Fito Páez. Foto: Javier Cortés.

Un comienzo a la antigua usanza. Hace un día de perros, incluso de gatos. En un hotel de la calle con más personas trasegando con bolsas por metro cuadrado se yergue uno de tantos hoteles. La Gran Vía madrileña es inmune a la lluvia, el frío y los turistas. En la habitación 726 hay que preparar el set, esa parafernalia que incluye cámara fotográfica y de video, reestructurar el sofá, apagar esa pantalla que inocula reflejos indeseables y esperar a que el gran artista argentino aparezca por allí. Cuando todo está a punto, abre la puerta el protagonista.

Sonrisas sin hipocresía. Se le nota a gusto. Sudadera negra de esas que bien sirven para disfrutar de la comodidad ‘chandalera’, pantalones a juego, deportivas y barba caótica de tres días (o cuatro). Viene a platicar sobre su nuevo disco, Futurología Arl, el segundo de una trilogía (que presentará en directo el 5 mayo en el Wizink Center en Madrid y el 7 del mismo mes en el Auitori Fòrum en Barcelona). Este hombre no para de sonreír, mola, es cálido.

“Ay dios, es que es tan raro explicar este formato. Originalmente iba a ser la grabación de un álbum con banda que ha sido Los años Salvajes y segundo la grabación de este disco con orquesta llamado así porque está basado en un libro de Roberto Arl bautizado como Los siete locos. Me quería dar un lujo asiático… Sony me reniega pero me permite experimentos, entonces los puse a parir y lo hicimos y cuando estoy terminando de grabar los dos trabajos, me empiezo a dar cuenta que faltaba algo, que es lo más importante y que nunca sabes lo que es. Al final ese álbum tercero es Golden Light, lo compuse y lo grabé en una semana. Los tiempos no interesan mucho en este sentido porque a veces uno lo resuelve enseguida pero pasas toda tu vida hasta llegar allí. En todo caso se trata de aprender que el tiempo es una de las materias más importantes con las que vas a trabajar y vivir”. 

Foto: Javier Cortés.

¿Y por qué Roberto Arl? ¿Qué te inspiró? Era excesivo, excéntrico…

Si agarras Wikipedia, dice de él periodista, escritor e inventor. Publica Los siete locos en 1929, en el año del derrocamiento de Hipólito Irigoyen, lo que hace ahí… De alguna manera es un profeta, y ocurrió: guerra con armas químicas; lo mismo con el peronismo, un intento de la toma del mundo por un sistema de guerrillas. Es delirante y hermoso. Logra aunar una serie de mundos a través de una escritura salvaje, exótica, plebeya, muchas veces sin puntuar, en esa especie de coincidencia con Joyce, el inconsciente, ‘flow’. Arl marca uno de los sentidos de la modernidad argentina. 

En la nota de prensa hablas de ‘barbijos’ de por medio…

¿Cómo le dicen aquí?, ¿mascarillas? Pues eso son, [risas]. 

¿Cuáles fueron tus años salvajes? ¿Qué entiendes por un año salvaje? ¿Y cómo fue esa época?

La última frase de la canción dice “estos son mis años salvajes, el infinito está ahí fuera, ya estoy curioso del vuelo”. Encuentro que es la máxima ‘salvajura’, que un persona quiera saber qué pasa ‘’after the death’. Es como una parodia de lo que a uno le pasa en la juventud a través de los excesos. De alguna manera los indómitos son todos, porque la existencia es agreste, es violencia permanente y no hay manera de intentar domesticar eso. Si bien, hay una ilusión romántica, poética, por esa juventud. No es nostálgico el álbum, ni mucho menos, nombra cosas del pasado, sí, pero cuando cierras todo eso, mando a tomar por culo todo. 

¿No echas de menos ese canallismo, esas borracheras?

No, porque vivo el ahora de una manera más tranquila; porque pasan los años y no puedes ‘ponerte’ todos los días y, aparte, tampoco me gusta. Encuentro también ‘salvajura’ en la manera en que escribo o cómo compongo o dirijo una banda o una película… Los años salvajes sería la historia de mi vida [se ríe]. Como decía David Bowie “de los 20 a los 30 no me acuerdo de nada”.

Una frase de una de tus canciones de ‘Futurología’: “El amor es canalla. El amor es dinero… y no vuelve… 

Sí, creo que es el tema más importante. “El amor es dinero” es un anagrama de un personaje de Roberto Arl: “Entre el sol y la maldad, el amor que no vuelve…”. En ese poemita está el espíritu que te introduce al mundo de Buenos Aires del siglo pasado. 

“El amor es maravilloso… Pero conlleva dolor”. ¿Cuándo has sufrido más en tu vida?

Y quién no ha sufrido. El amor no conlleva dolor, es lo que sucede entre las ausencias de lo que uno pretende que sea, y lo que uno tiene aprendido del amor en pareja, o lo que pudo haber sido un matrimonio. Cuando uno conoce el amor de verdad, el de los hijos, el extraordinario, la amistad, la vida marital queda reducida. Y ese dolor que uno sentía en la adolescencia porque se va ella; todo eso era un drama, porque queda minimizado a un polvo inexistente (en el sentido sexual, digo). Creo que hay dolor, pero el amor en sí es una máquina de bien, de ser feliz.

Porque creo que de emparejarte y romper sabes bastante…

Voy por mi quinta pareja… [risas] o posiblemente más. He tenido una vida suertuda. He amado y me han enseñado a amar un montón de mujeres de las que he aprendido un montón, igual que de mis amigos. Pero me gustan las mujeres y he tenido la suerte de que yo a ellas también. 

Estás inmerso en el comienzo del rodaje de El amor después del amor, serie biográfica producida por Netflix y por ti y que va a recorrer 30 años de tu vida, fracasos, excesos, genialidades. En ella hablas de un perfume que te lleva al dolor, ¿a qué huele?

No entiendo muy bien lo que escribo e intento pensar menos cada vez incluso. El perfume que lleva al dolor es mi madre muerta. En el amor después del amor o en la vida después de la vida, siempre voy a estar contigo mamá. Es un código muy íntimo que ahora acabo de revelarlo, pero a la vez tiene una sonoridad espléndida. Puede ser sugerente para que cada uno viaje a donde quiera. En mi caso es al posible reencuentro con mi madre.

¿Cómo va a ser la gira? Muchos componentes, orquestas, más minimalista. 

Este tour de ahora supongo que va a ser con la banda. Una orquesta es muy costosa pero tampoco puedo reducirlo a un cuarteto. La presentación de Futurología va a ser un formato especial en un momento intenso con una puesta en escena impactante. 

Según Wikipedia el domingo 13 de marzo cumpliste 58 años…

Qué va, [risas], son 59. 

[Para fiarse de Wikipedia] ¿Cómo te vas a sentir a partir de los 59, que esperas de la vida?

Hay que ganarse el pan. Las cosas no llegan solas y no espero nada en general. Aguardar algo de alguien no lo aconsejo como ley, hay que salir a buscar el misterio, el deseo y eso que te mantenga vivo. Todos necesitamos la ilusión para llegar al día siguiente. Si bien, todos sabemos que somos unos agnósticos de mierda y que no creemos en nada más desde hace un montón de tiempo. Igual hay que hacer la tarea mental de calentar el corazón del otro y el tuyo.

¿Pesimista u optimista?… Dado el título de Futurología… Tal como están las cosas en estos tiempos infames, ¿qué piensas?, ¿crees en los seres humanos?

En un sentido sí, pero como soy pisciano, en otro sentido no. En la serie aparece un sentido positivo de la vida, la valoración antropológica. Eso no significa nada más que el deseo primal de la tribu humana en querer juntarse el fin de semana con el chamán a tomase unos hongos o lo que coño sea y colocarse y divertirse después de toda la semana de trabajo. Ese es el sentido ancestral de los conciertos que yo encarno desde hace muchos años. Ahí me siento vivo y a gusto, y no se trata de vanidad. Se trata de formar parte, no de sobresalir. 

Foto: Javier Cortés.

Como la entrevista es para ‘Tapas Magazine’, dime que sí, que te gusta cocinar.

No cocino. Estoy en todo el trámite del proceso. Planeo la cena o el almuerzo; soy un gran anfitrión, me ocupo de que esté todo en su lugar y de que la gente se sienta atendida. Voy a la compra pero no realizo la tarea táctil de la comida. Me falta eso y creo que va a ser la última de mis grandes esperanzas, dedicarme a la cocina. Me gusta agasajar, aunque no sé si toco tan bien el piano como para eso, saber recibir en mi casa. 

Y de vinos ¿qué tal andas?

Bien, tampoco soy un sommelier, quiero decir: lo básico, lo elemental, muy bueno y al grano. En mi hogar de Buenos Aires sobre todo tengo vinos argentinos, salteños, del valle del Tupucato, de Mendoza, los Rutini, los Zapata… Esos funcionan siempre; son carísimos, pero excelentes. Por supuesto también hay ejemplares más populares como el Protos, me das uno de 12 euros o un Vega Sicilia y me quedo con el Protos. Me cayó simpático una vez y nunca más dejé de beberlo, pero si llegas a mi chamizo te voy a recibir con un buen vino de mi tierra. 

Tu plato favorito (imagino) que será la carne, pero cuando vienes a España, qué no perdonas.

No, no, y de hecho hay una tendencia mundial, la del vegetarianismo y veganismo, que en Argentina caló muy hondo y sobre todo en los jóvenes. Está siendo una revolución. En un sentido lo encuentro muy saludable. Si bien, yo estoy criado en los viejos tiempos. Me están volviendo ‘a poquito’ más vegetariano y por momentos vegano. Todavía no estoy en la situación de abandonar las carnes, pero las consumo mucho menos. Descubrí un poco la buena alimentación pasados los 30 años, cuando empecé a dejar de trasegar caramelos masticables y darme cuenta de que tomar alcohol es malo. Cecilia Roth (su primera pareja) me bañaba y me enseñó a comer, aparte de amarme y de darme a mi hijo. Vas a cualquier puesto de hamburguesas y hay una vegana, como en el último bolochito de Ciudad de México o en Los Ángeles.

Aterrizas en Madrid.  ¿Tus rincones favoritos?

Si me preguntas, me voy a Casa Lucio, un clásico, sin estridencias. Anoche estuvimos en Botín, “el restaurante más viejo del mundo”, dicen. Recuerdo algunos bares, pero creo que ya no están. Los sushis recalaron fuerte en los 90, pero prefiero los ‘baretos’, las tapitas, lo clásico. Alguna vez tuve una discusión con un camarero muy elegante al que le pedí un bocata de jamón y queso y me dijo que no: “Es de jamón o de queso” me respondió. Creí que eso era un protocolo de alto rigor y que esas cosas no se mezclan.

Te estás haciendo vegano, seguro que haces ejercicio…

No, no me estoy volviendo vegano. Ejercicio poco, como tengo problemas de columna, de cervicales, estoy dejando de correr, pero volveré cuando mejore. Te vuelves más liviano y mejor. Pasados los 55 se empieza a notar eso de sentirse más sano, así que no te puedes emborrachar todos los días.

Si te pregunto por todas las cosas que has hecho en tu vida, libros, películas, música, producción, etcétera, tendríamos para una revista de cien páginas. ¿Eres un ser inquieto, no puede tu mente parar por un instante? ¿Conoces eso del placer de la pereza?

Eso lo veo, por ejemplo, en algunos amigos que son elegantísimos diletantes y me marcan un poco esa tendencia, y sé contestarles. ¿Dónde me sitúo? Tengo muchísimo tiempo de silencio y bastante de pereza, donde las cosas van circulando; y por otro lado el pensamiento es la única producción que no se puede parar, nadie tiene dominio sobre eso. Te hablan de la meditación trascendental, okey, no deja de ser un fluir del pensamiento. Siento mucho placer cuando me pongo a escribir, ensayar, tocar el piano, editar; no me pueden acusar de eso. Cuando me expreso siento que me libero de algo. Una fuerza me invade… que eso le moleste a alguna gente me parece perfecto. No le va a gustar todo lo que hagas a todo el mundo, pero yo necesito hacerlo.

Vamos al principio: naciste en Rosario, ¿cómo fue tu infancia? Callejera, buen estudiante, inquieto…

Todo eso, callejera, muy callejera; no era buen estudiante, era… Me gustan mucho los signos. Lo zodiacal lo encuentro muy veraz, la astrología, sobre todo después de leer el libro de Linda Goodman del año 80 me pareció deslumbrante. 

¿Cómo llegaste el mundo de la música? ¿Tus padres?

Mi mamá era concertista, fallece cuando yo tengo 8 meses, o sea que lo que heredo de ella lo tengo en la sangre. Mi padre, melómano, clase media baja, trabajador de la Municipalía de Rosario, llegó a ser director de cultura. En mi casa sonaba la Bossa Nova, Jobim, Gilberto, Toquinho, María Creuza, las orquestas de tango de Sangan, de Troilo, de Pugliese, de cantantes como Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Julio Sosa, Piazzola en paralelo con su contemporaneidad… Me deleitaba con Gershwin y Sinatra era la máxima modernidad del mundo. Te diría que mi padre me inculca en la música, en los libros y en el cine también. Él es el que me contagia el terreno real por el cual conectarme con esa maravilla que hasta el día de hoy no ha dejado de ser un paraíso todavía desconocido.

¿Autodidacta?

Tengo un buen oído, no me ha fallado nunca. A mi maestro, que había sido profesor de música de mi madre y vivía enfrente de mi casa, le pedía: “Toque una pieza maestro” y le daba Para Elisa o la Marcha Turca.  Me pasaba los pentagramas y me los aprendía en media hora. Un día fui a verle y puse el texto en el atril, la toqué de memoria mientras fingía que lo leía. Al final se dio cuenta de que le estaba engañando. Me cerró la tapa del piano y me dijo: “No vengas nunca más”. Luego falleció y su hija me confesó que estaba muy orgulloso de mí, de lo que había hecho, de mis grabaciones. Tengo un recuerdo muy hermoso de él y de toda su familia. 

¿Pesimista u optimista?

Las dos cosas. Un ratito para cada uno.

¿Has pasado alguna depresión?

Sí, como todo el mundo. Te tomas tus buenas pastillas durante poco tiempo y punto.

O te aprietas unos buenos tequilas…

No sé, cuando estás en esos periodos no sé si son muy aconsejable los alcoholes y las drogas y esas cosas. Me parece que la depresión te lleva a un punto en el cual ni siquiera podés gozar de un estímulo. Resistí a periodos de mucha angustia con el trabajo, y cuando me deprimí de verdad, a la cama, sin movimiento, sin posibilidad de acción, digamos. 

¿Te sientes querido? Al menos admirado en Argentina, con todos los premios que tienes allí… que si el Rey rosarino…

Yo soy un príncipe menor, de una corte menor, de un condado marginal, de un afterfwork, donde van los que sobreviven a la mañana. A ver, el 33% te va a querer, el otro 33 no y al resto no le importa nada lo que hagas. 

Soy piscis, como tú. ¿Qué va a ser de nosotros?

Dependemos ya a nuestra edad del ascendente. A mí me sale Géminis. Son como dos gemelos que se juntan, no como esas pareja de piscis que cada uno va por su lado. A mí se me puso la vida muy divertida astrológicamente. Mira, mi hijo es Géminis y mi actual pareja es Géminis, fíjate. 

¿Donde vas a ir a cenar esta noche en Madrid?

Me apetece una pizzería, normal, no gourmet. No controlo mucho, así que me tenés que recomendar una (le recomiendo Piccola di Napoli). Pues allí iré. 

[La verdad, no sé si acudió. Pero seguro que no se lo pasó mal. La realidad es que antes que se fuera la luz de cielo reapareció con su traje ‘oficial’. De un impecable negro. Elegancia nihilista]

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