Hace ya casi cuarenta años, Familia Torres puso en marcha el proyecto de recuperación de las variedades ancestrales de uvas que se habían dado por extinguidas en el siglo XIX por la plaga de la filoxera. Se trata de uno de los proyectos de investigación más apasionantes de la bodega, no solo por su gran potencial enológico, sino por hacer frente al cambio climático. Una mirada a largo plazo y hacia los vinos del futuro.

Cuatro décadas de investigación

Todo empezó a principios de los años 80, cuando Miguel A. Torres regresó al Penedès tras estudiar viticultura durante un año en la Universidad de Montpelier. Decidió iniciar una búsqueda de variedades antiguas desaparecidas para contribuir a recuperar el patrimonio vitícola catalán. Grans Muralles fue el primer exponente de este proyecto de recuperación, ya que incorporó en su primera añada de 1996 la garró y, años más tarde, en 2009, la querol.

La búsqueda de variedades seguía avanzando y en torno al año 2000, se estableció una metodología innovadora para el saneamiento y reproducción de estas viejas cepas. En la última década, la quinta generación, con Miguel Torres como director general de Familia Torres y Mireia Torres como directora de Innovación y conocimiento, ha decidido impulsar con fuerza este proyecto al constatar la resistencia a las altas temperaturas y a la sequía de algunas de estas variedades, lo que las hace especialmente interesantes frente al cambio climático como una solución de futuro.

El trabajo continúa

A día de hoy, el proyecto de recuperación de variedades ancestrales de Familia Torres se encuentra en plena efervescencia: se han descubierto más de 50 variedades y se están focalizando en 6 de ellas, las que consideran que tienen un mayor potencial enológico, mayor acidez y capaces de adaptarse a temperaturas extremas y al nuevo escenario climático al que nos enfrentamos.

Estas variedades son la querol y garró, que forman parte del cupaje de Grans Muralles, forcada (la única variedad blanca y que ya se comercializa como un vino monovarietal experimental), moneu, gonfaus y pirene. Todas ellas son de maduración tardía, lo cual permite contrarrestar el avance de las vendimias que conlleva el aumento de temperaturas. Otro denominador común es la marcada acidez e intensidad aromática, que dan lugar a vinos muy expresivos.

Aunque de momento el proyecto se ha centrado en variedades autóctonas de Catalunya, ya se ha iniciado la búsqueda también de variedades ancestrales en otras regiones vitivinícolas en las que está presente Familia Torres como Rioja, Ribera del Duero y Rías Baixas.

El resultado

Actualmente, la bodega sigue estudiando el potencial de estas variedades y experimentando con ellas pero ya cuenta con algunos proyectos en firme. Además de Grans Muralles, a finales de 2019 se empezó a comercializar en la alta restauración el primer vino monovarietal de variedades ancestrales con la forcada, que tiene un gran potencial de envejecimiento. Además, esta variedad, junto con la moneu, han sido aprobadas por la DO Penedès. Precisamente será la moneu la próxima variedad que se lanzará al mercado en los próximos meses, aunque será como parte de un coupage de variedades autóctonas.

Viñedos en altura

Otra de las medidas adoptadas por Familia Torres para adaptarse al incremento progresivo de las temperaturas es empezar a plantar viñedos a una mayor altitud, ya que por cada 100 metros de altura, disminuye en casi un grado la temperatura.

Estas temperaturas más suaves favorecen unas maduraciones más pausadas y vinos más frescos con mayor potencial de envejecimiento. En este sentido Familia Torres cuenta con viñedos en Tremp (el Prepirineo, en Lleida) a 950 metros de altitud y una finca en els Tossals de Porrera, en el Priorat, a prácticamente 750 metros, siendo el viñedo en suelos de llicorella más alto del Priorat.  

Torres&Earth, más allá de la sostenibilidad

El cambio climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta hoy la viticultura y el sector del vino en general. Además de adaptarse, Familia Torres dedica muchos esfuerzos a reducir su huella de carbono. Para ello en 2008 puso en marcha el programa medioambiental Torres&Earth con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 por botella en todo su alcance, desde el viñedo hasta el consumidor. En 2019, alcanzó la meta que se había fijado para 2020 y redujo sus emisiones directas e indirectas en un 30% gracias, sobre todo, al uso de energías renovables, medidas de eficiencia energética, movilidad sostenible y reducción del peso de las botellas, entre otras acciones.

Familia Torres orienta ahora sus esfuerzos hacia la captación y fijación de CO2 impulsado proyectos como la reforestación en la Patagonia chilena, las tecnologías CCR (Carbon Capture Reuse) y técnicas de viticultura regenerativa como las cubiertas vegetales. Cada año, destina el 11% de los beneficios a inversiones relacionadas con el medio ambiente y el cambio climático. 

El objetico es reducir las emisiones en un 55% en 2030 y tener un impacto positivo en el clima (Climate Positive) a partir del 2050. Familia Torres es además impulsora de la asociación International Wineries for Climate Action, integrada actualmente por 10 bodegas de todo el mundo y cuyo objetivo es impulsar la descarbonización del sector del vino a nivel global.

Cinco generaciones dedicadas al vino

Desde que en 1870 Familia Torres pusiese en marcha su bodega en Vilafranca del Penedès, cinco generaciones han transmitido de padres a hijos la pasión por la cultura del vino desde el respeto por la tierra, la tradición y la apuesta por la innovación.

Presente históricamente en el Penedès, Conca de Barberà, Priorat y Costers del Segre, Familia Torres cuenta también con viñedos y bodegas en Rioja, Ribera del Duero, Rueda y Rías Baixas, así como en Chile y California.

Familia Torres es miembro de las Primum Familiae Vini, asociación que integra 12 de las familias centenarias elaboradoras de vino más prestigiosas del mundo. Además, la empresa familiar es fundadora de International Wineries for Climate Action, que tiene el objetivo de impulsar la descarbonización del sector.

La revista británica Drinks International ha otorgado en cuatro ocasiones a Familia Torres el reconocimiento World’s Most Admired Wine Brand, lo que no es más que el resultado de la continua búsqueda de la excelencia, el compromiso ambiental y la vocación exportadora de la bodega familiar.

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