«Azpilicueta Blanco ha pasado de ser un proyecto apasionante a convertirse en una realidad de la que nos sentimos orgullosos», explica Elena Adell, enóloga de la bodega. Y no es para menos. La referencia de Azpilicueta, ubicada en pleno corazón de La Rioja, en un terreno privilegiado para el cultivo, elaboración y crianza del vino, está elaborada con uvas 100% Viura, la variedad blanca más cultivada en la Denominación de Origen Calificada Rioja. Lo que se traduce, en tiempo y forma, en un vino equilibrado, con marcados rasgos afrutados y florales.

Tras permanecer durante tres meses en barrica de roble de tostado suave y prolongado, enriqueciéndose con los aromas sutiles de la madera y de la crianza sobre lías finas, Azpilicueta Blanco luce un color amarillo pálido con reflejos verdosos. Su nariz sorprende por su intensidad de fruta en sazón pareciendo manzana, pera, una pizca de plátano y refrescantes notas cítricas. Y también por sus flores blancas, de aromas dulces, melosos, que encajan a la perfección con la suave crianza. Boca refrescante, perfumada, envolvente. De gran longitud.

Todas las cualidades arriba mencionadas lo posicionan como una fantástica opción durante los aperitivos, esos que tanto nos gustan. También triunfa en armonías clásicas, como los pescados blancos a la plancha y el marisco, además de con platos confeccionados a base de verduras, pescados en salsa y carnes blancas. Un vino con alma que, por cierto, la añada 2020 obtuvo 90 puntos en la prestigiosa Guía Peñín.

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