El impetuoso y sensual atractivo del Empordà no se puede entender sin la Tramontana, ese travieso viento del Norte que sacude paisajes, vinos y vidas con su alocado hechizo. Silencioso testigo del encuentro entre los Pirineos y el mar Mediterráneo, este territorio de contrastes se convirtió en el primer refugio de griegos y romanos en la Península Ibérica, y ha inspirado con sus colores, aromas y sabores a genios de todos los tiempos -como Salvador Dalí o Ferran Adrià-.            

Tallado en calas secretas, inesperados parajes volcánicos, bellísimos pueblos marineros, castillos inexpugnables, pinceladas surrealistas, brisas huracanadas, sinuosos montes y arte comestible, es uno de los destinos vinícolas más sugerentes que hemos saboreado. 

Tocados por la Tramontana

Algunos viñedos del Empordà -como Finca Garbet- se asoman a la Costa Brava, agitados por la Tramontana. Foto: Perelada

Las viñas de la D.O. Empordà se enredan en el mar y en la montaña, y la Tramontana las toca a todas con su revoltosa danza: “El hilo que nos conecta es la diversidad de nuestros suelos, la proximidad al mar y, sobre todo, la influencia de la Tramontana, que hace que hace que las condiciones del desarrollo y la fisiología de la planta sean muy particulares”, explica Antoni Roig, presidente de la Comisión Técnica del Consejo Regulador de la Denominación.

Lo toca todo: territorio, viñas… ¡y a las personas! A nosotros también nos afecta, para bien y para mal”, comenta entre risas. Los vinos del Empordà llevan dentro la locura magnética del viento, y los define su carácter mediterráneo, matizado por una frescura innata. “En relación a otras zonas que tienen variedades parecidas a las nuestras, nosotros destacamos por la frescura de nuestros vinos”, apunta Roig.

Las garnachas y las cariñenas son las hijas predilectas de la Tramontana, y conforman una original escalera de color: “Nuestra singularidad es que trabajamos ambas en los tres colores: blanca, roja (rosada) y la tinta (aquí la llamamos negra)”. Aunque también juegan con otras variedades como la Macabeo, la Chardonnay, la Picapoll, la Xarel·lo, la Cabernet Sauvignon o la Syrah.

Finca Garbet 2015

Finca Garbet es uno de los vinos más evocadores del Empordà. Foto: Perelada

Esta exuberante uva atrapa el mediterráneo más evocador en Finca Garbet (solo hacen 1.200 botellas y su precio es de 110 euros), “la joya de la corona” de Perelada. “Ninguno de nuestros vinos refleja un paisaje determinado tan claramente como el Finca Garbet. La extraordinaria belleza de esta viña nos ha inspirado para hacer un vino único”, cuenta Delfí Sanahuja, enólogo jefe de la bodega con más producción del Empordà.

Sus hierbas aromáticas, frutos maduros -deliciosos, casi comestibles- y recuerdos balsámicos y minerales nos llevan en remolinos hasta las doce hectáreas donde se forja, al norte del Cap de Creus. Este paraje montañoso de suelos de pizarra a orillas del Mediterráneo obliga al cultivo en terrazas, configurando un bellísimo espectáculo.

Roca del Crit 2019

Este coupage de Garnacha y Cariñena es una suerte de grito silvestre y mediterráneo. Foto: Gallina de Piel Wines

Un pequeño acantilado escondido con una roca saliente que daba a la parte posterior de Cala Montjoi -y que solo conocían los trabajadores de El Bulli y los habitantes del lugar- inspira el nombre y el relato de este personalísimo vino (16 euros), elaborado por el sumiller David Seijas en Gallina de Piel Wines.

Aquella roca era su roca del grito (Roca del Crit): allí liberaba las tensiones que surgían durante cada función en el mejor restaurante del mundo. Un grito de Cariñena y Garnacha en el que resuena la magia silvestre y mediterránea del Cap de Creus.

Garnatxa d’Empordà Solera

La Garnatxa de l’Empordà, elaborada con Garnacha Roja, es el vino dulce tradicional de la zona. Foto: Mas Llunes

Una de las rarezas más exquisitas del Empordà es su Garnacha Roja, con la que se elabora la Garnatxa de l’Empordà, el vino dulce tradicional de la zona: “Prácticamente, el 90% de la poca que hay en el mundo la tenemos aquí”, afirma Antoni Roig, que también es propietario y enólogo de la bodega familiar Mas Llunes.

Su Garnatxa d’Empordà Solera (22 euros, aproximadamente),que en 2013 fue elegida como mejor vino de Cataluña, es una suerte de conjuro dulce y fresco nacido de varias añadas en el que revolotean los frutos secos, la miel, la naranja amarga y las especias envueltas en seda.

Roig explica que para elaborarla se escogen viñedos con una cierta edad: “Esto facilita que la uva adquiera un grado de maduración importante sin llegar a la sobremaduración”. Cuando las levaduras han devorado la cantidad de azúcar óptima, paran la fermentación espontánea añadiendo alcohol vínico. “Entonces lo ponemos a envejecer en barricas de roble durante un periodo mínimo de diez años”, dice. Y este sueño final no es más que un placentero principio…

Clos Adèle 2019

Eléctrico monovarietal de Xarel·lo forjado en un territorio lejano e improbable. Foto: Terra Remota

La bodega Terra Remota lleva tatuada en su nombre esa tierra lejana e improbable en la que se forjan vinos igual de improbables (e inesperados). Como este Clos Adèle 2019 (40 euros), un vino ecológico 100% Xarel·lo, eléctrico homenaje a la hija de la familia. “El viñedo está plantado en la parte alta de la finca, con gran luminosidad y rodeado de bosque autóctonos que lo protegen de la Tramontana”, explican desde la bodega.

Con su elegancia silvestre y mineral, invita al disfrute inmediato, aunque sus creadores le auguran una larga vida: “Gracias a la excelente acidez natural que logra el Xarel·lo en el Empordà, puede evolucionar muy bien en botella”.

Sota els Àngels 2018

Un original coupage de Picapoll y Chardonnay que traslada el alma de un paraje. Foto: Sota els Àngels

En la ladera de Las Gavarres, bajo una montaña coronada por un santuario de poético nombre, Els Àngels, y rodeada de bosque mediterráneo, se encuentra la peculiar bodega Sota els Àngels. “Este nombre expresa nuestro convencimiento de estar trabajando y cuidando no sólo la dimensión material, sino también el alma de nuestras plantas y de nuestra tierra. Esto es la Biodinámica”, cuenta Maria J. Polanco, su propietaria.

Inspirador, expresivo y sutil, Sota Els Àngels Blanco (33,60 euros) condensa el alma de aquel paraje: “Sin duda el vino blanco más representativo de nuestra bodega es el que lleva su nombre, un vino gastronómico de Picapoll y Chardonnay con un año en barricas de roble francés y al menos tres en botella. Creemos que estas dos variedades aportan y se complementan divinamente en nuestro terroir”, sostiene Polanco.

Tocat de l’ala 2020

Divertido homenaje a la locura que desencadena la Tramontana. Foto: Coca i Fitó

Necesitábamos una vida extra –y nos parecen pocas- para terminar donde empezamos: enredados de nuevo en la Tramontana. El original Tocat de l’ala 2020 (11,50 euros) es un coupage de Garnacha blanca y Macabeo de los que hacen perder la cabeza, algo así como una cala de la Costa Brava convertida en un trago por un malabarista haciendo equilibrismo -igual que el de la etiqueta-.

Miquel Coca i Fito, uno de los propietarios de Coca i Fitó, nos cuenta el porqué del curioso nombre: “En esta zona del Empordà en la que elaboramos nuestros vinos sopla mucho la Tramontana, y está lleno de artistas porque este viento afecta un poquito a la cabeza de la gente. Es una expresión muy utilizada en Cataluña, la gente la siente como muy suya. En lugar de decir ‘estás loquito’, dices ‘estás tocat de l’ala”. Y se atreve a ponerle música al delicioso disparate: Hallelujah by Brookly Duo (piano & chello).

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