Resulta inverosímil que justo en el país más tentado a la buena comida, con sus baguettes de queso, crepes de Nutella, croissants de mantequilla y vino, sus habitantes estén tan delgados, pero la razón de que sobre todo ellas no presenten ningún problema a la hora de mantenerse en el peso deseado es más evidente que milagrosa.

Si algo hemos aprendido después de tantos años de dietas y regímenes de toda índole es que no existen los milagros, no al menos en materia de adelgazamiento, así que sólo nos queda pensar que el motivo de que las francesas estén tan delgadas responde más a razones lógicas en la ejecución que de bendición. Esto es, para no enrollarnos más, se toman la vida de otra manera.

Mientras en España y muchos otros países entendemos la gastronomía como una necesidad, los franceses la entienden como una placer, de ahí que se tomen el tiempo que sea necesario para realizar sus cinco comidas, mientras nosotros comemos delante del ordenador, caminando por la calle o en la cama mientras seguimos trabajando.

Y en este aspecto, en las mujeres es donde mejor se ve esta diferencia, ya que son quienes más acostumbradas están a realizar cinco comidas con tiempo y calma: realizan comidas muy constantes pero con poca cantidad, ricas en proteínas y bajas en calorías, carbohidratos y procesados.

En Francia existe la cultura del vino, pero no la de la borrachera, y eso también está relacionado con la moderación que sus gentes siguen en la bebida, no sólo en la comida.

Optan por alimentos naturales, nunca sucedáneos ni artificiales, dando especial protagonismo al yogur natural como fuente de picoteo entre horas, acompasado de importantes horas de gimnasio.

Son algunas de las claves que ha dado el doctor David Benchetrit, director de Clinique du Poids para WebMB.

Podríamos decir que el secreto de la delgadez en Francia se basa en dar pequeños bocados tomados tranquilamente, sin prisas.