cuando Lisboa ya entra con el helicóptero al banco, he tenido la oportunidad de conocer al resto de compañeros. Y me he reído mucho con Esther Acebo, no te puedes hacer una idea. Y con Rodrigo de la Serna, con Hovik, con Miguel, con Darko… La verdad es que hay muy buen ambiente. Y con Úrsula también, cuando se pone y le da el cuarto de hora hay que verla, te meas.

Netflix te ha lanzado al mundo de la popularidad de una forma brutal. ¿Cómo has asumido la pérdida del anonimato? 

Pues imagínate… llevo media vida haciendo esto pero en el País Vasco la cosa es más tranquila (bueno, lo era antes de La Casa de Papel, ahora es igual). Antes no era tan conocida ni tampoco había esta historia de las redes sociales, que ahora nos han colonizado la vida. De vez en cuando te venían a pedir algún autógrafo o alguna foto, pero no tan a menudo porque no había cámara en el móvil [risas].

Ahora ya siempre te pedirán un selfie…

Ahora te sacan hasta de lejos si te ven haciendo la compra en un súper. La falta de intimidad y la pérdida del anonimato es bastante fuerte y es difícil encajarlo. Está bastante sobredimensionado el tema de la fama, es bueno ser reconocido en tu trabajo, eso a todo el mundo le gusta ¿no? Yo también admiro a muchísima gente, pero ya llega a unos límites que muchas veces se hace bastante insoportable y que echas un poco de menos tu vida anterior.

A pesar de que esto lo que te da es la posibilidad de poder elegir papeles que te vibran más o que te emocionan más porque te llegan más propuestas. Tiene su cara y su cruz. Pero creo que en cuanto baje la ola la gente se tranquilizará y empezará a seguir cualquier otra serie, volveremos un poquito a nuestro sitio, creo yo. Al principio era incapaz de decir que no a una foto y ahora ya me lo permito cuando no tengo ganas.

Se espera, de alguna forma, que en la temporada final tu personaje reivindique su papel al frente del atraco tras la presumible caída del líder. ¿Es el gran giro que esperaba Lisboa?

Lisboa es la pareja del líder, si cree que el líder ha caído para siempre se muere la pobre. No sé, siempre está la esperanza ahí… no puedo contar absolutamente nada porque sería imperdonable hacer un spoiler. La gente que lo vea y que piense después si le ha gustado o no. Lo único que puedo decir es que estamos intentando dar todo lo que tenemos y lo que podemos para que sea todo lo grande que la gente espera, no sé si se conseguirá o no, eso ya lo dirá el público. Es la típica respuesta dando esquinazo [risas]. Es que no puedo contar nada… Pero va a ser alucinante, eso ya lo anticipo.

Los guiones os llegan a cuentagotas. ¿Te has llevado muchas sorpresas con la temporada final?

Sí, alguna sí. Nadie sabía cuál era el final y todo el mundo nos preguntaba pero ni siquiera nosotros lo sabíamos. Hay cosas que van un poco sobre la marcha y que van cambiando, el proceso de creación y de grabación está muy vivo. Entonces teníamos la incógnita de cómo iban a cerrar todo y cuando lo hemos sabido ha sido increíble.

¿Qué significa para ti que se termine la serie ahora? Es un proyecto que aceptaste pensando que iban a ser unos cuantos meses…

Iban a ser como ocho meses y fíjate, llevamos ya casi cinco años. Yo venía de hacer durante 13 años un personaje de policía y pensar en hacer otra vez otra mujer policía me daba como cierta pereza, quería hacer cosas distintas. Además de que estaba metida en mil proyectos de teatro… Pero creo que acerté con la decisión. La verdad es que ha pasado todo este ciclo y ha sido alucinante.

Y cerrarlo pues imagínate, con todo lo que supone: todos los recuerdos que te llevas, los esfuerzos hechos, el cariño del equipo (que al final termina siendo una familia)… Por un lado hay ganas de cerrar ya el episodio y por otro se genera en el pecho un movimiento importante. Vamos a llorar y a reírnos mucho cuando se acabe, creo que se nos mezclará todo un poco. Y más adelante ya nos encontraremos en el camino si nos tenemos que encontrar, este trabajo es muy así.

Ahora te llegarán proyectos de todo tipo, ¿cómo te planteas el futuro? ¿Quieres seguir arriba de la ola o está en tus planes alejarte del foco mediático?

A mí lo que me mueve, mas allá de eso, son las historias. Creo que hay proyectos pequeños o locales con historias universales que mueven y dicen mucho. Y eso es lo que me llena, sin pensar si se va a ver en Hollywood o en el mundo entero. No me importa si es una cosa de pequeño presupuesto porque puede ser una gran historia, de esas hay muchísimas. Y puede ser una historia con mucho presupuesto y que no te motiva absolutamente nada, que eso me ha tocado también a lo largo de la vida porque hay que vivir del oficio. Pero ahora que puedo elegir elijo desde la intuición y el corazón. Y tratando de no dar puntada sin hilo, tratando de contar cosas y de elegir personajes de mujeres que avancen. Es mi criterio, no tengo esa ambición.

Las historias que remueven mucho tienen su responsabilidad…

Sí… pero como decía Alba Flores, al fin y al cabo, nosotras somos actrices, no somos cardiólogas ni cirujanas, que si de repente te tiembla un poco el pulso te cargas al paciente [risas]. Puedes meter la pata, puedes pensar que estás metida en una producción que va a ser grandiosa y que luego el puzzle no encaje o no se estrene… hay de todo. Es verdad que el audiovisual tiene importancia a la hora de llegar al corazón porque remueve conciencias muchas veces. Puede servir para pasar el rato o puede dejarte tanta huella como para hacer que cambies cosas en ti, que es la parte bonita de nuestro oficio como comunicadoras.

Hablando de responsabilidad, el conflicto vasco protagonizó un debate en su día porque se llegó a impulsar un boicot hacia la serie por tu participación. ¿Cómo fue aquello?

Sí, esas cosas suelen pasar. Ahora no sé si están pasando tanto pero, sí, ha habido un montón de casos. A mí me toco el mío hace cinco años, pero gracias a Dios no paso nada y esa historia quedo atrás.

Parece que lo tienes olvidado.

No lo he olvidado porque no se pasa bien, pero te hace ver realmente cómo funciona esta sociedad. Y es heavy. Pero tampoco me ha pillado de sorpresa. Creo que ya sé en qué mundo vivo y cómo funciona: las redes sociales, los escarnios públicos, el difamar a una persona y que le llegue a afectar hasta tal punto de que se quede sin trabajo… Está a la orden del día y cada vez es peor y más impune. Esa es la parte oscura y monstruosa de las redes sociales. Que, por cierto, es lo que vamos a tratar un poco en la siguiente serie, Intimidad.

Te iba a preguntar ahora por ello. En Intimidad eres una política que sufre un escarnio absoluto cuando se filtra un vídeo sexual suyo, ¿no?

Sí. Me recuerda mucho al caso de Olvido Hormigos: le hicieron un escarnio público, la juzgaron como mujer, como madre… aquello fue escandaloso. Y ella se defendió como una gata panza arriba, es de admirar. No sé lo que será de ella ni cómo estará ahora pero me acordé mucho de su caso y de esa indefensión. Además creo que este asunto se ceba especialmente con las mujeres, ¿no? También hay casos de hombres a los que les pasa, pero hacia las mujeres el ataque es todavía como más personal. Se meten contigo si eres madre, si no lo eres, si te has acostado con uno eres una puta… Es tremendo y me parece que tratar ese tema va a pinchar en hueso.

Por cierto, en el País Vasco, tu tierra, se come de maravilla. Y en los rodajes, ¿qué tal se come?

Depende del rodaje. En algunos se come estupendamente bien y en otros vas un poco a salto de mata. Pero yo la verdad es que soy bastante permisiva con el tema de la comida, siempre hay algo con lo que te puedes apañar bien y llenar la tripa.

¿Te consideras de buen comer?

Sí, me gusta comer. También intento cuidarme un poco porque soy de las que pillo kilos rápidamente, pero sí, disfruto con una buena comida y paladeando un montón de sabores.

¿Y con qué comida disfrutas más?

Depende del momento. Soy mucho de ensaladas, pero si tengo que elegir uno solamente elijo la tortilla de patata con cebolla. O unos tigres, esos mejillones con la salsa de tomate picante… No sé, es que hay tanta cosa para elegir… Un marmitako también, que son patatas con bonito. Qué sé yo, no sé, una lubina al horno, es que hay muchos, tengo muchos…

¿Cuál es el plato que mejor te sale?

Creo que le tengo bien cogido el punto a la pasta y al arroz. A la pasta quizás mejor, hago espaguetis al ajillo, por ejemplo. Y las ensaladas me quedan muy chulas. No es nada muy elaborado, pero bueno… yo le echo un poco de fruta. Soy muy de ensaladas a la hora de comer, no en la vida en general [risas].

Una receta que te hayas marcado.

He hecho bizcochos y magdalenas por primera vez (creo como mucha gente) en el confinamiento. Y me han salido bien. Un día me salió un bizcocho que no me lo creía ni yo. Estaba buenísimo, de esos de yogur con ralladura de limón, tremendo. No voy a volver a hacer más porque es demasiado vicio eso.

A qué famoso te gustaría invitar a cenar, a dónde le llevarías y por qué.

Tendría que saber inglés para esto, pero invitaría a cenar a un restaurante de por aquí a Meryl Streep. ¿Por qué? Para preguntarle mil historias: cómo haces esto, cómo preparas los personajes, cómo lo haces tan bien, qué secreto tienes, que método utilizas… Es una mujer a la que admiro muchísimo. Además tiene pinta de ser súper maja.

Tres cosas que no pueden faltar en tu nevera.

Tomates, huevos y queso.

¿Qué pedirías si fuese tu última cena?

Unas berenjenas rellenas con bechamel y queso fundido por encima. Algo que sea muy denso, como unos canelones o una lasaña rica. Y patatas fritas, eso seguro… Un huevo, un poco de queso con membrillo de postre, un cafecito con leche… [risas]. Y directa al hoyo a hacer la digestión [risas]. No sé, es que pediría de todo… Y me he olvidado de las croquetas. Trataría de disfrutar la cena lo máximo posible. Y compañía, por favor. Ah, y un poco de vino también para bajar la historia [risas].

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