Acaba de abrir en Madrid, en la zona de El Plantío-Aravaca, un restaurante llamado a convertirse en uno de los referentes parrilleros de la ciudad. Se llama Las Margaritas, toda una declaración de intenciones porque se trata de la flor más sencilla y así es como precisamente quieren que sean su oferta y su ambiente. Ocupa un amplio espacio rodeado de jardines –antaño ocupado por el asturiano Casa Carús– que ha sido totalmente reformado y que se ha vuelto muy versátil: acoge desde un aperitivo de domingo hasta una cena de pareja.

La carta abre con unas raciones tradicionales, como la recomendada ensaladilla rota, los mejillones al vapor o las bravas de la casa, todo con un toque personal del joven chef, Javier Montes; pero el leitmotiv son las brasas, por las que desfilan rodaballos, meros, rayas, lubinas, etcétera (según lo mejor que tengan las lonjas cántabras ese día), bien enteros, bien racionados en brochetas –una oportunidad de probar estos soberbios ejemplares sin que la cuenta se dispare–. Además de pescados, hay carnes: distintos cortes de cerdo 100% ibérico, vaca vieja y Angus.

La enorme parrilla en la que se hacen, de 600 kg (ahí queda eso…) de peso, ha sido fabricada de forma artesanal en Guipúzcoa, en una herrería que surte a los mejores asadores vascos. Se encuentra instalada junto al porche trasero, un espacio arbolado en el que aún se pueden disfrutar los últimos días de buen tiempo; después, estará acondicionado también para el frío.

Al frente de la sala y de la selección de bodega se encuentra Bosco Blanco (En Copa de Balón). La carta de vinos cuenta con más de 100 referencias, incluidos el blanco verdejo Estampida (D.O. Rueda) y el tinto Astuto (D.O. Rioja), marcas propias.

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