El secreto de Camboya

NOMBRES: KEP. KEP-SUR-MER. CÔTE DE LA PERLE D’AHATHE.
PAÍS: CAMBOYA
IDIOMA: CAMBOYANO.
HABITANTES: 35.990.
CÓDIGO POSTAL: kh-23.
CONOCIDO POR: CANGREJOS Y ARQUITECTURA COLONIAL.
Los años del colonialismo francés, tan cinematográficos más allá de sus vaivenes políticos, sirvieron para redefinir ciertas zonas de la antigua Indochina con esa inimitable atmósfera de decadencia tropical y art déco. Uno de los mejores ejemplos se encuentra en la bahía de Kep y Kampot, repleta de viejas villas y balnearios en los que algunos han querido ver una suerte de Saint-Tropez camboyano. Pero no, esto es mejor. Es pura Asia y sabe a mar, a cangrejos y a pimienta fresca.

Para llegar a Kep, lo más sencillo es tomar un autobús desde Phnom Penh o un coche con conductor. Tras dos o tres horas de viaje (las carreteras aquí son complicadas), nada mejor que ir directos a la orilla del mar y disfrutar de un durián (fruta típica que, según el dicho popular, “huele como el infierno pero sabe como el cielo”) y de una panacotta de maracuyá, chips de raíz de remolacha, merengue y menta fresca en Knai Bang Chatt (knaibangchatt.com). Vann Molyvann, discípulo camboyano de Le Corbusier, firmó este imponente conjunto de villas.

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El plato tradicional jemer por excelencia es el amok, un pescado cocinado al vapor envuelto
en hojas de plátano y cubierto de leche de
coco y ‘kroeung’ (pasta espesa de hierbas aromáticas), que se encuentra en prácticamente cualquier restaurante del país. La llegada de descendientes de antiguos colonos y ‘expats’ ha provocado que Kep cuente con una variada oferta de restaurantes de influencia europea. Uno de ellos es Breezes (Kep Village, Sangkat Kep), dirigido por una pareja holandesa que, además de bordar el amok, ofrece sorpresas como el magnífico tartar de barracuda.

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Pasear por Kep es toda una experiencia, sobre todo si acabas de vivir (y padecer)
el caos de ciudades como Phnom Penh, Kampong Cham o Siem Reap. Aquí se
respira paz, motos y bicicletas circulan por
la pequeña carretera que bordea la costa y un simpático cangrejo azul saluda con sus pinzas al visitante. ¿Por qué? Fácil. En Kep se encuentra el famoso Crab Market (kepcity. com), donde las mujeres pescan cangrejos en la orilla y los cocinan en sencillos puestos al aire libre. ‘Street food’, sí, pero de verdad. No probarás otro bicho igual: impresionante.

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Aunque sí hay una pequeña playa en Kep,
justo enfrente de Koh Tonsay (la paradisíaca Isla de los Conejos), el plan aquí no es tanto bañarse en el mar como disfrutar de sus
otras posibilidades. Windsurf, kayak y cursos de navegación en ‘hobie cats’ te esperan en
The sailing Club (Phum Thmey, Sangkat Prey Thom), una antigua caseta de pescadores
junto a Knai Bang Chatt convertida hoy en el epicentro del ambiente más cosmopolita. ¿El plan? Practicar algún deporte y reponer fuerzas con un pescado y mucha pimienta de sus vecinos de Kampot. Cuidado, es adictiva.

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Tanto mirar al mar no debe despistarnos de lo que ofrece “el otro lado”. El parque Nacional de Kep, una inmensa masa verde y montañosa a la que debemos agradecer la suave temperatura de la zona, no solo esconde animales de todo tipo (ojo con las serpientes y los monos) también refugios como Veranda Natural Resort (veranda-resort.asia), un hotel sostenible en el que ofrecen desde sencillas habitaciones de madera hasta lujosas villas con piscina privada. En cualquier caso, siempre podrás nadar en la de la imagen, una ‘infinity pool’ rodeada de vegetación y con vistas al bellísimo atardecer. El paraíso era esto, sí.

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Villa Romonea es uno de los mejores ejemplos
de la arquitectura racionalista que redefinió Kep a mediados del siglo XX. Con una panorámica doble a las colinas de Bokor Hill (donde aún sigue pie
el inquietante y abandonado balneario Bokor Hill station) y a la isla vietnamita de phu Quoc, lo tiene todo para disparar las ganas de lujo. Disponible
en alquiler para doce personas, incluye campo de golf, piscina, pista de tenis, acceso directo al mar y visitas a lugares como la isla secreta de angkaul. La opción B consiste en enterarse de quién duerme allí y lograr que te invite a una de sus fiestas. A veces funciona (villaromonea.com).

©Ricardo de San Eustaquio

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