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Además de valor y un alto escaso sentido del asco, la Universidad de Adelaida ha dado con las claves necesarias que una persona debe de tener para comerse un bocadillo de hormigas como si estuviera comiéndose uno de panceta ibérica con queso cheddar gratinado.

Si eres de los que por más que lo piensa no se ve comiendo insectos, quizá este estudio y experimento realizado por la Universidad de Adelaida, universidad pública australiana, te interese. Y puede que lo haga, entre otras razones, porque, tras estudiar los gustos y hábitos alimenticios de los participantes en el experimento, Adelaida y su equipo, dirigido por Anna Crump, tienen claro todo lo que el consumidor necesita para conseguir (y consentir) comer insectos en bocadillos, al ajillo, a la plancha y, en definitiva, en cualquier formato.

Para empezar, Anna Crump habla de un requisito indispensable para que el hábito de comer bichos  sea más fácil de practicar; y no es otro que vivir en países extranjeros donde comer insectos está a la orden del día. Hacerlo resulta mucho más fácil si uno se mueve en un entorno propicio a ello.

Ser una persona concienciada con el medio ambiente, y preocupada por su ida al traste de aquí a no muchos años, es otra razón más para consumir insectos y no otros productos que puedan perjudicar al planeta en el que vivimos.

También el hecho de descubrir nuevos sabores, o sabores de siempre escondidos en nuevos alimentos, como el sabor a nuez tostada de los grillos asados.

Tampoco quiere dejar pasar por alto la enorme cantidad de nutrientes, vitaminas y minerales que estos pequeños bichos tienen en su interior.

¿Te apetece ahora un ‘bocata’ de insectos?