Tener hambre te convierte en otra persona

A esa conclusión ha llegado un equipo de investigación de la Universidad de Gothenburg, quienes, preocupados por estas cuestiones que encierra el yo y sus múltiples facetas, acaban de publicar un estudio confirmando que el hambre nos vuelve otro.

La culpa la tiene una hormona llamada ghrelina, una sustancia que nuestro cuerpo libera alegremente cuando queremos comer, y que sería la causante de tanto grito y descontrol entre los hambrientos

Tener hambre te convierte en otra persona

Para el experimento emplearon ratas, descubriendo que los roedores eran incapaces de tomar decisiones racionales cuando la ghrelina se disparaba.

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El objetivo vital de estas ratas, por imposición gubernamental de los tipos con bata, era realizar dos tareas: accionar una palanca para obtener azúcar cuando se les pidiera y resistirse a tocarla cuando ellos lo dijeran.

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Todo parecía ir bien hasta que se les inyectó la dichosa sustancia, siendo incapaces de ignorar la palanca y pasar del azúcar a pesar de los insultos y la decepción de los investigadores.

Tener hambre te convierte en otra persona

Para los humanos la cosa se complica, pues dicen que podría traducirse en problemas psicológicos y de conducta más severos de lo que creemos.

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Aseguran que varios trastornos como el TDH, el TOC, distintos desórdenes alimenticios y alguna que otra adicción, podrían estar relacionados con esta cuestión.

Tener hambre te convierte en otra persona

La buena noticia es que el estudio de los receptores de ghrelina podría constituir la base para futuros tratamientos de desórdenes psíquicos de tipo impulsivo y alimenticio.

Tener hambre te convierte en otra persona

Ahora miraremos con recelo el sándwich de la merienda, intentando descubrir si aquel trozo de pan con tranchetes y jamón puede ocultar el maligno interés de volvernos quien no somos.

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