Cuando brota una palabra puede que sea malsonante o no. Los sabios las piensan antes de escupirlas. A los necios se les escapan primero y piensan después, o a menudo ni les da por pensar lo dicho. Ésta es la norma, aunque no es siempre así. A Ferran Adrià, sabio y generoso en la escala de Richter con un diez, las palabras le corretean. A Kase.O también. Ferran y Kase.O cortan el bacalao, que es un dicho para explicar el que controla, el que dirige, al que se le escucha.

Las rimas de Kase.O rebosan la vida tal y como la entiende esta revista, el bebercio y el comercio para entender “quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos; si estamos solos en la galaxia o acompañados” (Siniestro Total). Su verso necesita acudir una y otra vez para pillarle el punto, como le pasa a las revistas que nos gustan, que al principio se ojean y se abandonan, te encuentran cuando no esperabas –en la cama, en el baño o en el sofá– y aunque sean del mes pasado descubres algo que te pilla. Tapas es una de esas revistas que si te da por mudarte te la llevas a la nueva casa.

Milton Keynes, año 2003, a casi tres horas de autobus desde Londres si hay festival. 50.000 almas y un servidor. Eminem en escena. Todos los ingleses borrachos mascullan las rimas. Yo no pillo ni una. Al menos no llueve. Se traga las palabras como yo me zampo
el kebab-grasiento-de-festival. ¡Qué ganas de muchedumbre! De empujones, barro y comida de puestecillo. Uno de mis mejores recuerdos es el de los puestos de chorizos a la brasa a la puerta del Pabellón del Real Madrid tras los conciertos. Ya nadie se acuerda –quizá Miguel Trillo sí–, pero el heavy más peligroso era un manso al olorcillo del bocata poslitrona, after-porro, tras levantar el puño durante dos horas. ¡Qué ganas de volver a ver a Kase.O!

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