El tequila se bebe así, rezaba algún falso profeta allá por mediados de los 90, haciendo valer a su favor el desconocimiento y validando por enésima vez esa máxima que dice: «En el país de los que no ven, el ciego es el rey». O, mejor aún, «cuando una mentira se repite varias veces se transforma en verdad», sin saber el perjuicio que nos estaba generando a nosotros, «sus discípulos». Y con estas crecimos…

Durante mucho tiempo se dijo que era «la bebida del demonio». ¿Mezclabas y te emborrachabas? Culpa del tequila. ¿Tomabas de forma excesiva? La culpa era del tequila. Se decía que el tequila era de fiesta, que no era sofisticado y no es para nada así. También que «se debía tomar» con limón y con sal (una cosa que ni de grande entendí, ¿por qué limón y sal?).

Al tequila hay que desmitificarlo, hay mucho trabajo por hacer. ¿Por qué seguir repitiendo eso? Si en los bares hoy se consiguen buenas selecciones de tequila y el tequila puede ser más que dos o tres cócteles ochenteros o noventeros. Es hoy un recurso habitual para bartenders creadores y prescriptores de nuevos y esquicitos brebajes. 

Degustar un destilado

Se trata de abrir la mente. Darte cuenta de que tienes varias opciones. Cuestiones que hay que ver y conocer: añejado, reposado… A mí siempre me gustó el blanco y me fui dando cuenta que ése era también el que eligen los mexicanos.

Para mí es un destilado a descubrir. Existe aún hoy un gran desconocimiento de lo que es un destilado y de toooooodo el trabajo que hay detrás, ¡pues comencemos a ponerlo en valor, señores!

Se piensa que es una bebida para preparar Margaritas, como que el pisco que es solo Pisco Sour. Los fueron encasillando y es hora de romper con esas barreras. En Salmón Gurú desde hace tiempo que venimos derribando mitos: Tequila, Cachaça, Shochu y un largo etc… Pero queda mucho trabajo por hacer.

La atracción por esas bebidas llamadas “de esto no hay”

Para mí el recuerdo del tequila es de la noche que un mexicano conocedor me acercó una botella. «De los mejores que hay», esas botellas codiciadas que yo denomino «de esto no hay», «de esto no se consigue» y me acuerdo que me lo tomé de una, de un sorbo. «¡¿Qué haces?! Esto es para disfrutarlo, no se traga así», me dijo. Desde ese día me quedó.

Así pude disfrutarlo como nunca, aprender y conocer un poco más todo lo que hay detrás. Si tienes la suerte de ver de primera mano lo que es el agave (la planta de donde sale el tequila), su recolección y proceso, seguramente te enamorarías de esta bebida. Dejarías de repetir mitos y, quién sabe, tal vez crearías los tuyos propios, pero desde el ¡conocimiento!

Volviendo al principio, me reitero: es una bebida del demonio porqué estoy seguro que cuando lo pruebes, como se debe, no habrá vuelta atrás.

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