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La cuarta cita gastronómica entre Woody Allen y Madrid

La historia de amor entre Madrid y el cineasta suma un nuevo capítulo: un paseo por el Real Jardín Botánico y una buena sesión de tapeo castizo en la Taberna de Casa Baranda.

(Foto de Getty Images)

Para Woody Allen, Madrid nunca es suficiente. Hace unas semanas le descubríamos disfrutando de una ruta gastronómica por la capital, entre los descansos del rodaje de su 51.ª película en la ciudad. Entonces pensamos que tres paradas de cuchillo y tenedor bastarían para conquistar el apetito del cineasta, pero estábamos equivocados: ha sumado una cuarta degustación a su recorrido madrileño. Esta vez, en la Taberna de Casa Baranda, en pleno barrio de Malasaña.

Una taberna castiza de película

Casa Baranda ocupa el antiguo local de la taberna de Paco Manteca, un establecimiento del siglo XIX ligado al Madrid más castizo. Sus responsables han recuperado ese espíritu de taberna tradicional a través de una decoración que parece detener el tiempo: una barra clásica, barriles de cerveza, taburetes altos y fotografías y carteles antiguos de San Isidro. Una estampa muy madrileña en la que conviven el ambiente de siempre y una propuesta gastronómica con guiños al sur.

La carta recorre algunos de los grandes clásicos del tapeo español. Entre sus propuestas figuran las patatas bravas, la ensaladilla rusa, los chicharrones de Cádiz, el pulpo a feira, los pinchos morunos, el picadillo de morcilla de León y los callos a la madrileña, preparados al estilo de Maruchi Frey. Tampoco faltan dos imprescindibles de cualquier barra capitalina: el bocadillo de calamares y el pincho de tortilla, elaborado siguiendo la receta de Concha Marfil. A ellos se suma el solomillo piripi, inspirado en la conocida receta del establecimiento homónimo de Alicante.

La experiencia se completa con una selección de bebidas en la que destacan el vermut de la casa, los vinos generosos de Jerez y otras referencias vinícolas, además de cerveza checa Kozel, Pilsner Urquell y cervezas artesanales de la Fábrica Maravillas. Al frente del establecimiento está Javier Alcocer, encargado de mantener vivo ese espíritu tabernario que invita a alargar el aperitivo, compartir unas raciones y dejarse llevar por el Madrid más castizo.

En definitiva, el cineasta, ganador de cuatro premios Oscar, ha preferido no complicarse la existencia -al contrario que muchos de sus personajes- y disfrutar de Madrid sin demasiadas vueltas. Después de visitar el Real Jardín Botánico, ha encontrado en la gastronomía castiza otra forma de saborear la capital: buenos platos españoles, productos de calidad y precios razonables. Porque, a veces, para entender la vida, el amor y el mundo no hace falta más que sentarse a una buena mesa, disfrutar de la comida y compartir una conversación inteligente, irónica y, a ser posible, en buena compañía. Algo que bien podría ocurrir en una de sus películas.