Venecia no puede soportar ver a su gente (y sus turistas) paseando por sus calles entregándose a la comida rápida. No lo puede soportar. Por eso, la ciudad italiana ha comenzado a tomar medidas en contra de esta práctica alimenticia y gastronómica tan poco deseable.

A pesar de que la comida rápida, la llamada internacionalmente fast food, no es saludable ni recomendable, la iniciativa de Venecia de querer prohibirla tiene una justificación que va más allá de digestivas: preservar la esencia veneciana que actualmente está en vías de extinción.

La idea de proteger el patrimonio cultural de la ciudad está tan arraigada que ya existe un Decreto Legislativo, el 222/2016, para frenar la venta y producción de este tipo de comida y su consumo en la vía pública veneciana, según informa su ayuntamiento.

La medida que restringirá esta práctica, todavía pendiente de aprobación por el gobierno local y regional, no afectará a las heladerías artesanales, ya que este tipo de producto es un icono de la gastronomía italiana y, por ende, veneciana.

Una medida preventiva que de aprobarse la gastronomía de Venecia quedaría reducida a mesa y mantel.