Si el agua de por sí ya es sana, ¿cómo de saludables serán otras bebidas que sean bajas en grasas, tengan beneficios hasta en las paredes del vaso en los que vayan servidos, y aporten el color que deseamos para empezar el día con buen pie? Se lo hemos preguntado al olvidado zumo de tomate y esto es lo que nos ha respondido.

No solemos hablar con zumos, no acostumbramos, pero no podíamos dejar pasar la oportunidad de saber por qué cada vez es más frecuente ver a gente en los bares tomar zumos de alimentos que, hasta donde manda la tradición, solemos ingerirlos en platos salados y nunca en bebidas. Y dado que hay una tendencia en alza con los zumos de verduras y hortalizas porque depuran el organismo, hemos querido rescatar al gran olvidado y que tan sano es: el jugo de tomate.

Ahora que llegan las fiestas más comestibles del año (por comer ya podemos comernos hasta el calendario de adviento) qué mejor que ir pensando en opciones depurativas que limpien nuestro organismo a diario de los excesos del desayuno, comida, merienda y cena anterior.

Si echamos mano del zumo de tomate recién exprimido, únicamente aderezado con pimienta molida en su superficie, es debido a su función detox: elimina toxinas, depura el organismo gracias a su poder diurético y laxante, acelera el metabolismo (quemaremos antes la grase acumulada) y nos aporta energía para seguir con el ritmo semanal.

Como buenos comensales que somos, del tomate también nos comemos todo. Y es en su pulpa y en su piel, sobre todo en la piel, donde se encuentran las principales propiedades, por lo que no debemos renunciar a preparar un zumo de tomate con todas sus partes, sin despreciar ninguna.

Y ya que bebemos y comemos, ¿por qué no vamos a mantenernos jóvenes al mismo tiempo? Con el tomate podemos hacerlo ya que es fuente natural de antioxidantes.