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El menú de un verano portugués: un viaje de Lisboa al Algarve, a bocados

¿Cómo no te vas a querer comer el mundo después de probar un pastel de nata?

Emma Stone en 'Pobres Criaturas' como Bella Baxter comiéndose un pastel de nata.

Una explosión de los sentidos. Justo eso fue lo que significó para Bella Baxter -la protagonista de Pobres criaturas, dirigida por Yorgos Lanthimos e interpretada por Emma Stone- la ciudad de Lisboa. Simplemente hizo falta un pastel de nata –bueno, más bien unos 60 durante el rodaje– para que, de un mordisco, se abriera ante ella la puerta de la curiosidad por conocer y disfrutar el mundo exterior, donde todo resulta nuevo y delicioso. Pero Bella no ha sido la única en caer rendida. La gastronomía portuguesa es un placer sin filtros, pero con mucha tradición, y basta sentarse en una mesa de Mouraria en Lisboa, para entenderlo: fado de fondo, un bacalao a la brasa, unas almejas al vino y ganas de no volver a casa.

No importa si estás disfrutando del ambiente del Algarve por las calles de Lagos, sentado frente al mar en un restaurante de Ericeira o en un pequeño local de apenas tres mesas en Baleal, la diminuta península al norte de Peniche. Portugal siempre consigue dejarte con el apetito satisfecho. Y en verano, todavía más: entre sesiones de surf, fiestas, tardeos y horas de playa, las tripas rugen y cualquier excusa es buena para sentarse a comer y descubrir mundo. Por esta razón, justo antes del final del verano, nos vemos obligados a poner sobre tu mesa los platos portugueses imprescindibles para tu verano de película.

Para abrir el apetito

Ameijoas à Bulhão Pato

Si hay un plato que sabe a verano portugués, son las almejas à Bulhão Pato. Este clásico se prepara con almejas cocinadas rápidamente en una salsa de ajo, aceite de oliva, cilantro y vino blanco, para después mojar pan hasta dejar el plato prácticamente limpio. Es especialmente habitual en Lisboa y la costa, y forma parte de esa cocina portuguesa que entiende que, cuando el producto es bueno, tampoco hace falta complicarse demasiado. Es un entrante perfecto para disfrutar a la que estás escuchando un fado en directo.

Cogumelos salteados

Los cogumelos salteados son otro de esos acompañamientos sencillos que aparecen en las mesas portuguesas, especialmente dentro de la lógica de los petiscos: pequeños platos pensados para compartir y picotear sin demasiados protocolos. Suelen prepararse salteados con ajo, aceite de oliva y hierbas, aunque las recetas varían. No tienen la fama internacional del bacalao o las sardinas, pero sí encajan en esos platos que una vez que muerdes, no puedes parar de comer.

Bolinhos de Bacalhau

No podía faltar el primer bocado del pescado estrella portugués, el bacalao. Los bolinhos de bacalhau, también conocidos como pastéis de bacalhau, son una especie de buñuelos elaborados con bacalao desmigado, patata, huevo, perejil y cebolla, que se mezclan y se fríen hasta conseguir ese exterior dorado y crujiente. Son uno de los salgados -pequeños aperitivos o snacks, normalmente de masa o fritos, que se comen como tentempié- más populares de Portugal. Están para comérselos de un bocado.

Los protagonistas

Bacalhau à Brás

El plato que probablemente mejor resume la obsesión portuguesa por el bacalao. El bacalhau à Brás mezcla bacalao desmigado con patatas paja, cebolla y huevo, y se termina con perejil y aceitunas negras. El resultado es meloso, salado y adictivo, de esos platos que parecen sencillos hasta que intentas dejar el huevo exactamente en su punto. Aunque la leyenda diga que el bacalao empacha, este plato está para repetirlo un día sí y al siguiente también.

Bacalhau à Brás
(Foto de Getty Images)

Polvo à lagareiro

Portugal también se encuentra bajo la adoración del tentáculo del pulpo, y esta es una de sus versiones más sabrosas. El polvo à lagareiro combina pulpo cocido y después horneado con abundante aceite de oliva, ajo y patatas asadas, las famosas batatas a murro, que se aplastan ligeramente antes de bañarlas en aceite. Es una receta especialmente asociada a la cocina portuguesa de costa y una demostración bastante convincente de que con buen pulpo, buenas patatas y mucho aceite de oliva, poco más hace falta.

Sardinhas assadas

Pocas cosas gritan verano portugués más fuerte que una parrilla llena de sardinas. Las sardinhas assadas se cocinan enteras sobre brasas de carbón, normalmente con sal gorda, y se comen calientes, muchas veces directamente sobre un trozo de pan. Son especialmente protagonistas durante las fiestas de los Santos Populares en Lisboa y Oporto, aunque cualquier noche de verano es buena excusa para ponerlas sobre la mesa.

Bifana

Para cuando el hambre aprieta pero sentarse a comer durante dos horas no entra en los planes, está la bifana. Este bocadillo portugués lleva finas lonchas de cerdo marinadas con ajo, vino y especias, servidas dentro de un pan caliente y, según el gusto, acompañadas de mostaza o salsa picante. Su origen se sitúa en Vendas Novas, en el Alentejo, aunque hoy se encuentra por todo Portugal, especialmente en cafés, tascas y fiestas populares. ¿Se le podría llamar la comida rápida portuguesa?

Frango piri-piri

El pollo también tiene su momento de gloria en Portugal gracias al frango piri-piri, especialmente asociado al Algarve. Se trata de pollo asado a la parrilla y acompañado de una salsa picante elaborada a partir de piri-piri, aceite, ajo y otros condimentos. Es uno de esos platos que llegan a la mesa con olor a brasas, piel tostada y una advertencia más o menos implícita: cuidado con la salsa si no quieres acabar sudando más que después de una sesión de surf.

Arroz de marisco

Y si hay que escoger un plato para comer mirando al Atlántico, que sea este. El arroz de marisco es un arroz caldoso y generoso que puede incorporar gambas, almejas, berberechos, mejillones, buey de mar o langosta, dependiendo de la zona y de lo que haya disponible. Su origen se sitúa en Vieira de Leiria, en la región de Marinha Grande, y llegó incluso a ser elegido como una de las 7 Maravillas Gastronómicas de Portugal.

La guinda del pastel

Pastel de nata

Hay pocos bocados que sepan tanto a Portugal como un pastel de nata. Aunque hoy se encuentran prácticamente en cualquier esquina del país, su historia está estrechamente ligada al barrio de Belém, en Lisboa, donde los famosos pastéis de Belém comenzaron a elaborarse en el siglo XIX. Su secreto está en el contraste: hojaldre fino y crujiente por fuera y una crema de leche, huevos y azúcar, dorada y ligeramente tostada, por dentro. Se suelen servir templados y espolvoreados con canela y azúcar glas, porque, seamos sinceros, ¿para qué conformarse con uno? Y aquí está la gracia: pastel de nata y pastel de Belém no son exactamente lo mismo. El nombre Pastéis de Belém está reservado a los que se elaboran en la histórica pastelería de Belém siguiendo su receta propia; el resto del país -y del mundo- disfruta de sus propias versiones del pastel de nata.

Travesseiros de Sintra

Su nombre significa literalmente «almohadas» y hace referencia a su forma alargada: son piezas de hojaldre rellenas de una crema dulce de almendra y azúcar. Son uno de los grandes clásicos de la repostería de Sintra y son perfectos para recuperar fuerzas tras recorrer palacios, perderse por las calles de la villa o simplemente porque siempre hay hueco para uno más.