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Taste of China: la experiencia que condensa un país en siete platos

Trip.com transforma una cena en un viaje multisensorial por la historia, la cultura y los sabores de China.

Foto de Taste of China; Trip.com

No sabía si estaba entrando en un cine inmersivo, en un teatro experimental o en un restaurante. Quizá esa sea precisamente la gracia de Taste of China, la experiencia creada por Trip.com en Shanghái: durante 90 minutos, las fronteras entre gastronomía, espectáculo y tecnología desaparecen para dar paso a un viaje sensorial que pretende condensar la esencia de un país continente en apenas siete platos.

Ubicado en el renovado Bund City Hall Plaza, en pleno corazón de Shanghái, el proyecto se aleja de cualquier concepto convencional de cena temática. Aquí no se viene únicamente a comer. Se viene a recorrer China sin abandonar la mesa.

La propuesta se articula en torno a siete regiones gastronómicas, siete platos emblemáticos y una narrativa protagonizada por Cheng BaoBao, un panda chef animado que guía a los comensales a través de algunos de los paisajes, tradiciones y valores culturales que han definido la cocina china durante siglos.

Mientras las paredes se transforman en montañas de Guilin, jardines de Suzhou o mercados tradicionales de Sichuan gracias a proyecciones panorámicas de gran formato, los platos llegan sincronizados con cada capítulo de la historia. El resultado es una experiencia inmersiva que apela simultáneamente a la vista, el oído, el gusto e incluso a la participación del público.

La primera parada conduce al norte del país con uno de los grandes iconos de la gastronomía china: el pato pekinés. La piel aparece brillante y crujiente, perfectamente lacada, mientras el servicio se acompaña de un delicado té de jazmín que aporta frescura y equilibrio. Un clásico reinterpretado como carta de presentación de una tradición culinaria milenaria.

Más adelante, el viaje continúa hacia el sur con una sopa agripicante de pescado que combina notas ácidas y matices especiados, acompañada por té Pu’er. El contraste entre intensidad y suavidad refleja una de las características más fascinantes de la cocina china: su capacidad para construir armonía a partir de sabores aparentemente opuestos.

Uno de los momentos más sorprendentes llega con el capítulo dedicado a la China central. Sobre la mesa aparece un reconfortante hot pot herbal (mi favorito o probablemente lo que más me ha impresionado) elaborado con ingredientes premium como carne de vacuno marmoleada, abulón y setas raras. Una propuesta que conecta con la dimensión medicinal y nutritiva que históricamente ha acompañado a la cocina del país.

Para quienes buscan emociones más intensas, la escala en Sichuan eleva la temperatura. El mapo tofu, uno de los platos más emblemáticos de la región, se presenta aquí en una versión contemporánea enriquecida con dados de wagyu y langosta. Una combinación tan inesperada como efectiva que mantiene el carácter picante del plato original mientras añade nuevas capas de textura y profundidad.

Pero Taste of China no se limita a servir recetas. Cada plato llega acompañado de una historia. Los valores tradicionales chinos: sabiduría, responsabilidad, benevolencia, integridad, herencia cultural, conexión e innovación, aparecen integrados en la narrativa. Así, el comensal descubre desde pescadores de Guilin que respetan las vedas para proteger los ecosistemas hasta cocineros de Sichuan que defienden el uso de pasta de judías fermentadas envejecida durante tres años para preservar la autenticidad del mapo tofu.

La puesta en escena amplifica constantemente esa sensación de viaje. Bailarinas vestidas con hanfu recorren jardines virtuales inspirados en Suzhou; artistas de artes marciales recrean la tradición Shaolin sobre el escenario; y en uno de los momentos más lúdicos de la experiencia, los asistentes participan en una pesca interactiva digital inspirada en los paisajes fluviales de Guilin.

El clímax llega con uno de los espectáculos más reconocibles de la cultura popular china: el face-changing de la ópera de Sichuan. Los artistas cambian de máscara a una velocidad imposible mientras la música rompe inesperadamente con los códigos tradicionales para incorporar ritmos contemporáneos. Es el cierre perfecto para una experiencia que constantemente juega con la tensión entre patrimonio e innovación.

La apuesta responde además a una tendencia cada vez más visible en el sector turístico. Según datos de Trip.com Group, las búsquedas relacionadas con food tours realizadas por viajeros europeos crecieron un 700% en 2025 respecto a 2024, reflejando cómo la gastronomía se ha convertido en una de las principales puertas de entrada para descubrir nuevos destinos.

Y quizá ahí resida la verdadera virtud de Taste of China. No intenta explicar la cocina china. Intenta provocar el deseo de salir a descubrirla. Cuando termina el espectáculo, uno abandona la sala con la sensación de haber recorrido miles de kilómetros a través de sabores, paisajes e historias. Y con una certeza difícil de ignorar: en la nueva era del turismo experiencial, la gastronomía ya no es un complemento del viaje. Es el viaje.

Y como todo gran viaje merece un pasaporte, al final de la experiencia recibimos uno muy especial: un pasaporte culinario chino que recogía la historia, el origen y las particularidades de cada plato servido durante la velada. Un detalle aparentemente sencillo, pero revelador. Porque es precisamente en esos gestos donde se percibe el profundo respeto que una cultura siente por su gastronomía.