Sin duda, la escena del camarote de la película Una noche en la ópera de los hermanos Marx, es una de las más delirantes y divertidas de la historia del cine. Todo comienza con el personaje interpretado por Groucho Marx, un extravagante y oportunista hombre de negocios que, a bordo de un barco, llama al camarero para pedirle una interminable lista de comida: un jugo de cada clase, más dos huevos fritos, dos revueltos, dos pasados por agua y dos en tortilla.

En ese momento, desde el otro lado de la puerta, se escucha a Chico pedir:  “¡Y también dos huevos duros!” y, a continuación, suena la bocina de Harpo y Groucho añade: “en lugar de dos, pon tres”. La lista continúa con los bistecs: uno crudo, otro hecho, otro más hecho y otro quemado… a lo que Chico añade: “Y también dos huevos duros”, y Harpo con su bocina, otro dos más. La escena continúa con los pastelitos franceses y los bizcochos borrachos, más los dos huevos duros (“y uno de ellos de oca”).

Mientras aguarda que le traigan la comida, por el camarote van desfilando otra serie de personajes: las mujeres que hacen la cama, dos fontaneros, la manicurista, la mujer que pide llamar por teléfono, otra que viene a barrer y, finalmente, los cuatro camareros con bandejas repletas de comida.

Entre esa alocada concentración de gente en escalada hacia la apoteosis final se suceden otros diálogos absurdos que coronan esta escena con algunas de las frases más locas e improvisadas del cine. Cuentan que el guionista  George S. Kauffman, en medio del rodaje de una secuencia, exclamó: “¡Han dicho una frase mía!”. 

La frase:

  • La manicurista le pregunta a Groucho si quiere las uñas largas o cortas. A lo que él responde: “Déjemelas cortas, porque aquí ya va faltando sitio”

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