Los creativos publicitarios tienen muy buenas ideas (faltaría más…), y una muy original y divertida fue la que tuvieron a principios de los 90 en la agencia Bassat Ogilvy & Mather, donde entre brainstormings y unas buenas risas surgió el nombre de San Publicito para hacer referencia al día de San Pablo, elegido como patrón de la publicidad por ser uno de los apóstoles que predicó la palabra de Dios con mayor eficacia (un genio del marketing, vaya).

Y aunque el santoral católico señala en el calendario esta celebración el 25 de enero, el –también sacrosanto– convenio colectivo del sector establece que se ha de celebrar el último viernes de enero y que ese día los publicistas no curran. ¿Será porque son mucho de salir los jueves?

Sea como sea, aquí está nuestro homenaje, que esperemos que vean plácidamente desde el sofá de su casa: una recopilación de anuncios gastronómicos que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida, que forman parte de nuestro imaginario pop y cuyas melodías –en muchos de los casos– seguimos tarareando hoy en día sin darnos cuenta; incluso con la boca llena.

NOCILLA (1982)

«Leche, cacao, avellanas y azúcar». Sin duda ésa fue la primera receta que aprendimos en nuestra vida (y puede que para algunos la única…). Nunca una lista de ingredientes fue tan fácil de memorizar gracias a su pegadizo jingle. Este producto se convirtió en intocable patrimonio de toda una generación de chavales: no había cumpleaños que se preciara sin el correspondiente atracón de sandwiches de Nocilla y, al mismo tiempo, las madres llenaban las alacenas con aquellos envases de cristal que tendrían una segunda vida en forma de vasos. Puro reciclaje. Qué tiempos aquellos…

PEZQUEÑINES, ¡NO GRACIAS! (1983)

En realidad no nos estaban persuadiendo de llevarnos nada a la boca, sino todo lo contrario. Y la cosa funcionó. La sociedad se concienció de que, por muy buenos que estuvieran, zamparse esos minúsculos pescaditos que servían en cualquier freiduría andaluza no era sostenible… Tal fue el éxito de este spot de dibujos animados, promovido por el FROM, que se siguió utilizando sin alterar nada hasta bien entrados los 90 y el término ‘pezqueñines’ se popularizó hasta el punto de ser usado en algunos titulares de la -llamada- prensa seria.

EL PRIMO DE ZUMOSOL (1991)

¿Quién no soñó en su día tener un primo cachas como el de este anuncio para plantar cara a los matones del patio del colegio? Aquel musculoso personaje se convirtió casi en un mito de la época al tiempo que el anuncio cumplía con sus objetivos: denunciar el acoso escolar, fomentar entre los niños el consumo de zumo de frutas (o, al menos, con ‘algo’ de fruta…) y, obviamente, engordar las arcas de la marca. El año pasado, además, volvió de lleno a la actualidad, cuando el actor que interpretó a este ‘superprimo’ declaró que él también había sufrido bullying de pequeño. La realidad supera a la ficción (también a la publicitaria).

FERRERO ROCHER E ISABEL PREYSLER (1999)

En realidad no es que nos guste demasiado este anuncio, pero algo oscuro y retorcido de nuestra psique –que no sabemos muy bien qué es– nos empuja a incluirlo en esta lista. Al fin y al cabo, para bien o para mal (y más bien para mal…) ver a la Preysler, como anfitriona perfecta de aquella fiesta impostada, causó sensación (y cierta vergüenza ajena). Lo cierto es que revisitándolo ahora, el anuncio ha envejecido peor que su protagonista –es lo que tiene que los spots no puedan pasar por quirófano–, aunque hay que reconocerle cierto mérito: los Ferrero Rocher se convirtieron en objeto de deseo y de ‘lujo’ accesible, y muchos nos sentimos como auténticos millonarios cada vez que nos gastábamos 9 eurillos (1.500 pesetas de aquellas) en una caja de bombones para la novia.

COCA-COLA: PARA TODOS (2002)

Son tantos y tan buenos los anuncios que ha hecho Coca-Cola a lo largo de su historia, que es tremendamente complicado decantarse por uno solo. Pero nosotros (y el 36,2% de sus consumidores, según un estudio realizado por la propia marca a raíz del 125 aniversario de la compañía) nos quedamos con aquella genialidad que parió la agencia McCann Erickson Argentina en la que proclamaba a los cuatro vientos que Coca-Cola era para todos: «Para los gordos. Para los flacos. Para los altos. Para los bajos…», y así casi hasta el infinito y más allá. Pura democracia publicitaria. Sólo les falto añadir: «Para los que beben Pepsi».

LA ABUELA DE LITORAL (2007)

Entró en nuestros hogares –a través de la televisión en 2007– y se quedó para siempre en nuestros corazones. Cursilerías aparte, aquella abuela asturiana –que en realidad era catalana y se llamaba Antonia Cruells– se convirtió en alguien muy familiar que nos hacía disfrutar de lo lindo cuando timaba a los turistas –urbanitas como nosotros– con esa fabada enlatada que hacía pasar por auténtica y tradicional. Era una gran tipa, qué duda cabe; aunque puede que también una mala influencia para muchos: porque, ¿te has preguntado alguna vez cuántos cocineros hacen exactamente lo mismo en sus restaurantes? No tienes más que ver el programa de Alberto Chicote, Pesadilla en la cocina, para comprobarlo…

LIMÓN & NADA: UN PALOOOOO (2013)

Ya en plena vorágine de las redes sociales, aquel maravilloso spot de la agencia Del Campo Saatchi & Saatchi en el que un niño flipaba cuando le regalaban un palo se convirtió en uno de los grandes virales del año y los memes inundaron nuestras pantallas. La verdad es que no sabemos qué tal le fue a la marca de bebidas anunciada (que reivindicaba a través de esta campaña el valor de lo sencillo y de lo natural), si se dispararon o no sus ventas, pero a muchos nos hizo abrir los ojos ante las verdaderas oportunidades –humorísticas– que nos podía brindar internet.