Nuestros tres protagonistas han sabido manosear sus raíces para hacer cosas distintas, combinando grandes dosis de respeto y descaro. Porque como reza el mensaje universal de Lola Flores en la campaña de Cruzcampo: “El acento es tu tesoro, no lo pierdas nunca”.

Alejandra Marroquín, inspiración de lo cotidiano

Con tan sólo 21 años Alejandra se ha hecho un hueco en el mundo del arte plasmando lo que ella considera la ‘belleza de lo simple’, porque un plato de gambas rojas (el sabor de su Mediterráneo querido) puede decir mucho. “En mi pintura todo está relacionado con el respeto por la cultura española y, sobre todo, con la mesa, es el lugar en el que todo ocurre”, afirma. Aunque el arte fluye por las venas de toda la familia Marroquín, fue cuando murió su abuelo materno que se decidió a crear su cuenta de pintora, “él fue quien me regaló mi primera caja de pinturas cuando se enteró de que me gustaba, así que apostar por mi faceta artística fue devolverle todo lo que había hecho por mí”, apunta. Cada vez que se pone frente a un lienzo saca la parte más desconocida de su personalidad, esa que se deja llevar y que se relaja al tiempo que conecta con su pasado, la vida campechana y la familia; ese es su arraigo y su esencia creadora.

María Estrada, revalorizar la artesanía

Poner el foco en el respeto por la artesanía española para darle el lugar que merece, es la obsesión de María Estrada. Un impulso que la ha llevado a montar Casa Maricruz, una marca que se sirve del trabajo de los artesanos de toda la península para dar vida, a través de diseños contemporáneos, a piezas de cerámica, cristal y textiles –vasos, decantadores, cuencos o manteles–. Ella considera que vivir en Los Ángeles durante siete años fue la experiencia que le conectó con sus raíces españolas y que le hizo valorar esa cultura del disfrute tan cañí: “La filosofía de Casa Maricruz es la de la sobremesa, tener tiempo e improvisar; un estilo de vida que está muy relacionado con la forma que tienen los artesanos de trabajar, las cosas están cuando tienen que estar, no antes”. ¿Y dónde reside el aspecto diferenciador de su trabajo? María cree que en acercar a un público joven algo tan antiguo como es la artesanía.

Pablo Rodríguez, sencillez, color y descaro

A pesar de haber trabajado duro durante años, Pablo afirma que el reconocimiento le llegó por sorpresa. “Siempre fui muy creativo y me ha fascinado el arte, pero pensaba que no tenía nada que contar o una habilidad concreta”, recuerda. Sin embargo, hubo un momento de inflexión en el que decidió dejar atrás todas esas dudas para apostar por su pasión y mostrar al resto del mundo su talento, que se materializa en dibujos sencillos con un mensaje profundo: “el dibujo es lo único en lo que he sido constante en mi vida. Enfrentándome al folio de forma honesta he conseguido empatizar con muchas personas y es mi herramienta de comunicación”. Precisamente, compartir su arte sin ningún tipo de filtro es lo que le ha traído grandes recompensas, como alzarse con el premio al Mejor Ilustrador en la feria del dibujo del Museo ABC (Madrid), abrir su propio espacio en Sevilla o publicar el libro Eres mi persona favorita.

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