Uno de los espectáculos más impresionantes que ofrecen las playas del Mar del Norte en la región belga de Flandes es poder contemplar algunas de las más amplias mareas de Europa, con amplitudes que van de los 4 a los 8 metros de altura. ¿Cómo se percibe ese fenómeno? Fácilmente: debido a la bajísima pendiente de la costa, en marea baja el agua puede retirarse centenares de metros, dejando a la vista extensísimas superficies de arena de hasta un kilómetro de anchura.
No es la resaca con la mayor distancia horizontal de retroceso del mar durante las mareas bajas, fenómeno que se sitúa en la bahía del Monte Saint-Michel donde las aguas marinas se alejan hasta 15 kilómetros, con 15 metros de subida en la pleamar… Pero, al contrario de las mareas de la región francesa de Normandía, la de Flandes tiene una particularidad alimenticia que sólo se da allí, y que fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2013…
Se trata de la pesca de gambas o camarones a caballo, que tiene lugar en la playa belga de Oostduinkerke. Se trata de una tradición única en el mundo que hace ya tiempo que dejó de ser un medio para ganarse la vida: la escasa rentabilidad del producto obtenido, con capturas demasiado pequeñas para el precio que alcanza este marisco en el mercado, lo hacen inviable. Tras estar a punto de desaparecer tras la Segunda Guerra Mundial, por la necesidad de emplear la fuerza del caballo en los campos, mucho más rentables.
Cuando los tractores hacían mejor ese trabajo, los caballos estuvieron en un tris de desaparecer definitivamente, pero una docena de familias de pescadores decidieron mantener viva esta actividad, casi por simple amor al arte, aunque la declaración de la UNESCO lo ha convertido en un reclamo turístico de primer orden.
El último fin de semana de junio se celebra tradicionalmente en Oostduinkerke la Fiesta del Camarón, con degustaciones gastronómicas de un crustáceo, la gamba gris, de apenas tres centímetros de longitud, apreciado por su intenso y salado sabor, que se consigue al cocerlas en la misma playa, inmediatamente después de haberlas pescado. Como colofón de la temporada, en octubre se celebra el Garnaalkrokettenfestival, el festival de la croqueta de camarones, que este año tendrá lugar en la cercana ciudad de Ostende los días 10, 11 y 12 de octubre. En las cartas de los restaurantes, el precio de un par de croquetas se mueve en una franja entre los 22 y los 27 euros… algo lógico, dado el tiempo que se necesita para llenar un capazo con esta diminuta delicatesen.
Un espectáculo sorprendente
La primera vez que se ve gente a caballo dentro del mar la sensación que se tiene es de incredulidad y sorpresa. Mucha más que cuando se asiste a las carreras de caballos de la playa de Sanlúcar de Barrameda. Alguien te tiene que explicar qué hacen ahí, porque no se entiende. Sin embargo, este arte ancestral de arrastrar redes con la enorme fuerza de los caballos de tiro belgas está documentado desde el siglo VI, como lo atestiguan los documentos que se conservan en el Museo Navigo, el museo nacional de la pesca, situado a escasos kilómetros, en la cercana Koksijde.
Para su cometido, los pescadores, vestidos de amarillo y conocidos en neerlandés como paardenvissers, emplean los robustos caballos de tiro de la raza brabanzona, a los que hay enseñar a caminar entre las olas. Cuando el animal se ha acostumbrado al agua es cuando se le puede empezar a poner la red y enseñarlo a faenar. De piernas cortas, estos equinos tienen un peso mucho mayor en comparación con otras razas, entre 700 y 900 kg, aunque pueden llegar a la tonelada. Tampoco son muy altos: la media está entre los 164 y 168 cm, pero su fuerza es impresionante. La necesitan porque se adentran en el mar hasta el pecho y recorren las aguas de la playa de Oostduinkerke, en paralelo a la línea costera, arrastrando redes con forma de embudo por los bancos de arena. Una cadena metálica va sacudiendo la arena y el fondo marino, haciendo que los camarones y gambas salten y queden atrapados en la red, para que, a continuación, los pescadores almacenan la captura en cestos de mimbre fijados a ambos lados de los caballos.
La actividad no se produce a diario, pero sí con frecuencia, pese a que sólo se lleva a cabo dos veces a la semana, entre abril y octubre, principalmente, y siempre durante la bajamar, por lo que la pesca dura un máximo de dos horas. Septiembre y octubre son los meses en los que se produce el pico de mayor actividad. Después, y hasta el abril siguiente, la pesca se reduce al mínimo o se suspende por completo en los meses más fríos del invierno.