Legado y revolución silenciosa: así navega Raventós Codorníu la nueva era del vino. En un sector donde el peso de la tradición parece inamovible, Raventós Codorníu —la bodega más antigua de España y una de las más longevas del mundo— vive un momento de transformación profunda. Con 475 años de historia a sus espaldas, la compañía se enfrenta al mismo reto que el conjunto del sector: evolucionar sin perder la esencia. Para comprender cómo gestionan ese equilibrio, conversamos con Sergio Fuster, CEO de la compañía, y con Helena Jaumandreu, su chief marketing oficer. Sus visiones, complementarias y precisas, ofrecen una radiografía de un negocio que honra el pasado mientras pisa decididamente el futuro.
Fuster no duda al reconocer que los últimos diez años han supuesto un punto de inflexión. “El avance de la tecnología ha sido una ayuda y evolución para el mundo del vino”, afirma. Aunque el sector se asocia de manera natural a procesos manuales y artesanales, la digitalización ha entrado
con fuerza donde antes reinaban la intuición y la experiencia humana. Uno de los ejemplos más claros es el regadío de precisión. “Vía satélite podemos ver la cantidad de agua en cada parcela y regarlas de forma distinta, ahorrando agua y optimizando la calidad”, explica el directivo. Una innovación que encaja con la filosofía histórica de la compañía: cuidar la tierra para garantizar su futuro.
La segunda gran revolución tecnológica se encuentra en la elaboración de vinos de baja graduación o sin alcohol, una categoría que crece de manera sostenida en todo el mundo.
“Requieren técnicas que hace unos años no existían”, reconoce Fuster, subrayando que la innovación enológica se ha convertido en terreno fértil para llegar a nuevos consumidores sin renunciar a la calidad que caracteriza a la casa.
Mantener esa identidad, precisamente, es lo que Fuster considera la clave del éxito de Raventós Codorníu. “La clave para seguir siendo líderes después de 475 años es no olvidarnos nunca de quiénes somos”, sentencia. Y desglosa esa identidad en tres conceptos: legado, valor y sostenibilidad. El primero remite a 19 generaciones dedicadas a trabajar la tierra; el segundo, a la apuesta por operar siempre en calidades altas; y el tercero, a un compromiso ambiental que precede a las modas. “Somos líderes en vinos orgánicos y la sostenibilidad es el centro de nuestra operación”, recuerda.
Pero en un mercado en el que las formas de comunicar cambian tan rápido como los gustos de consumo, el legado ya no habla por sí solo. Ahí entra en juego el trabajo de Helena Jaumandreu, quien ha situado las redes sociales como un pilar estratégico. “No son solo un medio más: son
una forma de conversar con nuestros consumidores”, explica. Para la CMO, estas plataformas permiten entender qué valoran las audiencias, cómo se relacionan con el vino y qué esperan
de una marca con tanta historia. También actúan como amplificadoras de eventos y patrocinios. “Nos permiten llegar mucho más lejos, conectar a través de creadores afines y abrir nuestras experiencias a quienes no pueden estar físicamente”, añade.
«Para nosotros, las palabras clave son legado, valor y sostenibilidad»
Ese diálogo permanente con el consumidor revela cambios notables en los hábitos. “Observamos un consumidor mucho más curioso, que quiere entender la historia detrás de las etiquetas”, señala Jaumandreu. De ahí el auge de vinos con denominación de origen, elaboraciones sostenibles y
propuestas que cuenten algo más allá de lo que ocurre en la copa. La tendencia también impulsa la demanda de vinos espumosos, que abandonan su rol exclusivo en celebraciones y se
adentran en el día a día, incluso en la coctelería. “El consumo de espumosos se vincula cada vez más a nuevas formas de disfrute”, apunta.
La CMO destaca además el crecimiento del vino blanco, con consumidores que buscan opciones más complejas y gastronómicas. “Pidieron una oferta más elaborada, y ahí encaja el impulso de blancos de guarda”, explica, citando el caso de Viña Pomal Blanco Reserva, uno de los lanzamientos recientes más celebrados del grupo.
Sin embargo, quizá el cambio más significativo es el interés por vinos de menor graduación. “Hay un consumidor, no solo joven, que quiere propuestas más ligeras, pero sin renunciar a la experiencia sensorial del vino de alta calidad”, afirma. Un desafío técnico y creativo que la compañía ya está abordando desde la innovación enológica.
Entre la precisión tecnológica, la escucha digital y el respeto por un legado casi medio milenario, Raventós Codorníu demuestra que la tradición no está reñida con la vanguardia. Al contrario: se nutren mutuamente. Y mientras el sector evoluciona, la compañía parece tener claro su rumbo. Como resume su CEO, “lo esencial es recordar quiénes somos”. Desde ahí, todo lo demás fluye con naturalidad.